El dominio, amenaza, auge o “penetración” del inglés en el habla cotidiana no es noticia. Algunas palabras como el “mouse” de las “computadoras” nunca se tradujeron como “ratón” y “ordenador” respectivamente. Otras se adoptan sin entender el barbarismo, dando por sentado que al ser anglicismos son válidas. Así ocurre con los despropósitos “empoderamiento”, “resiliencia”, “emprendedurismo” y un sinfín de baratijas ideológicas con atroces consecuencias educativas. En este último sector ha ido naturalizándose el “back to school” del inglés estadounidense para referirse a las ventas de útiles escolares, uniformes (más de uno, tanto oficiales como los de la moda) y la organización de festejos. Aún en pleno auge nacionalistoide septembrino, a pocos entusiasma la literal traducción “regreso a clases” usada por los canales oficiales.
No es mi interés lamentar el uso del anglicismo, proteger el habla de nadie, como tampoco condenar los excesos de adolescentes en sus fiestas. Sí, considerar las condiciones en que ocurre el regreso a clases. Aunque las universidades, con sus altibajos y variaciones iniciaron desde la primera semana de agosto actividades, no fue sino hasta esta semana que “el sistema” que va desde jardín de infantes hasta bachillerato lo hizo. Como cada año las escenas de los que cruzan por primera vez el umbral del “aparato ideológico de Estado educación” nos conmueven. No sólo lloran los párvulos. Muchos quisiéramos volver a tumbarnos al suelo y patalear con ellos. Otros dan por hecho es parte del ritual básico de socialización, pero nadie puede ignorar que esos infantes ya no pertenecen sólo a su familia y comunidad. Han entrado, ahora sí a una “comunidad política imaginada” y sufrirán los efectos del adoctrinamiento, con la esperanza que sea cada vez menos penoso y que en él están también las claves para “deconstruirlo” (queriendo decir analizarlo críticamente para su reforma y corrección). Progresivamente, aspiramos, se aprenderán habilidades que se consideran útiles para la vida y el empleo, cambiando históricamente qué es lo “básico” o “mínimo” que deben cursar qué tipo de poblaciones diferenciadas por clase, aunque se justifique con artificios de género y etnicidad. ¿Quién aprende (bien alimentado) en un aula limpia, bien iluminada y ventilada, con suficiente mobiliario, profesores dedicados a una carga de trabajo adecuada y quién en condiciones precarias y con personal saturado de actividades? “¿Quién aprende en una clase de cincuenta y quién en una de doce?” Ninguna es por elección, son determinaciones de clase y tienen efectos a ponderar y con ellos trabajar. Como con el resto de la política (en los sectores salud y vivienda por mencionar dos) es la “administración del dolor”. Eso es la política, decidir cómo se distribuyen y concentran oportunidades, como se desperdician los recursos humanos y para qué clases de personas. De la misma manera en que nadie elige dónde ni cómo nace, tampoco su “back to school”.
Los educandos y profesores, administradores y personal de mantenimiento regresamos a este año académico 2024/5 bajo la sombra o alumbrados por el cambio de sexenio y en sí andamiaje institucional de la formación estatal mexicana. Es el segundo año que se ensaya en el sector público la nueva escuela mexicana (ya sin entrecomillar) mientras se le ignora y desdeña en el privado. Buscando controlar la enseñanza, como el principal elemento del “Kulturkamfp” (campo de batalla o guerra cultural) estimula la diferenciación de programas y agendas. Llamada así desde las potencias germanoparlantes de Prusia y Austria, definiría primero a Europa y después al mundo colonial, quitándole y cediéndole imperfectamente espacios a las iglesias. De la escuela se iría a la esfera pública y en sí a la “opinión publicada”. De ahí que se impongan contrahechuras oximorónicas como “memoria histórica” tras haber eliminado al “civismo” y este a su vez a “higiene” mientras aquella hizo lo propio con “la palabra”. Asimismo, a fin de darle la vuelta o imponer la línea oficial, las escuelas adquieren elementos que van de los extremos de correccional en algunos bachilleratos, a la malcriadez de las escuelas “activas”. En todo caso este septiembre revisaremos otra vez que los “niños héroes” son un cuento para exaltar la xenofobia patriotera entre los infantes, que la gesta de independencia iniciada por curas de pueblo tardó demasiado en poder ser contenida y ordenada por oficiales criollos y que tanto el abrazo de Acatempan y captura de O’Donojú en Córdoba, son la antesala del chile en nogada (cuya “temporada” se extiende artificialmente hasta el 15 de septiembre). Añadiremos finalmente el 2 de octubre al calendario oficial (como otro puente) así y nadie sepa qué es eso que “no se olvida”.
Nuevas amenazas del exterior como “la viruela de mono” mantienen el uso del ambiente en línea como “terreno” en el que sabemos no se enseña ni aprende nada, pero abarata los costos de operación. Trasladándoselos a las familias, sabiendo no hay condiciones mínimas de infraestructura como tampoco recursos pedagógicos, es una nueva arma de la simulación y demagogia. “La red” se originó como un medio pensado para que colegas compartiesen información, no para la transferencia crítica del canon. Sabiendo esto, se ha instalado para mal como parte de los compromisos presupuestales y falsa salida a cualquier contratiempo. Por todo ello, no pese a todo, es que regresamos (uno ya un mes completo) con la mayor alegría. No es un asunto individual sino colectivo. Nuestro paso es temporal por la vida y ese aparato, no así los procesos que en él se dan y cómo afectan inter-generacionalmente. “Un palo no hace monte” reza el proverbio cubano, y la manera en que cultivamos el conocimiento es todo menos ordenada o predeterminada. Responde a los intereses de grupos de investigación y educación, presiones políticas e imposiciones ideológicas contra las que nos rebelamos. El educativo, es el sector dónde la diversidad, diferenciación y pluralidad de los residentes (ciudadanos y extranjeros) florece y se tuerce, corrige y pugna. Sabemos que vale la pena porque lo podemos ver en sus efectos. Progresivamente, en la enseñanza aprendemos cambiando la interlocución de nuestros mayores y custodios (profesores) a aquellos (estudiantes) que tuvimos la fortuna de poder guiar (nuca acompañar, que ese es otro terminajo mal traducido para “escorts”) en ciertos periodos. Algún día será tal la brecha que irremediablemente sabremos “la fiesta terminó” y la forma específica en que ocurra nos revelará quiénes somos (como grupos y clases, no clicas ni “crews”). Hasta ese día “porque podemos debemos y porque debemos ¡podemos!”









