Tras el debido simulacro, ritualizado con alarma sísmica, en memoria del de 1985, se da píe al propio cambio de poderes. Indudablemente el presidente ejercerá sus atribuciones metaconstitucionales emulando fútilmente “al caudillo” al tratar de dejar todo “atado y bien atado” hasta el último minuto de su mandato. La naturaleza del poder en una dictadura presidencial nos será confirmada una vez más y de manera didáctica para los más descreídos entre novicios y amnésicos entre veteranos. Siendo tan dado al púlpito, la prédica y el anabaptismo, el “carismático líder” y autonombrado “rayito de esperanza” no puede detener el tiempo, eternizarse ni cambiar los calendarios. Coincide que en el francés republicano este fin de semana sea el de los cinco días de ajuste (iniciados desde el miércoles 18) para el lunes sincronizarse con el romano. Así, veremos cómo se replantea y conmemora ese día el asalto al cuartel de Madera un 23 de septiembre de 1965. El nuevo proyecto de “memoria histórica” (sic) puede darse ya sin el pesado lastre de un personaje chespiritiano emanado del PRI.
A diferencia de sus competidores, rebajados a corcholatas dentro de morena, pero la presidenta electa no compartía esa aberrante militancia en ningún pasado por omitir. Junto con el actual presidente del senado y el regente saliente de la ciudad de la mugre, proceden de las movilizaciones universitarias, sea como estudiantes, porros, personal docente y profesorado (lo de investigadores es un decir). Aparte de los chillidos del PAN, pero es dable hacer un arco desde esa efeméride y su trascendencia hasta la masacre de Tlateloco. La nueva presidenta asume el primero de octubre como tal, recibiendo en herencia al día siguiente tales gestas universitario-estudiantiles, incluyendo no sólo momentos trágicos sino los abyectos también (como el “pase automático” ganado por el CEU). Así tendremos diez días en los cuáles pensar qué es realmente nuevo en lo que inicia ya con el otoño y sus “flores amarillas”.
Al hacerlo es relevante no perder de vista lo que ocurre en el mundo. La elección nos regresó tan de sopetón a la cortina del nopal, que corremos el riesgo de creer puede proteger de algo a alguien. Ni antes lo hizo, cuantimenos ahora. Destaca, por cercanía y efectos el desarrollo de las campañas por la presidencia en los Estados Unidos. No sólo por el papel de piñata que reservan para México. Si Trump es vitriólico al respecto, quiénes sea que manden entre los demócratas mostraron que lo suyo es manchar con su planta el suelo de la suavena apátrida. Masiosare por aquí, masiosare, por allá, pero se llevaron a uno de sus hijos de perra nomás era necesario para el espectáculo de la justicia con fines electorales. Saber hasta dónde van a parar es lo que nos mantiene entretenidos. Sin embargo, el mayor peligro es la nueva categoría de trabajadores desechables que están moldeando y moliendo en un plan escasamente debatido para “revitalizar” las zonas desindustrializadas del “cinturón oxidado” del medio oeste. No es coincidente que sea en los estados veleta (o columpio, depende del pandit de su preferencia) dónde se esté experimentando con trabajadores identificados como haitianos para subsidiar industrias y recuperar el voto de castigo.
No es claro si la estrategia funcionará aún en medio de amenazas de fraude electoral, pero ciertamente es una sustitución de mano de obra. Huelga decir que ningún ciudadano independientemente de sus “interseccionalidades” de clase/raza/sexualidad elegida puede renunciar a la mínima dignidad para lograr esos empleos, ni es por falta de trabajadores entre los conocidos como “mexicanos” (así sean de “otros países mexicanos”). Estos últimos parece comienzan a ser sustituibles por algunos entre los que el abuso permisible está aún por conocerse. Si bien se tenían perturbadores testimonios, no fue sino hasta el infame debate del 10 de septiembre pasado entre “El Trump” y (“que mala es”) Kamala que se supo comen perros, gatos, así como lo que se encuentran en los parques. Más allá de perdernos en esta torcedura última como cacho de caca en el pastel, está por conocerse el plan específico de quiénes, cómo y desde cuándo decidieron localizar a estas personas en las ciudades específicas y sus contextos. Claramente desechables, no sabemos si es una contingencia de coyuntura o un proyecto más ambicioso de explotar al nivel inframericano, transfiriéndole los costos a gente que importa poco.
Otro elemento perturbador fue el ataque terrorista de Israel al Líbano usando beepers. Supuestamente destinado a activos de Hezbolá, que son quiénes ordenaron el cargamento a Taiwán, fue un peligrosísimo buscapiés. No porque matase menores de edad y personal médico. Todos sabemos esa es la especialidad de las Fuerzas de Defensa Israelís desde antes del genocidio gazí en marcha. Al no pretender diferenciarlas del Mosad, exigen los evaluemos con su lógica de “hechos sobre el suelo”. Así, no debe importarnos lo que digan, sientan, anhelen, o usen para justificarse, sólo lo que hacen. Y eso es terrorismo de Estado. La complicidad de los Estados Unidos y la Unión Europea es tan repugnante como predecible, pero al contar con ese silencio están abriendo la puerta a la ley del talión. Pueden ahorrarse su aparato propagandístico de “tolerancia”, “memoria” y patrañas derivadas, que el curso al que llevaron las cosas es claramente suicida.
Sabemos que el último trimestre del año, con los festejos por las cosechas y alegría de volver a vernos con familiares y seres queridos en las múltiples tradiciones que conjugamos en abigarrada tradición inventada, estará movido. Eso tanto por los reacomodos internos del reparto del poder y administración de la miseria, como también por las imposiciones externas, forzándonos a perder en un juego de decepción. Y al hacerlo hemos de recordarnos que por más que nos alucinemos, no podemos copiar la importación de trabajadores para uso y desecho instantáneo, como que tampoco nos vamos a matar a la distancia y de manera cobarde. Por más que los jóvenes gocen en sentirse pochos nacidos en México usando el gentilicio “mexa”, pero no nos hemos degradado aún a las aberraciones ni del Partido Demócrata ni a la cobardía de las FDI.









