Cada año, al inicio del Otoño, el mundo atiende con gran expectación el anuncio de la Real Academia de Ciencias de Suecia, institución a cargo de designar los Premios Nobel de Física y de Química.
Es sabido que el Nobel se otorga como un reconocimiento a las personas u organizaciones cuyos descubrimientos o contribuciones son notables y procuran el desarrollo de la humanidad.
Los laureados en Física y Química de este año no son la excepción; John J. Hopfield (Chicago, 1933) y Geoffrey E. Hinton (Londres, 1947) fueron reconocidos por usar herramientas de la Física en la invención y desarrollo de las Redes Neuronales, uno de los métodos informáticos de inteligencia artificial más empleados en el mundo.
Por su parte David Baker (Seatle, 1966), Demis Hassabis (Londres, 1976) y John Jumper (Arkansas, 1985) recibieron el galardón de Química por el diseño computacional de proteínas usando inteligencia artificial, lo que permite reducir significativamente el tiempo de creación de nuevas sustancias, tales como medicamentos.
El anuncio ha generado gran controversia, pues la Academia Sueca decidió galardonar a científicos de perfil tecnológico por el desarrollo de aplicaciones informáticas con inteligencia artificial, en vez de considerar aportaciones puramente científicas como tradicionalmente ocurre.
Parece que, haciendo uso del icónico reflector de los Premios Nobel, la Academia envía un mensaje claro y contundente al mundo: la inteligencia artificial está construyendo el futuro inmediato de la humanidad; esto conlleva una audaz dualidad: su aprovechamiento para el desarrollo de la humanidad o su indebido uso hacia la destrucción.
Como evidencia de su aprovechamiento en el desarrollo de la humanidad es el actual Nobel de Química; en tanto que el propio galardonado con el Nobel de Física, Geoffrey Hinton ha sido muy claro al señalar que el desarrollo de la inteligencia artificial se ha acelerado significativamente y se corre el riesgo de que la humanidad no sea capaz de controlar una inteligencia superior.
La humanidad ya se ha encontrado al borde de su destrucción con la amenaza nuclear, tecnología creada por seres humanos, la comprensión de su riesgo y la regulación pertinente ha limitado el peligro hasta ahora.
Se agradece el llamado de atención, no tácito, de la Real Academia de Ciencias de Suecia sobre la relevancia de las tecnologías informáticas.
Las naciones deben legislar de inmediato sobre el desarrollo ético y el uso humanista de la inteligencia artificial. Debe anteponerse el bien común sobre cualquier otro para preservar el desarrollo y la paz de la humanidad.
*Responsable del Laboratorio de Iluminación y Eficiencia Energética del INAOE.
Docente de Ingeniería en el Instituto Tecnológico de Puebla.
Maestro en Ciencia de Datos e Información por INFOTEC.









