De entre todos los temas sobre los que podríamos escribir para iniciar el año, y que ya tenía medio trabajados, he terminado por empezar uno nuevo apenas el lunes.
Llevo días revisando las últimas entrevistas de Donald Trump para tratar de entender el posible impacto de sus amenazas para México, también me di vuelo leyendo todo lo que encontré sobre la toma de protesta del impresentable dictador Nicolás Maduro, me divertí con las broncas dentro de morena por los plurinominales, y me preocupó bastante el nivel de violencia con que inicia el año en casi todo el país, sin dejar de repasar la remontada, una más, y liderato del Real Madrid. El caso es que temas había y pinta para que el año esté muy movidito.
Pero es que el lunes nos caen con una noticia que echó por la borda todos mis planes para la columna de esta semana, y no es que sea algo especialmente trascendente, es una más y no debería de sorprendernos. Pero es que no aprenden ¿De plano son tan tontos? ¿O será otra cosa? ¿Un deseo reprimido?
Mejor me explico, el lunes pasado, durante este show mágico y trágico que es la mañanera, nos anunciaron que el gobierno ha creado una armadora de autos eléctricos llamada OLINIA. Con capital estatal y privado, expertos del nivel de los que le dieron vida a la vacuna patria y diseñaron los ventiladores durante la pandemia, “transformarán” la electromovilidad mexa con tres modelos de autitos de pilas (no es despectivo el término, vean los dibujos de sus modelos), cuyo precio, dependiendo el modelo, será de 90 mil a 150 mil pesos.
Uno de los sectores más competidos, despiadados e inciertos es el de la electromovilidad, el gigante alemán VW está ahora mismo redefiniendo su futuro, tomando doloras decisiones en medio de una batalla comercial que le está poniendo contra las cuerdas. Desde Japón nos enteramos de que Honda y Nissan, más los que se sumen, se fusionarán para afrontar la durísima competencia tecnológica y comercial de las empresas chinas. La mismísima Tesla cierra 2024 con su primera caída de ventas desde 2011.
Este es el sector en el que OLINIA busca hacerse un huequito, bajo una estrategia que mentes brillantes dentro de la 4T “diseñaron” para atender los problemas de movilidad entre las clases más desfavorecidas en nuestro país. Mientras que las sociedades más vanguardistas del mundo le apuestan a una red de transporte público con amplia cobertura, eficiente, segura, limpia, aquí vamos nosotros a fabricar autitos baratos que en unos meses serán chatarra altamente contaminante.
Y no se trata de tener, o no, fe en nuestros científicos, básicamente lo que encarece a los autos que se enchufan es la tecnología de sus baterías. Los americanos, europeos y asiáticos llevan años desarrollando esta tecnología y aún deja mucho que desear, imagínense que a nosotros apenas se nos ocurrió apenas, durante una posada del bienestar, que hay que entrarle a la moda de la electromovilidad. Siendo serios, imagino que nuestras instituciones educativas llevan años desarrollando e investigando sobre el tema, pero la diferencia de recursos destinados a esto, con respecto a las grandes empresas automotrices, nos pone el tema muy cuesta arriba.
Pero supongamos que sí tenemos la tecnología para competir, o que hicimos un súper acuerdo con algún socio chino y que a Trump le parece padrísimo. Aun así, cualquier emprendedor o empresario podría entender el enorme reto que está implícito en una aventura de este calibre, no sólo es cuestión de dinero o tecnología, ser empresario y manejar exitosamente una empresa requiere de conocimientos y cualidades no tan sencillas de encontrar, y menos en la 4T.
Y créanme que entiendo perfectamente que, al ser una empresa pública, su enfoque principal no está en las utilidades, su objetivo es atender una necesidad que no puede ser cubierta bajo los parámetros empresariales tradicionales, por lo que se les concede alguna pérdida razonable, siempre y cuando este servicio/producto/beneficio llegue a un sector social que lo requiere de forma importante. El tema es que aún con esta “concesión” los gobiernos son unos empresarios terribles, los peores, no tienen idea de lo que hacen y todo lo que tocan, por incapacidad y corrupción, lo destruyen, y no sólo la 4T, esto ha pasado con todos los gobiernos.
Parecía que ya medio le habíamos entendido y en los últimos años poco a poco el gobierno se estaba saliendo de las empresas y mejor se dedicaba a regular su operación y verificar que los empresarios no se pasaran de lanzas, cada uno a lo suyo. Pero es que la Cuarta Transformación no entiende que no entiende, amparados en “otros datos” se lanzan sin preparación en aventuras empresariales ruinosas para las finanzas públicas, se juegan nuestra lana y ni siquiera son capaces de otorgar el bien o el servicio para el que fueron creadas. Para ejemplos tenemos Dos Bocas, la refinería que costó el doble y va a refinar, cuando lo logre, la mitad. También está el Tren Maya, Gas Bienestar, Banco del Bienestar, Birmex, y la más reciente MEXICANA de Aviación. En un universo diferente, después de éstos y otros evidentes fracasos empresariales del gobierno, habrían aprendido la lección y varios funcionarios estarían en la cárcel, pero en este universo cuatroteísta no. ¿De plano son tan tontos, o como decía al principio, hay algo más?
No les voy a decir nada que no sepan; la 4T y los empresarios mexicanos tienen una relación complicada, por decir lo menos. Desde el inicio del mandato del presidente López Obrador el sector empresarial ha sido uno de sus punching bag favoritos, bajo el apelativo genérico de la “Mafia del Poder” los responsabilizó de sus propios errores y los de sus funcionarios. Los acusó de armar complots en su contra y usó a sus voceros afines para desprestigiarles. En este grupo integró a destajo, y según el humor del día, a mexicanos con aspiraciones de progresar, emprendedores, empresarios, a empresas y a sus directivos, a la clase media en general, algunos medios de comunicación y periodistas críticos, etc. Pero esta diatriba diaria, replicada en algunos estados y secretarías, también era terapéutica, a través de ella el presidente, algunos gobernadores y funcionarios públicos, parecían poder aliviar esa fobia empresarial que los envenenaba.
Pero cada fobia esconde una filia, ¿Cómo es que estos políticos con perfil de izquierda, que en sus palabras y sus acciones desprecian la actividad empresarial y a los empresarios, tienen tantas ganas de convertirse en empresarios?
¿Cuál es la necesidad de crear empresas destinadas a fracasar y convertirse en barriles sin fondo de los recursos de todos los mexicanos? Si tantas ganas tienen de ser empresarios, si se sienten con “vena emprendedora”, salgan del clóset y conviértanse en empresarios de verdad, arriesguen su propio dinero y jueguen con las mismas reglas con las jugamos todos. Si no se sienten capaces, entonces dejen de jugar al empresario con la lana de todos los mexicanos, esta es una actividad seria y México no pude darse el lujo de estar desperdiciando más recursos.
No pasa nada si de una vez reconocen que el sector empresarial es fundamental para el desarrollo social, que la generación de empleos y la creación de valor por parte de las empresas son los verdaderos vehículos de transformación.
¡Un abrazo!
Los leo en X: @RubenFurlongM










