Ocurrió, aquellos que pueden esconderse bajo el manto de la “juventud”, vieron un “carro completo”. No sólo al que aluden los farsantes de “la transición” lamentándose no se les reconozcan sus aportes democráticos, antes bien el del “México (ir)revolucionario” (mezclando irrelevancia con el término “unrevolutionary” empleado por el historiador Paul Gillingham). Para ubicarnos bastan dos mojoneras. Una en la elección de 1964, en que Díaz Ordaz gana con el 88.8% del voto y 70% de participación, propuesto por la coalición del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) y Partido Popular Socialista (PPS). Otra, la de 1976 en que José López Portillo es postulado por la misma coalición, pero a diferencia de la previa, no tiene adversario del PAN y logra el 100% de los votos con un 68% de participación electoral. El joven López Obrador es militante del PRI en una y otra. Habiendo cuajado su formación política, asegún sus memorias, en el sexenio de López Mateos, previo a la elección de Díaz Ordaz, ya es un operador profesional para la segunda (manteniéndose otra más en el PRI). Sus constantes afanes de regresar no al país, cosa que sería imposible, sí el simulacro de las elecciones es su irrisoria “(ir)revolución de las consciencias”.
Es dable que Sheinbaum quiera superarlo con sus reformas, menos que el PAN se vuelva a abstener en 2030 de mandar una candidatura testimonial como en el 76, optando por otra botarga, como hizo en la actual. Eso es especulación, lo que sí podemos ahora compartir es que nos tocó ver otro arrase con “casillas zapato”, “ratón loco”, mapachería en versión siervos de la nación y, la proverbial violencia política “tradicional” (hartos muertos por todos lados con más de treinta en candidaturas a puestos de elección popular, además de auxiliares, seguidores, y daños colaterales indeterminados), amén de la “de género” (no todes podemos ser primas donas, por más que eso sea tránsfobo) como “novedad”.
Quizás por ello, tanto preclaro pandit y analista se llama defraudado, desfundado y desolado. Los hay de ambos géneros y bandos, pero en sí su patética monserga es que los jóvenes, las mujeres y suponemos que también “las minorías”, les han dejado colgados (de la lámpara) y expuestos (con sus calzones tostoneados) como la doña “de la pensión”. Ni mujeres, ni jóvenes, ni minorías, menos los que se saben libres votaron como se les dijo y por ende agoreros de toda laya lamentan que tenemos una “regresión autoritaria”. Huelga decir, que eso es un exceso y sinsentido. Lo que se tuvo fue el avasallamiento electoral y el voto mayoritario por morena tiene más de una causa. La principal, empero es que no había oposición creíble. El papel de la patética coalición de partidos de “la transición” (PAN-PRI-PRD) se redujo a un referéndum sobre AMLO, buscando su repudio. Sabedores no tienen nada que ofrecer más allá del “Pacto por México” encamados con Peña Nieto en 2012, no pudieron hacer nada con el arsenal de acción católica, democracia cristiana, o sinarquismo del PAN, los remedos de socialdemocracia pedorrista (sic[k]), y la reserva de malas mañas del PRI. AMLO juntó todas en un bodrio y no pudieron ofrecer nada fuera de la botarga. Si bien Salinas le precedió con la entrega directa de recursos (en el “pronachol”), eliminando la mediación de gobiernos y agencias descentralizadas, AMLO logró “remasterizar” ese lazo entre “el presi” y “el pueblo” sustituyendo “justicia social” por favores que perversamente reclama (“amor con amor se paga” cuando sea acaso “pasteleo” presupuestal).
Sheinbaum logró un 59% de los votos con un 61% de participación ciudadana. A diez puntos quedó esta de esos gloriosos días del PRI en coalición ranchera de generales roba-vacas y asesinos en el PARM con liderzuelos sindicales corruptos y asesinos del PPS. Sin embargo, no había nada parecido desde la elección de De la Madrid en 1982 con 70% del voto y 74% de participación. Y ese es el aprendizaje. No que el país haya dejado de ser “plural”, “democrático”, “libertario” o sandeces equivalentes. Ni el Hocicón Díaz Ordaz, ni el JoLoPo, ni el “pocos huevos” (por ser de Paloma) De la Madrid, tenían nada por sí mismos para una popularidad avasallante. Eran apparatchiks, como lo es Sheinbaum, con estructura y partido concentrado en el agandalle. La violencia política no es nueva en México, fuera de que ahora morbosamente nos entretenemos con ella, mientras en el periodo del fin de las matanzas cristeras al alzamiento zapatista se escondían por el ejército, la prensa y el racismo que las veía como “costumbrismo”. Diputados y senadores iban empistolados al congreso y si se prohíbe ir armado a votar es justamente por lo alegres que suelen ser los operadores políticos con el gatillo e impunidad. Otra patente de corso que regresó con subametralladoras en vez de revólveres, cricosos en vez de gatilleros.
Lo más importante empero, al contemplar porcentajes es que entre quiénes no participamos en la farsa electoral, los que votaron por la coalición opositora (no sólo por la botarga), el esquirol, y quiénes anularon su voto, es que esa pluralidad que se dice perdida, existe. Desorganizada, desmovilizada, escéptica, apática, cínica, asqueada, y sin representación política, permitió que el desfile de trapacerías se actualizase. Igualmente, no es menor la cantidad de ciudadanos convencidos de la oferta de morena y aliados, mismos que tomaron en serio el referéndum sobre AMLO y lo apoyaron. Ahora bien, lo qué haya que aprender de este déjà vu se irá evidenciando inexorablemente. AMLO sabe que morena no es el PRI en términos de disciplina interna y tratará de dejar todo “atado y bien atado” como “el caudillo” al que dicen odiar, pero suelen parodiar. Tiene aún un trimestre para hacer y deshacer buscando impunidad y protección. Depende menos de lo bien del amarre y más de la masa del tamal, saber cuándo se va a deshojar y batir. Esa pluralidad no está perdida, simplemente se irá manifestando contra morena y su coalición, así como contra el PAN (PRI y PRD quedando reducidos a parodias del PARM y PPS). Lógicamente, no hay garantía que si se organiza—en “marea rosa” o como se le ocurra—no sea tan corrupta, venal, oportunista, ratera, y puñetera como todas las precedentes y ahí están el Verde y MC como opciones crecientes. Otros colores (morado camote, rosa chocotorro, marrón excrementicio, etc) y nombres surgirán, pero la masa está hecha con los mismos mexicanos del siglo XX y XIX. Haber olvidado que no se agringa como las (qu)élites “marrying-up” sino que nomás se “apochan” sin dejar de “sacar el cobre” cuando es menester, es soberbia de los pandits. Por ello deben seguir siendo ridiculizados. Los votantes qué, suyo es el derecho a embarrarla una y otra vez. Hasta el hartazgo.









