Lo que sucedió el domingo por la tarde, fue un intercambio de posturas con muchos ataques, pero también con muchas propuestas. Muchos ataques disfrazados de preguntas entre los tres quedaron sin respuestas, pero no me parece que haya sido un debate.
Alejandro Armenta estuvo muy sonriente cuando debería y serio en momentos que se requería; a Eduardo Rivera, a quien le faltó ponerse la corbata de color azul o ya de perdida una de color azul combinada con rojo, estuvo demasiado serio, a veces con enojo; Fernando Morales estuvo, sobre todo al principio, muy histriónico.
Creo que Alejandro Armenta ganó, aunque con poca diferencia sobre Eduardo Rivera, porque tuvo mucho más control de sí mismo, hizo bastantes propuestas y se mostró más carismático que Fernando Morales y que el propio Eduardo Rivera.
Yo no le llamaría debate; de acuerdo a la Real Academia Española, un debate es una contienda, lucha, combate; lo que hubo fue una plática con constantes ataques, alusiones personales dirían en cualquier Congreso. Lo anterior es por las reglas acartonadas que ponen los candidatos y las instituciones electorales.
A Eduardo Rivera le faltó inteligencia para responder esa mención de ser el candidato del PRI, porque finalmente Alejandro y Fernando han sido priistas. Armenta, como primer lugar en las encuestas administró muy bien su posición, hizo bien por ahora en no responder las cuestiones de Mario Marín que se le achacan, pero tendrá que hacerlo ya que la respuesta es muy simple, porque ha laborado con diferentes gobernadores.
En síntesis, Armenta bien; Rivera bien a secas, pero le faltó carisma y no debe enojarse; Morales estuvo en su papel de critico de los punteros en las encuestas y quedando bien con el ganador. Lo peor de todo, es que quizá no haya habido mucha audiencia y es malo para nuestra democracia.
Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









