Donald Trump, maestro en la construcción de narrativas, ha vuelto a encender el tablero global con su propuesta de nuevos aranceles a productos de México, Canadá y China. Más allá de los números, lo interesante radica en su muy agresiva estrategia discursiva y de negociación, enraizada en su manual personal: The Art of the Deal.
Trump no solo busca imponer políticas comerciales; busca proyectar fuerza. Al anunciar aranceles elevados, utiliza una táctica clásica de anclaje: parte de una posición extrema para negociar desde un lugar de ventaja. Su intención no es necesariamente implementar esas tarifas de manera inmediata, sino crear tensión y presionar a sus contrapartes para obtener concesiones. Así, cada paso hacia un acuerdo lo presenta como una «victoria».
Además, esta narrativa está acompañada de su estrategia de crear enemigos claros. Al culpar a otros países, (China, México y Canadá), de las «injusticias comerciales», Trump refuerza la idea de que Estados Unidos necesita protegerse de los «abusos externos». Este discurso no solo busca resultados en el plano comercial, sino también reafirmar su liderazgo ante su base electoral, quien lo ve como un defensor de los intereses nacionales.
En el marco de esta disputa, Claudia Sheinbaum, presidenta de México, respondió con un tono firme y conciliador, destacando la importancia de la relación comercial entre ambas naciones y apelando a un diálogo respetuoso. Este contraste es significativo. Mientras Trump utiliza el conflicto como herramienta de poder, Sheinbaum opta por la diplomacia para desactivar tensiones y mantener las alianzas.
Sin embargo, la respuesta de Sheinbaum también revela un desafío: cómo construir una narrativa que equilibre firmeza con pragmatismo, especialmente frente a un actor como Trump, que sabe utilizar el ruido mediático para su beneficio. En este sentido, Sheinbaum ha mostrado cómo las exportaciones mexicanas benefician directamente al consumidor estadounidense. Esta estretegia podría colocarla como un pilar de estabilidad en la región ya que sus gestiones han calmado los mercados donde GM, Ford y Stellantis han visto afectada su rentabilidad en las bolsas de valores.
La postura de Canadá revela un patrón oportunista, donde prioriza sus intereses inmediatos, incluso a costa de relaciones sólidas con México. Este comportamiento subraya una falta de reciprocidad y lealtad en una región que depende de la cooperación trilateral para prosperar.
La disputa comercial de Trump no solo es un tema económico; es un laboratorio de estrategias discursivas. Mientras unos eligen la confrontación como arma, otros optan por el diálogo. Pero al final, lo que define el éxito no es solo la táctica empleada, sino la narrativa que logre capturar las mentes y corazones de la audiencia.










