Las denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos del pueblo venezolano y de la oposición política aumentan y Nicolás Maduro Moros va perdiendo el respaldo de sus aliados y los líderes políticos de América Latina.
La diferencia entre el dictador que pretende detentar ilegalmente el poder en Venezuela es que Edmundo González Urrutia, presidente electo, sí cuenta con las actas del sistema de elecciones de su país, que comprueban la voluntad de los votantes a su favor.
Esta semana, fueron entregadas al gobierno de Panamá, las actas que María Corina Machado, lideresa opositora al régimen, ha denominado «actas de la verdad», mismas que se mantendrán en las bóvedas del Banco Nacional hasta que regresen a Venezuela.
Aún con todas estas pruebas hay países que han reconocido a Nicolás Maduro como presidente legítimo, casualmente, algunos de ellos que han recibido de este país grandes dividendos de la miseria, la expulsión y la muerte.
El respaldo al sucesor de Hugo Chávez, la encabezan Rusia y China, así como Irán, Corea del Norte, Turquía, Cuba, Nicaragua, Bolivia o Catar, al contrario, Estados Unidos, Canadá, Argentina, Uruguay, Paraguay, Costa Rica, República Dominicana o Ecuador, reconocen a González Urrutia como el legítimo mandatario.
De México sigue firme la intención de enviar a un representante a la toma de posesión de Nicolás Maduro este día, mientras que Colombia se mantiene en esa posición, con lo cual estarían respaldando las intenciones de quien no ha logrado comprobar al mundo su legítimo triunfo, a pesar de que estas naciones han solicitado una verificación independiente de la elección.
En este punto sorprende la fragilidad de las democracias del mundo y el continente, y el riesgo que significa que cualquier persona pueda detentar el poder a costa de lo que sea, que tenga facultad de secuestrar sin repercusiones, torturar y asesinar sin castigo, o robar las elecciones de algún país usando la violencia sin intervención de alguien.
Lo que pase en Venezuela repercutirá sin duda alguna en la reconfiguración política de la región.









