La noche del 15 de septiembre acudí a la celebración del Grito de Independencia en el Palacio Municipal de Puebla, atendiendo una invitación que como presidente de Coparmex me hizo llegar el Gobierno del Estado.
No suelo asistir a muchos eventos de este tipo, básicamente porque me invitan poco, vete tú a saber, si soy el alma de las fiestas. Y de ese poco que me invitan trato de sólo acudir a aquellos eventos que tienen alguna relación con lo que desde la Coparmex entendemos como nuestro quehacer.
Pero hay un evento del que siempre estoy esperando con emoción la invitación oficial, sí, es la celebración del Grito de Independencia. Esa que desde muy pequeño veía por la televisión y que me emocionaba y hacía que se me enchinara la piel. No importaba el presidente en turno, la mayoría eran impresentables, lo que importaba era el evento, su significado, el llamado a la lucha, a la celebración, a reencontrarnos con los símbolos que nos unen y con los héroes que hicieron posible este país.
Pero este año tenía un significado especial, en primer lugar, porque será el último año que acuda como presidente de la Coparmex (me les voy amigos míos, aprovéchenme mientras puedan), y veo muy complicado que las futuras autoridades “cuatroteístas poblanas” me inviten sólo porque ando muy bien en moto o tengo bonita letra.
En segundo lugar, todo lo que pasa en el país, principalmente esta destrucción sistemática de las instituciones y el debilitamiento de nuestra república, sumados a la inseguridad y a las perspectivas muy poco halagüeñas sobre nuestro futuro, me hacían pensar si realmente había algo que celebrar, incluso supe de algunas personas que no asistieron precisamente por estos motivos.
Estando en pleno reventón, emocionado por el himno nacional interpretado por una orquesta y un coro increíble, los fuegos artificiales, la belleza de nuestro palacio municipal, los miles de mexicanos celebrando en el zócalo, de pronto dudé sobre si no me había ganado la emoción y acudiendo validaba o trivializaba de alguna manera lo que pasaba en México, complacientemente concluí que la congruencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, me blindaba de cierta forma. Pero la duda seguía ahí. Una cerveza, un par de tequilas, los antojitos mexicanos y la gran charla con amigos me terminaron por distraer del tema.
De regreso, y como ciudadano responsable, temeroso de Dios y de los alcoholímetros, a partir del segundo tequila o mezcal o whisky o copa de vino, ya no toco el volante, por lo que venía en un Cabify y, nuevamente, empecé a darle vueltas al tema.
¿Tenemos algo que celebrar? ¿Era congruente acudir a esta celebración con la autoridad?
Después de un buen rato de insomnio, otro whisky y un puro ya en casa, tengo la respuesta: Sí. Sí tenemos mucho que celebrar, México no se define por los últimos 6, 12 o 18 años, México cumple más de dos siglos de ese llamado a ser independientes, a ser libres. Este 15 de septiembre celebramos a los símbolos que nos unen como mexicanos, a los héroes que hicieron posible nuestra república y a nuestras historias de lucha, trabajo y unión en los momentos más difíciles.
Claro que debemos celebrar, y estar ahí, dejarnos ver, sin miedo, sin pena, que se escondan los traidores, los cobardes, los enemigos de la democracia, los que rompen la ley, que se tapen los que no están a la altura de lo que nuestra nación demanda. Nosotros no, nosotros damos la cara, la celebración es nuestra, México y sus símbolos no le pertenecen a un grupo o a una persona, son de todos.
Hoy más que nunca el llamado que hizo el cura Hidalgo hace 214 años sigue vigente, y los mexicanos de bien debemos atenderlo, defenderemos nuestra república con más ciudadanía, de esa que molesta tanto a los autoritarios, porque saben que es el antídoto a sus apetitos.
El sector empresarial en general y la Coparmex en particular atendemos el llamado, trabajando en distintos escenarios de forma simultánea, por un lado, manteniendo la economía en marcha, generando más y mejores empleos, apoyando la creación de nuevas empresas, apostándole a México y al futuro, persistiremos y reconstruiremos lo que hoy se está destruyendo. Que a nadie le quepa la menor duda.
Y para muestra un botón, nuestro SUMMIT de innovación y emprendimiento 2024, sinergia para la prosperidad, que en conjunto con la BUAP e INTELLIGENTIA celebramos hace casi dos semanas y que reunió a lo mejor del ecosistema emprendedor mexicano con jóvenes empresarios, emprendedores, estudiantes e investigadores de las mejores universidades y tecnológicos, tanto públicos como privados, para seguir construyendo esa red que detonará a nuestra región como el epicentro de la innovación y el emprendimiento de base tecnológica. Un éxito que pueden constatar los casi 3,500 participantes presenciales.
En la Coparmex entendemos como nuestro quehacer todo aquello que contribuya fortalecer el ambiente para que las empresas prosperen, y que esta prosperidad sea compartida con los distintos sectores de la sociedad, para convertir a las empresas en auténticos vehículos de desarrollo inclusivo y transformación social.
Así que en este llamado a defender y, en su caso, reconstruir los pilares de nuestra república iremos al frente, vertebrando talento y trabajo, propuestas, diálogo y resistencia. Ya lo hicimos antes, así que ahora será mejor
Permanentemente estamos operando en escenarios diferentes y simultáneos, desde cada estado de nuestro país y de forma nacional, por ejemplo, hoy estamos revisando si se cumplió con los debidos procesos para convocar en los congresos locales la ratificación de la reforma al poder judicial, al mismo tiempo colaboramos con universidades y otras organizaciones para impulsar la innovación y el emprendimiento, mientras pactamos mesas para atender el problema nacional de inseguridad que afecta a todo el país pero que se ceba especialmente en algunos estados y regiones, y en nuestros ratos libres tratamos de hacer entender a la autoridad que ocurrencias como imponer reformas a base de una sobrerrepresentada aplanadora legislativa, sin diálogo y sin consenso, por puro capricho personal, provocan incertidumbre en los mercados y fuga de inversiones.
Todo esto en lo que seguimos manteniendo la operación de nuestras empresas, conservando y creando nuevos empleos, malabareando las ocurrencias político-económicas, haciendo box de sombra con la competencia internacional y tratando de surfear la ola del nearshoring mientras desde palacio nacional nos roban la tabla.
Y sólo hablo del sector empresarial representado en la Coparmex, no tengo espacio, ni el conocimiento como para contarles todo lo que la sociedad civil organizada está haciendo a través de sus propias instituciones, sindicatos, colectivos, etc., la batalla que están dando por sus propias causas, por nuestras libertades y nuestros derechos.
México debe celebrar que el espíritu de independencia, de libertad, de lucha es más fuerte que nunca en sus ciudadanos, reconstruiremos todo lo que hoy se destruye desde el rencor y la ignorancia, reunificaremos una nación que entiende las enormes brechas y las necesidades infinitas de más de la mitad de los ciudadanos, responderemos al llamado que hace 214 años hizo un cura en un pueblito llamado Dolores en la intendencia de Guanajuato.
A México le sobran mexicanos con valor y capacidad para reconstruir, pero ahora debemos hacerlo mejor, el país que teníamos no es suficiente, debemos aspirara a ese país más justo y con oportunidades para todos, ese país en donde quepamos todos y nadie se quede atrás. A México le sobran mexicanos que no se dejan llevar por las demagogias, que independiente del partido en el que militen o su ideología son capaces de entender que el camino debe estar mejor trazado, el destino debe estar adelante, no en el pasado, debe ser un lugar mejor del que venimos.
Reconstruiremos es el título con el que Enrique Krauze titula su columna del 15 de septiembre, enorme, como siempre. Necesitaba tomarlo prestado. Es un grito de batalla natural.
¡Viva México!
¡Un abrazo!
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