Marco Alejandro Ramírez Medina
Quién sabe cuántas veces Fidel Castro haya aceptado cambiar la fecha y hora de uno de sus discursos para asistir a un concierto de rock. Pero así ocurrió. El ex líder cubano no sólo postergó su discurso, sino que además cedió el emblemático teatro Karl Marx en La Habana para que un increíble músico, con orquesta incluida, realizara un recital en el que todos los asistentes terminaron de pie, prorrumpieran en aplausos, gritos y ovaciones a las que se unieron el Ministerio de Cultura y por supuesto, el mandatario de la isla.
A este músico le apodaban “El Mago de los teclados” y cuentan que cuando Salvador Dalí lo vio ejecutar magistralmente el piano en un concierto en París, el pintor no dudó en subir al escenario y comportarse de una manera digamos, “surrealista”, motivo por el cual fue echado a empujones por nuestro héroe con capa, porque este pianista siempre usaba coloridas capas con lentejuelas, semejantes a las del Santo. Y fue, sin proponérselo, pionero para los vestuarios del futuro Glam Rock de los 80s.
Antes de revelar su identidad te contaré una anécdota más; sobre cómo lograron convencer a las autoridades eclesiásticas de una de las catedrales más grandes y antiguas de la Gran Bretaña, la Lincoln Cathedral, para que este prodigioso artista pudiera tocar el famoso órgano de tubos de la monumental construcción gótica. Para que te des una idea de lo antigua que es, fue construida por orden de Guillermo el Conquistador en el año 1072. Naturalmente, el obispo encargado se negó rotundamente a ceder un permiso semejante, pues a lo largo de la historia grandes compositores habían sido rechazados para tocar el órgano monumental. Pero cuando escuchó el nombre del misterioso artista, el obispo exclamó: “Si es Rick Wakeman, puede tocar lo que quiera”. Y el concierto se llevó a cabo, con el obispo entre el público.
Pero contemos un poco de la historia de este asombroso pianista. Rick Wakeman tocaba el piano desde los cinco años, pero se inició en las grandes ligas de la música, una tarde en la que David Bowie le invitó a integrarse a su equipo de músicos, los Spiders from mars, luego de haberlo visto con su banda The Strawbs. Aquella misma tarde, la banda de rock progresivo, YES también lo invitaría a unirse con ellos. Debió ser un dilema porque ambos subieron sus propuestas monetarias, pero al final Rick se declinó por Yes, no por la oferta económica, que era menor, sino por la libertad creativa, pues sabía que con el genio de Bowie estaría limitado a experimentar. No obstante, dejó grabados los teclados para Space Oddity y Changes, que inmortalizarían a Bowie.
Y la magia comenzó. Con YES grabó álbumes impresionantes, como Fragil, Closet to the Edge y Relayer, que te recomiendo ampliamente. Esta trilogía musical es equivalente a un viaje a otros mundos, superior a cualquier inteligencia artificial. Que, por cierto, si eres amante del arte conceptual te invito a que eches un vistazo a las portadas de esta banda, casi todas son obra del artista Roger Dean.
Finalmente grabaron Tales from topographic oceans, álbum con el que Wakeman, no se sentiría a gusto y abandonaría la banda por una larga temporada pues con los integrantes extremadamente virtuosos de Yes, parecía más una competencia sobre quién realizaba la proeza musical más compleja con sus respectivos instrumentos en cada canción. Basta decir que cada miembro de la banda merece un artículo independiente. Pero de este modo, Yes se consagró como uno de los máximos exponentes del rock progresivo junto con ELP, King Crimson, Genesis y Pink Floyd.
Amante de la Literatura, Wakeman, inició simultáneamente una carrera en solitario inspirado en algunas obras literarias como Las seis esposas de Enrique VIII y posteriormente el álbum de rock sinfónico más vendido de la historia, titulado Viaje al centro de la tierra, inspirado como ya te imaginarás en la obra del escritor francés Julio Verne. También musicalizó Los Mitos y Leyendas del Rey Arturo, El Señor de los anillos, entre otras muchísimas obras que resulta casi imposible mencionar todos los álbumes que ha producido, que, según mis propias investigaciones, ni siquiera Spotify tiene toda su música.
Con las extenuantes giras, Rick cayó en el profundo pozo de las adicciones y el mago estuvo a punto de desaparecer para siempre. El diagnóstico clínico fue doble neumonía crónica con pleuritis y 48 horas de vida pues sus órganos se bloquearon tras la ingesta excesiva de alcohol durante una década, pero contra todo pronóstico, volvió a la vida, su amor por la música y una voluntad férrea lo volvió a sacar a flote.
Mucha de la música que realizó a partir de entonces fue sacra (de ahí el uso de catedrales, órganos y coros religiosos) y seguramente debió ayudarle, porque produjo material realmente hermoso junto a Cat Stevens y una interminable cantidad de músicos entre los cuales destaca Elton John, Lou Reed, John Williams, (así es, es el compositor de la música de Star Wars y decenas de películas de Hollywood). También colaboró con otros genios como Ozzy Osbourne y Bryan May, el guitarrista pachón de Queen, quien, en sus propias palabras, ha expresado que Rick Wakeman es el mejor teclista del rock de todos los tiempos.
Han pasado cincuenta años desde que este infatigable pianista comenzó a dar conciertos, ha sufrido infartos durante sus giras, los doctores le han augurado meses determinados de vida, pero, aun así, a sus casi 75 años, Wakeman sigue maravillando a sus seguidores por todo el mundo; ya sean dirigentes socialistas, líderes religiosos, artistas surrealistas o gente común como tú y yo. Pero todo llega a su fin y ni siquiera Rick Wakeman es capaz de seguir editando más álbumes. Sabedor de su condición y aferrado a su piano ha iniciado la gira The Final Solo Tour por todo el mundo, como un boxeador que se resiste al toque final de la campana.
Esta semana se presentará en la Ciudad de México, la cual ha considerado para que podamos escuchar la última nota del Mago de los Teclados, pero no sin antes demostrar su extraordinario talento y su ejemplo de vitalidad y recordar que pase lo que pase, siempre se puede seguir adelante contra todo pronóstico. La vida es sumamente adversa, pero debes reponerte. Como bien reza la lejana canción de Yes, A time and a word: Para todo hay un tiempo y este debe ser tu momento. Y ese momento es ahora. Y hay una palabra y esa palabra es Amor…

L.C.C. Marco Alejandro Ramírez Medina
Maestría en Pedagogía por la Upaep
Ganador del concurso nacional de cuento histórico por la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos
Catedrático de Comunicación en la Escuela Militar de Sargentos
Profesor nivel Bachillerato
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