Donald Trump tiene una capacidad sobrenatural para ubicarse en el centro de la controversia, de la discusión, de acaparar reflectores, creo que no hay duda de ello. Pero no termina de quedarme claro si necesariamente logra capitalizar esta habilidad a la hora de aprovechar esta posición y transmitir mensajes claros. Aparte de 3 o 4 ideas muy básicas y poderosas como la construcción del muro fronterizo, la culpabilidad de la inmigración en todos los problemas o sus “talentos” personales. Como que no logra comunicar mucho más. No sé si intencionalmente manda estos mensajes confusos, ambiguos, contradictorios cuando aborda otros temas o, simplemente, su opinión respecto a ellos depende de su estado de ánimo.
Esto sucede con el T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá o USMCA), un día lo critica y amenaza con abandonarlo y al día siguiente nos recuerda que él fue el héroe que canceló el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte o NAFTA) y construyó el T-MEC con base en extraordinarias negociaciones que él mismo dirigió, para regresar días después a la primera declaración y desdecirse después.
Este es un tema que al sector empresarial le tiene siempre atento. Evidentemente, las implicaciones que tendría sobre este sector, sobre la economía nacional y la sociedad son enormes y, de acuerdo con lo que platicábamos la semana pasada, vale la pena analizar los posibles escenarios.
Indudablemente, debemos considerar un escenario catastrófico, nada remoto, que prevé la cancelación unilateral del tratado por parte del Sr. Trump, en el posible escenario de que fuera electo presidente de los Estados Unidos, y aunque existen sanciones prestablecidas, el impacto de este lado de la frontera sería un gancho al hígado que podría hacernos poner una rodilla en tierra. ¿Nos levantaríamos? Seguro que sí, pero tocados y con una dura pelea por delante.
Pero hay otro escenario que también debemos considerar, uno en el que quizás México no tiene una posición tan endeble como se cree en esta hipotética cancelación o en la ya pactada revisión del 2026. En el sector empresarial hemos dedicado sesiones, discusiones, entrevistas, etc., para tratar de aclarar esta opción y creo que hemos llegado a una serie de conclusiones interesantes.
Hace unos días leí un hilo en X de Manuel Diaz (@diaz_manuel , empresario, comercio exterior, analista político) en el que hacía un breve análisis que concentra muchas de estas conclusiones y propone otras con gran precisión, sin duda interesantes y oportunas que deben reflexionarse. Así que, me permito compartir con ustedes algunas de estas ideas.
La premisa parte del temor más grande que nos asecha ¿Qué pasa si Estados Unidos abandona el T-MEC e impone aranceles comerciales a México?
Bueno, las empresas exportadoras en México son en su mayoría extranjeras, casi todas de los Estados Unidos. Técnicamente, el negocio principal está en la comercialización, marcas, patentes y servicios, no en la manufactura, por lo que al manufacturar en México, los mejores empleos se crean en sus países de origen, en este caso Estados Unidos.
Cuando Trump amenaza con imponer aranceles a productos manufacturados en México, además de ser una cuestión política, puede causar inflación y perjudicar a las empresas estadounidenses en México, elevando sus costos en Estados Unidos y reduciendo su competitividad frente a productos de otros países.
Además, si Estados Unidos impone aranceles, están limitados al 2.5% bajo nuestro estatus de nación más favorecida de la OMC. Por lo que tendría un impacto mínimo comparado con la diferencia entre el precio importado y el comercializado. A final de cuentas, son sus productos, hechos en México.
¿Y si de plano se cancela el T-MEC? En primer lugar, Estados Unidos perdería regulaciones que los protegen y que ellos mismos negociaron, con lo que podrían ser vulnerables a prácticas que no los favorecen, como la inclusión de partes chinas en productos mexicanos. Además, con el programa IMMEX (Industria Manufacturera Maquiladora y de Servicios de Exportación), México puede seguir importando temporalmente partes sin impuestos y ensamblarlas aquí.
Hoy se estima que el 20% del contenido del T-MEC incluye partes asiáticas, por lo que es evidente que Estados Unidos necesita el tratado para proteger sus empresas y los empleos que genera a partir de esta asociación.
Es evidente que el T-MEC protege más a Estados Unidos que a México. Y aunque dependiendo del humor con el que se levante, de Trump podemos esperar cualquier cosa, la economía básica sugiere que incluso si impusiera aranceles, buscaría otros mecanismos para proteger a sus empresas ya que sacarlas de México y llevarlas a Estados Unidos no parece una opción logística y económicamente factible.
La realidad es que la robótica, la incertidumbre y la garantía energética está llevando a más empresas a Estados Unidos que a México.
Manuel Diaz concluye que México perdería menos que Estados Unidos sin el T-MEC, podríamos diversificar nuestra economía, aumentar la participación nacional y venderles mejor, eludiendo reglas que reducen nuestra competitividad con Asia.
Sin duda, mucho para analizar y reflexionar en los próximos meses, sobre todo ante los posibles escenarios que se irán definiendo al otro lado del Río Bravo y las acciones que, en consecuencia, iremos tomando desde este lado.
Antes de preocuparnos hay que ocuparnos, hoy en día no hemos hecho la tarea. Pepe Medina Mora comentaba en una sesión del Consejo que México no se ha montado en la ola del nearshoring, de cada 10 empresas que podrían aterrizar en México, sólo ha llegado una. Así que no basta con tener el T-MEC, hay que desarrollar las condiciones que nos permitan ser un participante más competitivo de él.
Esperemos que sea hasta el 2026 cuando llegue el momento de revisar el T-MEC, y que acudamos a esta cita firmes y consientes del peso que tenemos en este “ménage à trois” para poder alcanzar los acuerdos que mejores beneficios conlleven a nuestra economía.
Termino citando a Manuel Diaz, “Vivimos épocas de regionalismo, el reshoring a Estados Unidos es imposible ahora; ¿México en esta integración, entrará como socio o como esclavo sometido a los caprichos cuando tenemos todo para ganar?
No exagero, podríamos salirnos nosotros para no estar sumisos”.
¿Ustedes qué opinan?
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