Dentro de los despropósitos del fin de las campañas, el desplegado de “intelectuales” en apoyo a la candidata Xóchitl Gálvez es quizás lo más irrisorio. En una campaña marcada por el desinterés y repelús, no podía faltar el papel de pantomima y juego de “ahí viene el lobo”, tantas veces ensayado por la misma caterva (ya) senil de “abajo firmantes”. Si bien la discusión sobre intelectuales, marcada por Antonio Gramsci para entender la hegemonía, identificando, acotando, analizando y ponderando quiénes son, cómo se forman, por cuáles vías se expresan y articulan, entendiendo qué funciones ejercen en la sociedad civil y el estado, es de la mayor seriedad, en México, las pandillas de rémoras presupuestales la han banalizado al ridículo. Esto, por lo reiterado de sus pantomimas frente a su insignificancia política y sobre todo ausencia de obras relevantes.
Lo primero que resalta en el listado de los abajo firmantes es la osificación de los mismos grupos. Disfrazados, siempre ya, con los ropajes y teatro de la guerra civil española (1936-9), dado que es el modelo con el que crecieron en aulas y paellas de fin de semana, su institucionalización y carácter se daría en un puñado de instituciones en el sur de la Ciudad de México respecto al 68 (en tanto revolución cultural en occidente universitario y su muy pedestre interpretación local). Así las revistas Plural y Vuelta de Octavio Paz reducida posteriormente a Letras Libres por un lado y Nexos originalmente planteada por Enrique Florescano, serían las formas específicas de incidir y guiar el debate político intelectual más allá de los afanes literarios y científicos de quiénes se ostentan como intelectuales públicos. Siguiendo el modelo tradicional de Croce para la Italia de la primera parte del siglo XX, como el gran sabio con reconocimiento internacional dictando qué es y no “Kosher”, Paz ejercería su papel en la masificación de la matricula universitaria. Como tal dividiría a aquellos con acceso a publicar en pacianos y no del todo, con la divertida marginalidad de los anti-pacianos, inmortalizada como “realvisceralismo” por Bolaño. En todo caso, desde el mal llamado “Encuentro Vuelta” organizado por Paz en 1990, si algo destaca es su oportunismo.
¿Qué mejor manera de estar de queda bien que lamentar la larga noche del comunismo en Europa del centro y este? Ciertamente hacerlo en 1986 (con el mundial del futbol o cualquier otra fecha pre-1989) tendría sentido, pero para entonces era el simple coro doblado al español. El descaro de esa minoría parasitaria intelectualmente se daría en 1994 cuando se declaran Grupo San Ángel, alegando que habría un choque de trenes en la elección presidencial (otra vez, “el PRI o el fascismo” de Fuentes con Echeverría). Desde entonces a la fecha han jugado a escenificar el poema de León Felipe “Pero ¿por qué habla tan alto el español” de sus tertulias dominicales. Las ironías son múltiples, involuntarias y podrían reducirse a la muy barata expresión arrabalera de “el que o chilla no mama”. Que a la final de eso se trata, de mamar, ordeñar, y dar de topes. Todo respecto a presupuestos de cultura.
Si bien podría pensarse que desde 1994 ya estaban claras las tendencias y que ninguna de las revistas era sino otra copia degradada en la era Xerox (Letrinas respecto a The Atlantic Monthly mientras que Neteos no podría jamás emular al New York Review of Books y cuantimenos a Harper’s, sino que se decantaría por la consultoría operando como boletín de pandilla. Ahora bien, son las editoriales y conglomerados de medios Clío y Cal y Arena las que merecen atención. No que los grupos de amanuenses tenía poco de intelectuales y mucho de empresarios parasitarios, sí que desde ellas son rastreables lo que un análisis de contenido en sus artículos sería esquizofrénico. No es que sean los vulgares chayoteros y alcahuetes como los denostó el presidente López Obrador la semana que termina, sí el chapulineo que los hace caricatura de los políticos. Ahí la ridiculez de reiterar la “tropicalización” del mismo poema con nuevas chaquetas de partidos.
Ahora bien, el problema en sí no es su liberalismo de micro-ondas, ni en la trayectoria de sus líderes de grupo, tampoco la sumisión presupuestal al poder, sí que sean los mismos, parodiándose. No es posible saber si tienen público o a alguien le importan, sí que eso que suponían tener—prestigio moral e intelectual—es otro recurso tan barato y comprable como las encuestas e inserciones pagadas.









