Hace unos días, Donald Trump amenazó a, sus vecinos y socios, México y Canadá con imponerles aranceles del 25 por ciento el primer día de su presidencia. Un Trump desatado, para los que en Palacio Nacional están apostándole a que será moderado esto debería ser una súper “red flag”, acusó a ambos países de hacer muy poco para detener las ‘entradas ilegales’ a Estados Unidos.
Ambos países acusaron de recibido el mensaje. Lo interesante es la forma en que cada uno lo atendió. En México las cosas se cocinan diferente, y si hablamos de gobiernos cuatroteístas, seguir un recetario, cualquiera, no es necesario. Sin importar lo que se esté cocinando, cada uno agrega a la sopa lo que sea que le estorbe, lo que se le ocurra o tenga a la mano, no es necesario preguntar qué se cocina, el chiste es aventarle algo a la olla y sacarse la foto mientras revuelve. Eso sí, es indispensable acompañar la aportación con una loa al jefe máximo, cada quién decide quién es.
Pues bien, en este contexto y ante las amenazas del presidente electo de los Estados Unidos, México reaccionó primero a través de nuestro secretario de economía, Marcelo Ebrard, argumentando que estas amenazas no le impresionan, es más, dijo que México tenía un 80 por ciento de posibilidades de ganar una guerra arancelaria contra Trump. Porque, de acuerdo con su declaración, Estados Unidos depende del comercio mexicano, y la inflación se dispararía como resultado de las medidas anunciadas por Trump.
Independientemente de si la declaración de Marcelo tiene algo de verdad, que algo tiene, no sé si Trump se sentirá amenazado por ellas, pienso que no le quitarán el sueño. Evidentemente no le conozco, pero tomo como base que un tipo que sufre un atentado y aprovecha el momento para, con el puño en alto, arengar a su fanaticada, declaraciones así no le asustan. También podría darnos una idea del concepto en el que tiene a Marcelo, cuando se refirió a la visita que él le hizo en junio de 2019 con estas palabras: “nunca he visto a nadie doblarse así”.
No sé si la declaración de Marcelo era una especie de viril reivindicación o estaba consensuada, o si respondía a una estrategia, si había sido revisada. Debería, pero atendiendo a mi teoría de cómo prepara la sopa este gobierno, pues no sé, tengo mis dudas.
En este proceso de hacer sopa según la 4T, la Presidenta Claudia Sheinbaum salió a tratar de componer la receta, evidentemente tenía que seguir un poco la línea que ya había marcado Marcelo pero entendió que había que ir por un ingrediente diferente, en esta cocina caótica y desordenada no había muchas opciones así que recurrimos a LA COOPERACIÓN O COORDINACIÓN entre gobiernos, ese par de “viejas confiables” que sirven de muletilla a cualquier declaración cuando no sabes cómo entrarle al tema y lo mejor es repartir un poco entre todos la responsabilidad cuando no se logró nada.
Palabras más o palabras menos dijo algo así: “Entonces nosotros colaboramos, nunca nos subordinamos, si logramos coordinarnos en eso, no va a haber aranceles”. Habló también de un plan por si esto sucedía, pero no lo explicó (ni falta que hace), además de otros planes propios para las dos grandes demandas del próximo gobierno estadounidense; migración y fentanilo, y de cómo ya se están atendiendo y eran parte de sus propuestas de campaña. Sin mucha sustancia, pero trató de atajar como mejor pudo el tema. Todo esto a través de una carta, dos llamadas (en las que ni Sheinbaum ni Trump se ponen de acuerdo con lo que se dijo) y varias mañaneras. Hubo personajes menores de la 4T que aprovecharon para “contribuir” a la preparación y salir en la foto, pero son tan pequeños que ni vale la pena nombrarles.
La sopa no iba quedando sabrosa, todos habían metido su cuchara y, según estándares 4T, era comible. Pero de pronto empezó a oler raro, en nuestra sopa había fideos, fideos chinos. China empieza a atravesarse entre los socios del T-MEC. Independientemente del impacto que China tiene en la dinámica económica y comercial de Norteamérica, sabemos que a Trump y varios de sus colaboradores más cercanos les causa una verdadera rabia las relaciones comercies y de amistad que puedan darse entre sus dos principales socios comerciales con el gigante chino.
Otra vez México ha reaccionado ante este escenario y ha dado pasos para distanciarse de China (lo que sucedió en la Plaza Comercial de Izazaga no vamos a considerarlo ni siquiera un paso, aunque Marcelo busque darle una dimensión de global), pero de nuevo, éstos están lejos de ser lo suficientemente firmes, no están teniendo impacto en la retórica estadounidense y más si consideramos que en Canadá acaban de imponer aranceles de 100% a los automóviles eléctricos importados de China.
Y ya que estamos hablando de nuestros amigos canadienses, aunque últimamente ellos no nos consideren así, vale la pena voltear a ver lo que están haciendo por allá para lidiar con el próximo inquilino de la Casa Blanca. Además de los aranceles, también han llamado la atención cantidad de las voces en Canadá que claman por echar a México del T-MEC, o cómo se han ofendido cuando desde Estados Unidos algunos legisladores los comparan con México, no sólo se están distanciando de China, también lo están empezando a hacer de nuestro país. Pero sin duda, la nota se lo lleva lo que sucedió el fin de semana.
El primer ministro canadiense, Justin Trudeau apareció, así todo casual, sentado junto a Trump en una cena en Mar-a-Lago, Florida, junto a otras diez personas y que duró alrededor de 3 horas. Un movimiento muy elaborado, ya que los medios y los observadores sólo se enteraron de esto cuando uno de los presentes subió la foto a las redes sociales.
Además de Trudeau, en la mesa había dos personajes canadienses claves, el ministro de Seguridad Pública LeBlanc, responsable del control fronterizo del país, y la jefa de asesores Katie Telford. Trump sentó a Howard Lutnick y Doug Burgum, próximos secretarios de Comercio y del Interior; y a Michael Waltz, futuro asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.
Según algunos medios, Trudeau realizó un manejo muy cuidadoso del tema, sin confrontar a Trump. La respuesta oficial vino de su ministra Chrystia Freeland, quien sólo habló de la relación comercial, muy ventajosa para los países; no dio más detalles de lo que se habló durante la cena. En declaraciones off the record, todo parece indicar que los aranceles generalizados terminarán imponiéndose, pero también indican que gracias a la reunión, Trump parece dispuesto a negociar excepciones.
En esta cocina Mexicana Montessori donde cada quién agrega a la sopa lo que place, Marcelo ya salió a decir: “México se mantendrá firme, no correrá con Trump como Trudeau”, una declaración cuando menos desafortunada, sobre todo viniendo de quién ya sabemos se dobla… como se dobla.
No soy un fan de ninguno de los gobiernos que hay en América del Norte en este momento, pienso que todos están quedando mucho a deberle a sus ciudadanos, pero evidentemente a mí me importa lo que México pueda aprovechar o sufrir a partir del entorno que se está conformado, si queremos afrontarlo mejor es necesario revisar con sentido autocrítico lo que sucedió estas dos últimas semanas y cómo podemos lidiar y avanzar en esta tóxica relación norteamericana.
Mientras que desde Palacio Nacional estemos cocinando una sopa en la que todos los que tienen chaleco guinda meten su cuchara, sin siquiera tener idea de qué se cocina, les recuerdo que apenas salieron a relucir Cuba y Venezuela como parte de nuestra estrategia de negociación, será muy difícil lograr que Donald Trump pueda tomar un plato y disfrutarlo con sus amigos mexicanos.
No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que si en esa mesa de Mar-a-Lago en Florida en lugar de los canadienses hubieran estado sentados Claudia Sheinbaum, Omar García Harfuch y el flexible Marcelo con Donald Trump y sus futuros secretarios, hoy tendríamos una posición negociadora más capaz y respetada para los futuros desafíos. Yo no sé de política internacional, pero tengo algo de sentido común, y si ya vimos que las llamadas son un juego de teléfono descompuesto, las cartas y las mañaneras ni las recibe Trump, pasar a una acción más asertiva, como reunirse personalmente, podría ser lo que estamos necesitando. Al día de hoy, y desde una mañanera, nos enteramos de que no hay fecha para una reunión entre nuestra presidenta y Trump.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










