“Corrían los días” del apogeo neoli y los sesudos tenócratas, encargados de renombrar toda la política social, decidieron llamar “piso social básico” a aquello con que “dotarían” a las clases menesterosas divididas a su vez en distintos niveles que iban de la “legítima” pobreza a la abyecta miseria. El nombre no era una cosa aprendida allende la Cortina del Nopal, sino que emanaba de la “realidad” Mexican’t. Más de uno entre ellos había trocado su viaje de graduación (no olvidar que el bachillerato es el primer grado, así por mecos y siguiendo al Gabino Barreda se le llamó [Escuela Nacional] Preparatoria), yéndose de mochilero a Europa, la India, o Sudamérica por conocer el mal llamado “Mexiko projundo”. Sepa qué les caló, pero lo cierto es que se clavaron en el material y calidad de los pisos de las viviendas. Esas van de las de tierra sin aplanado en que vive la gente fuera de serie e irrecuperable si no se le institucionaliza, al aplanado de tierra (de insuficiencia patrimonial, alimentaria y de oportunidades) al piso de cemento simple (áspero), al de cemento pulido (de legítimos). Ahí el corte básico. Ya los pisos con recubrimientos dan para la ilusión y aspiración clasemediera, peleando nomás si son de oferta y diferentes cuarto a cuarto (por ser saldos o de mercado negro), si ya aplican las nacionales consistentemente, o son importados de Italia, España, Turquía, o malamente del Brasil. Más allá de eso viene la pena ajena de los que no distinguen las diferencias entre laminado de madera, tablón-duela y parquet.
Todo este debraye viene a cuento porque me parece claro que sepamos siempre sobre qué piso estamos parados. No en nuestra vivienda, eso qué. No es cosa a elegir como sería un avatar o a qué causa nos unimos en las redes. “Se es lo que se es”. Sí respecto a las instituciones, partidos y delirios en que perdemos juventud y muchos la cordura. De la misma manera que se alerta “sabed siempre de que lado estáis que la separación entre joven promesa y fracaso definitivo es del grosor de un hilo de araña”, también, tengamos claro sobre qué piso estamos ante la prohibición que tratemos de mejorarlo. Como con las calañas, no se puede decir la de nadie sin revelar la propia, igual, no la anden champando, máxime sabiendo que sólo se es permitido empeorar.









