Nunca fui un gran fan del Chavo del 8 ni de ninguna serie en la que repetían exactamente el mismo guion semana a semana, me parecía absurdo que con hacer variantes mínimas dieran por hecho que esto provocaría risas o diversión eterna a los espectadores. Nunca entendí dónde estaba la gracia, después de verlo una vez ya sabías cómo iría cada episodio, por muy “chistoso” que fuera abofetear a Don Ramón cada vez que el Chavo hacía una travesura, el gag debería agotarse en la tercera o cuarta repetición, pero no, el programa duró décadas en el gusto popular repitiendo la misma fórmula. Mi única explicación era que la escasísima oferta de la televisión abierta dejaba sin opciones a la audiencia y terminaban consumiendo lo que hubiera. Hoy, con la cantidad de canales de televisión abierta y de paga disponibles, con youtube y otras plataformas la oferta es infinita, buena y mala, pero cuando veo lo que la población termina consumiendo masivamente descubro que nunca entendí nada de la comedia en televisión. Así que dejé de pensar en ello, yo veo lo que me gusta y fluyo sin juzgar entre los gustos de los demás.
Hasta que caí en la cuenta de que este apetito nacional por divertirnos con la repetición infinita de situaciones absurdas y chuscas está siendo aprovechado por nuestros políticos para sus propios intereses en detrimento de los nuestros.
Miren, el chascarrillo inicia cuando el político en turno ubica a su Don Ramón, que puede ser una persona, un proyecto, un organismo o institución que se le ha atravesado entre ceja y ceja. Las razones de esta animadversión no tienen necesariamente una lógica, puede ser porque no les gusta, por envidia, porque contraviene sus intereses, por rencor acumulado, venganza o simplemente porque puede. Una o varias de estas razones llevan al político a ser un gandalla con su Don Ramón, lo quieren dañar, exhibir, destruir, quitarle lo que tiene o controlarlo. Es decir, le pegará un bofetón, algunas veces sin deberla ni tenerla.
La bofetada viene generalmente en la mañanera, donde a Don Ramón se le acusa dramáticamente por actos de corrupción, traición, conservadurismo, mirar feo, malas compañías, aspirar a más, etc. Acusaciones públicas, casi siempre sin pruebas y sobre todo, sin presentar las denuncias correspondientes ante la autoridad competente. Para que la bofetada provoque el giro exagerado del cuerpo que debería conseguir más risas de la audiencia, los periodistas de caricatura afines y ejércitos de bots harán resonar las acusaciones y se inventarán algunas locas historias que pudieran darles más fuerza mediática. El final del chascarrillo viene cuando el político obtiene lo que busca, la mayoría de las veces, Don Ramón debe apechugar porque el bofetón le da muy poca oportunidad de explicar o defenderse.
Este chiste no es nuevo, pero se repite más que nunca desde hace casi siete años, las variaciones son mínimas, el cambio más evidente está en quién interpreta a Don Ramón, nunca olvidaremos el bofetón al NAICM y el multimillonario costo que conllevó para todos los mexicanos, o el que le dieron a las Estancias Infantiles y cómo repercutió en las madres trabajadoras, y qué me dicen del que le dieron al modelo de compra consolidada de medicinas que, aunque seguramente era mejorable (había provocado ahorros por más de 17mil millones del 2013 al 2018), con semejante cruzado de izquierda provocaron un criminal desabastecimiento de medicinas cuyas consecuencias aún estamos calculando.
También le han asignado este nefasto rol a instituciones de la talla del INE, el CONACYT, órganos autónomos, magistrados, poder judicial, suprema corte, universidades, catedráticos, escritores, periodistas, organizaciones de la sociedad civil, empresas, empresarios, etc. Las cualidades para tomar el papel son simples y no hay que solicitarlo, se asigna a capricho o interés del político. Es increíble que después de tantos bofetones, no hay prácticamente nadie acusado formalmente, las pruebas que alguna vez se esgrimieron eran también parte del chascarrillo, sólo es un show para denostar y amenazar mientras entretienen a las audiencias más fieles.
Hoy se repite por enésima vez el chiste, el papel de Don Ramón recae en un organismo que ha cumplido medio siglo apoyando a los trabajadores para que compren su casa. Sí, van por el INFONAVIT, una institución propuesta por el sector privado ante la necesidad de impulsar el acceso de los trabajadores a un hogar digno desde la vía institucional, otorgando créditos por medio del trabajo formal.
En sus 5 décadas de existencia el INFONAVIT ha otorgado más de 12 millones de créditos. Su estructura tripartita ha permitido promover el diálogo y equilibrar la toma de decisiones entre los trabajadores, los empresarios y el gobierno. Seguramente es perfectible, pero es un muy buen ejemplo de cómo el diálogo y el trabajo en equipo permiten que los grandes desafíos de nuestro país se atiendan por medio de acuerdos para el bienestar de los mexicanos.
Pues a alguien no le gusta que el INFONAVIT funcione así o necesita algo de él. El caso es que han decidido que hay que meterle mano. Pero eso no se puede, está prohibido, por lo que han empezado por encender la aplanadora legislativa para cambiar las reglas del juego y poder hacer lo que a juicio de la 4T es mejor para el dinero de los trabajadores.
Evidentemente las alarmas saltaron, en el INFONAVIT se concentran casi dos billones de pesos en activos que quedarían a disposición de los creadores del déficit más grande de los últimos años y de éxitos financieros como el AIFA, Dos Bocas y el Tren Maya. Y que ahora quieren manejar estos activos que son el producto de los ahorros de millones de trabajadores, con nombre y apellido.
Ante la alarma, argumentos en contra y protestas de los sindicatos de trabajadores y el sector empresarial, el gobierno inició el “bofetón”, nuevamente en la mañanera han destapado “redes de corrupción”, ahora en el INFONAVIT, involucrando a empresas, notarios, organizaciones y personas. Los periodistas y los bots han sido aceitados y están empezando a funcionar, ahí vamos una vez más.
Sin duda, ir por los ahorros de los trabajadores es un movimiento audaz, seguramente hay mucha necesidad de recursos, y debe estar calculado a partir de que la audiencia más leal a la 4T, que irónicamente está en gran parte conformada por trabajadores que tienen sus ahorros en el INFONAVIT, disfruta de este show de bofetadas aun cuando es afectada directamente, como en el caso de las guarderías o el desabasto de medicinas.
Argumentos a favor y en contra de este avance autoritario para controlar al INFONAVIT hay por montones, vale la pena echarse un clavado y revisar distintas posiciones. Por un lado, es imposible negar que este instituto ha cumplido y obtenido resultados importantes, pero también es cierto que una institución con más de 50 años debe ser revisada a fondo, detectar y denunciar las prácticas de corrupción en ella, actualizada y mejorarla con base en argumentos. Pero la sociedad esta tan polarizada que los argumentos no tienen peso, todo se valora desde la perspectiva que tenemos en el lado en el que nos encontremos y entonces termina imponiéndose quien tiene la sartén por el mango. Y lo peor es que los trabajadores dueños de estos ahorros, seguramente por su afinidad con el tipo de comedia que maneja la 4T, mirarán el show a carcajada suelta sin comprender la magnitud de este bofetón en sus vidas.
Yo no alcanzo a entender las verdaderas razones del gobierno en todo esto, ya no creo en las buenas intenciones, igual y me equivoco, pero a simple vista es muy burdo lo que intentan. Al igual que con el Chavo del ocho, siento que ya sé qué pasará tras el bofetón y no me hace gracia, no creo que sea un buen chiste, menos después de repetirlo tantas veces.
Pero igual y lo que pasa es que no entiendo nada de la comedia que disfruta la mayoría. Mientras tanto, espero y deseo que todos aquellos trabajadores que resultarán afectados tengan muy claros los cambios que impondrá la 4T en el INFONAVIT y el impacto que éstos tendrán en sus aspiraciones y las de sus familias, porque en este tipo de comedia sólo se divierte de verdad el que pega el bofetón.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










