Estamos en esa época del año en la que anuncian a los ganadores de los premios Nobel, aunque no es que en nuestro país andamos súper pendientes del tema, menos con todas las broncas e iniciando sexenio, mucho menos si en las mañaneras del pueblo nuestra nueva presidenta con cada declaración nos rompe el corazoncito de la esperanza por un México institucional y democrático.
Regresando al anuncio que se hace de los ganadores de los Premios Nobel, siempre es un tema de conversación cool, uno queda muy bien sacando el tema en medio de una charla donde todos presumen algo. Por mucho, el reflector se lo lleva el ganador que corresponde a la literatura, es la oportunidad perfecta para presumir “todo lo que uno lee” y dar una sesuda opinión sobre el ganador y la injusticia de dejar fuera una vez más a Haruki Murakami.
Evidentemente también hay otros premios que corresponden a trabajos y vidas que impactan positivamente en la sociedad. Caso de estudio es el de la Paz, siempre polémico, este año se le otorga a una organización japonesa por sus esfuerzos en favor de un mundo sin armas nucleares. No sé si ese trabajo esté dando resultados, me parece que en lugar de disminuir cada día hay más países con armamento nuclear, muchos de ellos son altamente inestables, gran parte de su población vive en pobreza y sus dirigentes son unos autoritarios enfermos de poder. Así que, si el premio se otorga por la intención, está bien, si es por los resultados… quizás habrá que revisar de nuevo.
También entiendo que es la naturaleza de los premios, nunca se puede quedar bien con todos, y estoy absolutamente seguro de que las personas encargadas de elegir a los ganadores son infinitamente más capaces que su servidor en éste y en muchos temas más, así que estamos en paz, excepto por Murakami, ya hablaremos después.
Pues bien, les platico que el premio Nobel en economía acaba de ser otorgado a tres economistas: Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson quienes compartirán el premio, que consiste en unos 11 millones de coronas suecas, más o menos un millón de dólares. Eso de repartirlo se me hace un poco cutre, uno pensaría que un millón para cada uno sería lo indicado. Me imagino el momento: “¡Hey Daron, has ganado el Nobel! – ¡Qué chido, ahora sí saldré de deudas! – Ah, pero junto a otros tres… – ¡QPM!”
Estoy seguro de que como economistas podrán dividir el premio correctamente y no habrá fricciones, pero el tema de esta columna tiene que ver con las razones por las cuales han ganado.
Pues resulta que los tres ganadores han dedicado gran parte de su vida a estudiar las razones por las cuales las naciones prosperan o fracasan, de forma más mundana, su investigación busca explicar por qué algunos países se vuelven ricos y otros siguen siendo pobres y esto tienen que ver con sus instituciones.
Según Christian Edwads de CNN, el Comité Nobel eligió al trío por explicarnos con peras y manzanas que “las sociedades con un estado de derecho deficiente e instituciones que explotan a la población no generan crecimiento, ni cambios para mejorar”.
Y no quiero echar sal a la herida, pero Edwards cita el trabajo de los economistas: “Cuando los europeos colonizaron grandes partes del mundo, las instituciones de esas sociedades cambiaron”. Si bien en muchos lugares esto tenía como objetivo explotar a la población indígena, en otros lugares sentó las bases para sistemas políticos y económicos inclusivos.
“Los galardonados han demostrado que una explicación de las diferencias en la prosperidad de los países son las instituciones sociales que se introdujeron durante la colonización”, de acuerdo con el comité.
Quizás es el momento de enfocarnos más en defender nuestra democracia y el estado de derecho, así como a las instituciones que deberían hacerlos posibles, antes de andar exigiendo disculpas a una nación que aún no nacía para unos pueblos que ya no existen. Demagogia le dicen.
Los países que desarrollaron “instituciones inclusivas”que defienden el estado de derecho, la democracia y los derechos de propiedad, con el tiempo se han vuelto prósperos, mientras que aquellos que desarrollaron “instituciones extractivas” que, en palabras de los galardonados, “exprimen” recursos de la población en general para beneficiar a las élites (élites de ambos lados del espectro político/ideológico) han experimentado un crecimiento económico persistentemente bajo.
Incluso hay una entrevista de Acemoglu en la que explica que la democracia favorece el crecimiento económico, aunque no es una panacea, y argumenta que cuando el crecimiento se da en un régimen autoritario es más inestable y, generalmente, no conduce a una innovación muy rápida y original.
Argumenta que China, debido a que carece de instituciones inclusivas, no podría sostener su crecimiento económico. Aunque reconoce que este país ha planteado un “pequeño desafío” a ese argumento, ya que Beijing ha estado “invirtiendo a raudales” en los campos innovadores de la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos. Pero mantiene su perspectiva general en cuanto a que estos regímenes autoritarios, por diversas razones, van a tener más dificultades para lograr resultados de innovación y prosperidad sostenibles en el largo plazo.
Aunque el artículo de CNN es más extenso y vale la pena revisarlo con calma, les comento que la conclusión es que aquellas naciones que impulsan instituciones y condiciones inclusivas, en el largo plazo crecen más económicamente y generan más prosperidad para todos.
Y no quiero decirles se los dije, pero ¡Se los dije!
Desde nuestra fundación hace más de 90 años, y más recientemente a partir de nuestro Modelo de Desarrollo Inclusivo, la Coparmex ha insistido en la importancia de las instituciones, en la necesidad de respetarlas, de fortalecerlas, y cada vez que eran amenazadas por la deriva autoritaria, las ansias de poder o la ignorancia, alzamos la voz y nos posicionamos. Hemos invitado a los perfiles más capaces para dialogar del tema, sus oportunidades y sus peligros, para proponer acciones que las ayudarán a mejorar y servir con eficiencia a los ciudadanos, para procurar condiciones de prosperidad. Abrimos canales de comunicación y mantenemos el debate, hoy más que nunca. Reconozco que hemos encontrado en miles de ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil, incluso dentro los mismos gobiernos, apoyo, retroalimentación y trabajo conjunto.
La defensa de las instituciones no es una batalla de unos cuantos, ni de élites, es de todos los mexicanos, y hoy gracias al Banco de Suecia, que es quien otorga el Nobel de Economía, es también una batalla de todo el mundo.
Por cierto, el año pasado, el premio lo obtuvo Claudia Goldin, profesora de la Universidad de Harvard, por su investigación sobre las mujeres en el mercado laboral. Recurrió a más de 200 años de datos de los Estados Unidos, con los que demostró que la naturaleza de la brecha salarial de género ha cambiado con el tiempo. Históricamente, gran parte de la brecha podría explicarse por diferencias en educación y ocupación. Pero en la historia más reciente, descubrió, la mayor parte de la brecha ha sido entre hombres y mujeres en la misma ocupación, y surge en gran medida cuando una mujer tiene su primer hijo. Un gran tema para discutir, reflexionar y tomar acción.
¡Un abrazo!
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