De cuna humilde, de abuelos campesinos y padres obreros, Néstor Camarillo Medina, un joven de 36 años de edad se ha convertido no sólo en candidato al Senado de la República por la alianza «Fuerza y Corazón por México» sino en uno de los políticos poblanos más cuestionados.
¿Por qué? La naturaleza de su origen, no sólo indígena sino alejado de las cúpulas capitalinas le han sumado enemigos, mientras que la opinión pública que antes gritaba con fuerza que era necesario un relevo generacional, hoy, no acepta la modificación del status quo, por suerte, la negación proviene de un pequeño sector que no acepta el cambio.
Ver a una promesa de la política escalar a una de las posiciones más codiciadas por propios y extraños, la presidencia del PRI en el estado de Puebla, provocó la ira de quienes se sentían merecedores, mientras que en la víspera del proceso electoral, los diputados locales, que ganaron por los votos que obtuvo el Revolucionario Institucional, se alejaron de la bancada.
Hizo bien el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI en expulsar a los legisladores que tuvieron de ese instituto político un currículum envidiable, pero que poco o nunca trabajaron para fortalecerlo, creyeron que su nombre era suficiente, sin embargo, hoy el PRI vive otras circunstancias. Se olvidaron de que no tenían al gobierno haciendo su trabajo, que eran oposición y como tal, debían trabajar en tierra, con la gente.
En esta situación complicada, Camarillo Medina se abrió paso, visitó más de 150 municipios, en muchos de ellos, nunca había llegado una dirigencia, entabló contacto con la militancia priista que se sentía abandonada desde hace años, porque la presidencia de ese partido había servido en la última década solamente para ser un membrete, para satisfacer el ego de algunos a quienes les gusta exponer su imagen en templetes y sentirse que merecen honor.
El trabajo realizado por el joven priista, no sólo se concentró en el partido sino en la creación de normativas como diputado que benefician principalmente a las mujeres, como la Ley Ácida y lograr los consensos necesarios para crear una nueva Ley de Desarrollo Económico que beneficiará a todos los poblanos por igual.
La candidatura al Senado fue la manzana de la discordia y recayó en la persona que más la merecía; sin embargo, las expresiones en contra de este político, uno de los pocos que proviene de la cultura del esfuerzo, demuestran que aún existe un sector de la sociedad que no acepta el éxito de quienes trabajan por construirlo.









