Ricardo F. Macip
Septiembre es un mes lleno de conmemoraciones, invocaciones, celebraciones, evocaciones, y, por lo visto, presagios. No es inusual se confundan entre ellas, en planos nacionales e internacionales. Así el nombre “Septiembre Negro”, que usó inspiradamente un luchador enmascarado, dejó de hacer alusión a la guerra iniciada un seis de ese mes en 1970 por el rey Hussein de Jordania contra la OLP en Amán, para dos años después ser reivindicada en el atentado de las olimpiadas de Múnich. Ninguna de esas registra ya entre la mayoría de los mexicanos sin otro interés en Levante que el entretenimiento. No así su apropiación entre partidarios de uno u otro bando enfrentado en el presente inmediato mexicano. Por supuesto que es un exceso de mal gusto llamar así a cualquier acontecimiento fuera de contexto, pero eso es lo que vende, cuando todo ha sido degradado a un barato “reality show” yendo de Televisa al bicameral Congreso de la Unión.
Antes de entrar al patriotero calendario está el debido trenzado del once de septiembre. De la “diada catalana” conmemorando la derrota ante tropas borbónicas en 1714, en que encuentra fin la viabilidad de un Estado catalán a su artificio de “memoria histórica” por los partidos que a ello aspiran. Asimismo, el golpe militar en Chile, orquestado por la CIA y ejecutado por las fuerzas armadas de ese país contra su gobierno democráticamente electo en 1973. Se remata con el que hasta hace poco parecía contemporáneo parteaguas: el de 2001 en el WTC de NYC. Poco a poco va difuminándose. No sólo provoca menos reacciones entre la chamacada, sino que la impresentable candidata del Partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos lo ha banalizado en el discurso público. Para ella el sainete del seis de junio del 2021 por parte de distintos “trumpistas” engatusados por personal de seguridad del Capitolio fue peor que el ataque de Mohamed Atta y secuaces. Ciertamente la audiencia de primeros votantes, entre 18 y 21 años—menos aun los extranjeros habilitados para el fraude—pueden recordar o saber cómo es que se vivieron los días posteriores al siniestro con las consecuencias devastadoras posteriores en Irak y Afganistán. Precisamente, ahí es que queda claro porque todos los partidos y facciones políticas cultivan esas versiones o relatos malamente pegoteados, zurcidos y remendados como memoria histórica.
A ser administrada vía distintos aparatos ideológicos del Estado, destacadamente en los que llamamos “escuela”, “medios”, “cultura” y sobre todo “nación” es que producen distintos efectos en educandos, audiencias, sujetos, y paisanaje respectivamente. De suyo que ahora tendremos puente desde el viernes 13 hasta el lunes 16, aplicando el apócrifo michoacano de “maestro indito” (contra los colegas del la XVIII CNTE) con semana laboral de tres días (martes a jueves). De hecho, es en el sector educativo en que es más falso, pues ahí se deben tomar en serio el relato de bronce de la SEP y torturar psicológicamente con los inexistentes “Niños Héroes”, pasando por “El Grito” de Hidalgo y su pasión, omitiendo la orgía de Guanajuato y mala campaña militar para el martirio en Chihuahua, omitiendo también el arrepentimiento.
Mal padre es un cura de pueblo como que no se reconoce a quién lo es ni a quiénes pudieron cumplir con su Ley (Nombre del Padre). Ahogado en aceite quemado por garnachas, flautas, molotes y demás, amén de respectivas tostadas y pozole, el grito siempre añade ironía involuntaria. Desde “El Tercer Mundo de Echeverría, que no se refería a la tierra respecto a Mercurio y Venus sino a los países por los que pelearían en un mundo bipolar imperialistas contra comunistas, hasta las ocurrencias del presente mandatario saliente. No dudo la de este año incluya a los legisladores que le entregaron de regalo al poder judicial, como solía hacerse con la cabeza de los enemigos. Los criminales aún lo hacen, pero no tiene tanto que los políticos del panteón balín de héroes solían demandarlas. El caso más cercano es la de Domingo Arenas para Emiliano Zapata. Si esta fuera de toda niñería apta para “memoria histórica” lo es porque prueba que la confusión entre criminales y políticos es todo menos nueva. No en México y Nueva España, desde Roma y por toda la cristiandad.
Supongo el 23 de septiembre entrará este año al calendario cívico, como antecedente al cambio de poderes el primero de octubre y bochinche con que se exija no olvidar el dos. ¿Qué astucias y argucias, artificios y artilugios precisarán para reencuadrar el asalto al cuartel de Madera no históricamente—pues eso es conocido—sino en retórica presentista y triunfalista?, debe hacer competir a “la casa de los babosos” con la de “los famosos”.









