Por Norma Angélica Sandoval Sánchez
Las sociedades necesitan regir mediante normas su forma de convivencia; es así que en una sociedad democrática esas reglas surgen de las demandas de la ciudadanía, mismas que son trasladadas a los representantes y éstos a su vez las llevan al Congreso para devolverlas a la sociedad en forma de leyes o políticas públicas. En otras palabras, elegimos mediante voto popular a quienes van a regular nuestra convivencia.
Así, es como surge el sistema electoral entendido como un conjunto de reglas que tienen por objeto regular las distintas etapas de los procesos de votación por medio de los cuales la voluntad de los ciudadanos se transforma en órganos de gobierno de representación política. Mediante el sistema electoral se definen funciones básicas, -por ejemplo-, quiénes pueden votar, o quiénes ser votados.
En México hemos sido capaces de construir una nación democrática; hemos dejado atrás el país de un solo partido, ya que antes de los años noventa era el gobierno el que se encargaba de organizar las elecciones, a través de la Secretaría de Gobernación; esto es, no existía un organismo autónomo que garantizara el respeto del voto de la ciudadanía; es así como el Congreso creó el entonces Instituto Federal Electoral, una institución imparcial, autónoma, que dotaría de certeza, transparencia y legalidad a las elecciones; es decir, se creó un árbitro imparcial.
Lo anterior, porque en la década de los años noventa, la estructura del Estado mexicano dio un giro, ya que fue el inicio de la creación de órganos autónomos con rango constitucional; tal es el caso del Instituto Federal Electoral (hoy Instituto Nacional Electoral, INE), el que se incorporó a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el año 1996.
Así nace el Instituto Nacional Electoral (INE), como la máxima autoridad encargada de organizar los procesos electorales en México, tales como las elecciones federales para Presidencia, senadurías y diputaciones; de igual manera, coadyuva con los organismos de cada estado para que sea posible la realización de los comicios locales; es decir, además de organizar los procesos electorales federales, el INE se coordina con los organismos electorales locales para la organización de los comicios en las entidades federativas.
La contribución del Instituto Nacional Electoral a la democracia ha sido fundamental, ya que ha fortalecido nuestra nación, cada día más personas intervienen activamente en la elección de sus gobernantes, se le ha dado más participación a los grupos minoritaros, y se ha garantizado a todas y todos su derecho a participar en las elecciones.
La democracia en nuestro país se ha ido consolidando cada día más, gracias al Instituto y al esfuerzo y trabajo de millones de mexicanas y mexicanos; en la actualidad, contamos con normas e instituciones electorales capaces de garantizar la imparcialidad, equidad y transparencia en los procesos electorales.
Magistrada Presidenta de la Asociación de Tribunales Electorales
de la República Mexicana -ATERM AC- e integrante
del Pleno del Tribunal Electoral del Estado de Puebla









