No suelo tomarme muy en serio, así que no siento que las cosas que pasan me pasan a mí, simplemente pasan y les pasan a todos los que andan en la faena, sin un destinatario en particular.
Además, por mi tortuoso pasado taurino me siento obligado a levantarme como si fuera de goma después de una revolcada espantosa y sin mirarme la ropa para ir nuevamente a la cara del toro. Y como el fatalismo nunca ha sido lo mío, siempre confío en que, si me preparo, me esfuerzo y consigo que Dios reparta un poco de suerte, las cosas se pondrán a modo para alcanzar lo que estoy buscando.
Así que, esto que pasa en México, no pienso que me pasa a mí en particular, pienso que nos pasa a todos, quizás acusamos más el golpe aquellos que hemos vivido el tortuoso camino que hemos andado en las últimas décadas, avanzando tres metros y retrocediendo dos, equivocando la ruta y retomándola. Pero siempre estando en la cara del toro para hacerle faena y salir por la puerta grande en algún momento.
Pero hoy pienso diferente, creo que sí deberíamos tomarnos esto más personal, sí nos lo están haciendo a nosotros. Están doblando las campanas y están doblando por nosotros, los ciudadanos.
El pasado viernes el INE determinó un reparto de curules para los diputados plurinominales que, desde nuestra perspectiva y la de decenas de organizaciones civiles, expertos, expresidentes del INE, académicos y cuatro de los 11 consejeros del INE actual, consideraron que provoca una sobrerrepresentación que altera el equilibrio democrático, no respeta la voluntad popular ejercida en las urnas, vulnera el derecho constitucional a una representación proporcional, entrega poder absoluto a un solo bloque político y no atiende la razón de ser del artículo 54 constitucional que busca que todas las decisiones trascendentales para nuestro país se tomen en consenso.
Los consejeros del INE aprobaron la sobrerrepresentación votando siete a cuatro, y aunque esta votación dividida nos dice que el tema no esta tan claro como nos ha querido hacer creer el bloque político encabezado por MORENA, si es desesperanzador ver cómo, después de lidiar tanto y durante tanto tiempo para llegar a donde estamos, hoy nos paramos a la entrada de una máquina del tiempo que nos hará retroceder casi 50 años en el pasado, para regresar a ese México autoritario, opaco, sin contrapesos, con una concentración de poder cuasi absoluta en una sola persona, con déficit económico, aislados del mundo y una gran parte de la sociedad sometida por programas sociales insostenibles económicamente por mucho más tiempo, porque siete consejeros no entendieron que las campanas doblaban por ellos.
Todavía hay una esperanza, al menos al momento de escribir esta participación, y está en manos de dos mujeres y tres hombres, magistrados del Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación, en los que confío, claro que sí.
Confío en que actuarán con integridad y responsabilidad, tomando decisiones que refuercen los principios democráticos de nuestro país. Garantizarán que ninguna fuerza política, coalición o partido exceda el límite constitucional del 8% de sobrerrepresentación, protegiendo así los derechos de las minorías y asegurando una representación proporcional justa.
Estos cinco mexicanos estarán a la altura del momento histórico que viven, protegerán la equidad en la representación y fortalecerán la confianza en nuestras instituciones democráticas, evitando cualquier distorsión del equilibrio de poder.
Confío en ustedes, magistrados del TEPJF, con determinación y firmeza garantizarán que nuestro Congreso pueda tomar decisiones que reflejen fielmente la diversidad y pluralidad del país, asegurando que su composición sea un verdadero reflejo de la voluntad ciudadana, marcando así el rumbo de nuestra democracia en los años venideros.
Los consejeros del INE escucharon doblar las campanas y no entendieron que era por ellos, dejaron pasar la oportunidad y pasaron a la historia, cada quién determinará con qué papel. Ahora toca a los ministros, confío en que ellos sí sabrán por quién doblan las campanas.
¿Y los empresarios, apá? ¿Por ellos no doblan las campanas?
El domingo pasado leía una durísima publicación en la red social X, en ella se menciona al silencio de las cúpulas empresariales, frente a los abusos constantes del gobierno, como uno de los episodios más bochornosos de los últimos seis años, con énfasis en los últimos meses. Es cierto que el autor del mensaje menciona a la Coparmex como la excepción, y tenemos cicatrices, moretones y unos cuántos raspones para confirmar esta excepción.
Pero ser la excepción no me hace sentir orgulloso, todo lo contrario, es muy penoso que el sector empresarial, que siempre ha dado la cara por México, aún en los momentos más difíciles siempre ha apostado todo por este país y sus ciudadanos, que mueve la economía a base de valor y fé, que impulsa el desarrollo social, que genera los empleos, que “financia” todos los programas sociales para que gobiernos, de todos los partidos, se los cuelguen como medallas olímpicas. Ese sector que nunca ha dejado de impulsar las mejores causas en nuestro país.
Que hoy este sector parezca sumiso, “verdaderos campeones del sueño profundo” como dice la publicación, debería dolernos, encabronarnos, no con quién nos lo hace ver con esa crudeza que duele, encabronémonos con nosotros mismos, por olvidar que de nosotros no sólo se espera todo lo que he mencionado más arriba, también se espera de nosotros liderazgo, valor, vanguardia, coraje. Se espera que seamos dignos sucesores de Luis G. Sada, de Modesto Priego, de Maquío…
Las campanas doblaban también por nosotros, y no las escuchamos porque estábamos ocupados lidiando con la reactivación económica, la política arruinando la economía, la competencia internacional, la inflación, la burocracia, la corrupción y la incompetencia de quienes fueron electos para coordinar el desarrollo social de nuestro país, y esto mientras poníamos a girar los engranes de la economía. Pero ya despabilamos, agradecemos el golpe que nos ha despertado, no tenemos la piel delgada, ya estamos poniéndonos al corriente, y pase lo que pase en el TEPJF y en cualquier otro escenario, ahí estaremos, en las duras y en las maduras, atendemos el llamado.
¡Un abrazo!
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