La semana que termina se vivió como una malcruda. La noche del domingo dos de junio nos fuimos a dormir con la sorpresa que el “Plan C” de morena: (ganar por paliza) se cumplió. Salvo los reveses en Jalisco y Guanajuato que se mantienen con MC y el PAN respectivamente, así como algunas ciudades intermedias y capitales estatales, pero el triunfo de Morena y su coalición fue apabullante. Sea cual sea la medida, respecto al 2018 o cualquier elección desde 1982, pero para la camada de votantes primerizos, es la expresión concreta del carro completo. Importa de manera determinante que morena es una agrupación menos político-ideológica y más político-electoral, también que han institucionalizado todas las prácticas tramposas y gandallas del PRI, añadiendo las propias, pero sobre todo que no tuvieron oposición. Puede decirse que entre los que nos abstuvimos de participar en la farsa y los que votaron en contra no son esa mayoría que se verá en los congresos y ejecutivos, pero eso es irrelevante. Con todas sus taras, son la mayoría política organizada. Además de consolidarse y ahora sí poder hacer y deshacer a su antojo, la elección demostró que no tendrán contrapesos ni oposición viable.
Las calumnias de opinión de la semana se dividieron en dos. Una rumiando el lugar común de la “histórica” victoria de una mujer, otros lamentándose por el fin de un periodo muy corto (entre 25 y 30 años) de la “transición” democrática. En el primer caso hay poco que decir. Siempre que hay algo “nuevo” que mercar, es la novedad y no su calidad lo que se pondera. Para el segundo está el cinismo de considerar como una democracia a lo que fue la organización del juego electoral. Se contó con un instituto con aspiraciones meta-ciudadanas, al tiempo que la vida política se degradaba por el contubernio con el crimen. Además de los rasgos estructurales de desigualdad, inequidad e injusticia, por la concentración de propiedad y oportunidades, una guerra civil sin bandos declarados ha sido el gemelo monstruoso de esa transición. Querer ver sólo la vida civilizada dentro de suburbios y fraccionamientos amurallados es parte del cretinismo imperante.
No se trata sólo de qué la calidad democrática es baja, en sí la vida cotidiana es precaria y la población sabe con sobrada crudeza cuáles son sus posibilidades. De ahí que la campaña que un voto por una candidata tan mala como Xóchitl Gálvez era a favor de la “democracia” (contra el autoritarismo), “sociedad civil» (y no partidos), y futuro (contra la retrogresión al PRI de morena), y no por sus más que elocuentes limitaciones, sea motivo de burla. Lo fue en su momento con la “marea rosa” y lo es ahora cuando evidencia que el sistema de partidos de la transición está liquidado. Queda el PAN para rehacerse como el partido del gormondiaje en el Bajío y centro del país, surgen los partidos del esquirolaje (Verde y MC) como verdaderas fuerzas con quiénes negociar, mientras que el PRI se ha desmoronado. Con el PRD a punto de perder su registro y el folclórico montaje del PT, izquierdas y derechas se van a definir desde y contra morena.
Difícilmente todos los que participaron en la campaña de morena, apoyaron, contribuyeron, y se prestaron encuentren recompensa en gabinetes o en listas de proveedores. Tampoco es dable suponer que compartan mucho más allá de la compulsión por hacerse del poder, presupuestos y privilegios. Mantenerlos con la disciplina partidaria que logró el PRI en su ejercicio “contrarrevolucionario” no es algo en lo que se pueda confiar. Si bien hartos militantes del PRD se fueron a morena, no han tenido que negociar entre ellos. Eso por la centralidad de la figura presidencial al tiempo que el convencimiento de arrasar echando mano de todas las malas mañas. Los ahorros y reservas del periodo neoliberal se malgastaron y repartieron ya entre la estructura clientelar de los programas sociales y los proyectos desmesurados del Tren Maya y la refinería de Dos Bocas. De la fricción interna al tiempo de conformar gabinetes y equipos se renovará la clase política en los partidos rémoras (MC, Verde, y PT) a los que hay que sumar al PRI. Menos importante que el contenido programático y sus contrastes con morena serán las fracturas las que se ensanchen. Esperemos no se les caiga demasiado pronto ese segundo piso.









