El 8 de marzo se ha convertido en un campo minado, significa tanto y es tan complejo que termina siendo un día del que nadie sale bien parado, créanme nadie, ni siquiera la primera mujer presidenta en la historia de México, que ante las protestas por su desempeño en temas feministas se ve obligada a blindar Palacio nacional, exactamente igual que como lo hacía su antecesor, alguien reconocido por su poca empatía hacia las mujeres de los sectores más vulnerables.
Tampoco les va bien a las mujeres que cada año salen a marchar perfectamente ataviadas de morado para la ocasión, con mensajes que riman en cartulinas que lucen muy bien en Instagram, éstas suelen ser duramente criticadas por otras mujeres, las que pertenecen al ala dura, ya que las consideran insuficientemente feministas y comprometidas con la causa, mientras ellas sí demuestran su “compromiso” pintarrajeando inmuebles o rompiendo aparadores.
Las mujeres con perfiles más públicos, ya sean políticas, periodistas, intelectuales o activistas, que se involucran o se apersonan en este día tampoco salen bien paradas, pareciera que todas hacen algo mal o no están a la altura de esta situación, sus luchas o trabajo de décadas ese día no vale. A las organizaciones de la sociedad civil no les va mejor, cada año vemos como, infructuosamente, las ONGs, colectivos, instituciones, cámaras, etc., hacen su mejor esfuerzo, publicando sus avances en esta lucha, actualizando los retos, proponiendo estrategias, etc., pero nuevamente ninguna pareciera que está a la altura a alguien.
Es como si para apoyar el feminismo se debiera cumplir determinados requisitos, que varían de acuerdo a quién reparta estos “carnets imaginarios” de la propia facción, provocando descalificaciones y fracturas entre estos distintos feminismos que a juicio de alguien más les falta o les sobra algo.
Lo dicho, nadie queda bien, es un campo minado. ¿Y si para las mismas mujeres es difícil sumarse a su propia causa, qué nos espera a los hombres? Hay audaces que se atreven a intentar participar, pero generalmente no resulta nada bien. Personalmente pienso que este día en particular es una válvula de escape a una situación real, trágica, que nos cuesta mucho comprender y que no es mala idea retirarnos un poco para darle espacio, mientras somos empáticos, y entre todo el caos tratamos de escuchar y aprender.
Eso no quiere decir que no sea un tema que no deba abordar, sin querer meterme en donde no me llaman, pero desde el respeto y con mi perspectiva empresarial, puedo ayudar a entender dónde estamos y lo que el sector productivo organizado esta aprendiendo y trabajando para atender los desafíos implícitos en la búsqueda de la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral y empresarial.
Podemos partir de que el sector productivo tiene perfectamente claro que el crecimiento económico y la competitividad dependen de entornos laborales equitativos e inclusivos. Que esto requiere que en las empresas sigan mejorando las condiciones laborales y salariales de las mujeres, promoviendo buenas prácticas y apoyándose en políticas públicas que fortalezcan la igualdad de oportunidades.
En un país donde la gran mayoría de los empleos provienen de la informalidad, una condición laboral en la que los trabajadores carecen de protección y derechos, esto repercute con más dureza en las mujeres. El 73.5% de las trabajadoras carece de beneficios esenciales y el 31.9% padece inseguridad alimentaria, en contraste con el 27.6% de los hombres. Sólo este dato nos debería obligar a dar respuestas coordinadas y urgentes para alcanzar una equidad que verdaderamente sea transformadora.
En México hay más de 64 millonesde mujeres; más o menos la mitad de la población, sin embargo, su inserción en el mercado de trabajo es de un poco más del 45%, mientras que para los hombres estamos en un 75%. Es un balde de agua fría que se congela cuando analizamos los ingresos; por cada peso que los hombres ganan, las mujeres reciben tan solo 81 centavos, una brecha salarial que viene a romperle la madre al progreso económico y social de las mujeres y de las familias.
Hay un dato más que quiero compartir, cuando revisamos el empleo formal vemos que ocupa al 45.9% de los hombres y al 44.6% de las mujeres, y aunque no es como para echar campanas al vuelo, podemos darnos cuenta que es en las empresas establecidas formalmente donde la brecha se ha venido reduciendo. Es claro que para que en México las mujeres puedan contar con más oportunidades en condiciones laborales equitativas y de calidad, pasa también por promover la formalidad laboral e impulsar la creación y crecimiento de las MiPyMEs.
Es contrastante que mientras en el trabajo formal las cosas van avanzando, en el ámbito del liderazgo corporativo sólo el 2.9% de las mujeres son empleadoras, frente al 7.0% de los hombres. Y que tan solo el 13% de los asientos en los consejos de administración de las empresas está ocupado por mujeres. Una representación insuficiente que subraya la necesidad de impulsar políticas y estrategias que fomenten la inclusión de la mujer en los altos cargos, garantizando que su talento y contribución sean valorados.
El aporte de la mujer a la economía va más allá de su desempeño en el sector formal, no podemos voltear hacia otro lado, las labores domésticas y de cuidado, son asignadas desproporcionadamente, y constituyen un trabajo esencial que, de ser valorado, representaría el ¡26.3% del PIB! En México, las mujeres destinan en promedio 63.7 horas semanales a estas actividades, en contraste con las 33.8 horas que se asignan a los hombres, lo cual evidencia una inequidad en la distribución de responsabilidades en el hogar. Esta responsabilidad adicional no solo repercute en el bienestar personal, sino que limita las oportunidades de ascenso profesional y de participación plena en la esfera económica.
Aunque nadie sale bien parado, en parte por todo lo que falta por hacer y la urgencia por hacerlo ya, sin duda hay avances, las organizaciones empresariales, especialmente la COPARMEX reconoce que la presencia de mujeres ha evolucionado significativamente en sectores estratégicos, evidenciándose en la política, en la ciencia y en altos escalafones de las grandes empresas. Es consciente de que el camino hacia una participación equitativa en la toma de decisiones aún es largo y requiere esfuerzos continuos. Y aunque celebran los logros alcanzados, al mismo tiempo, entienden la urgencia de profundizar en aquellas acciones que garanticen un entorno más inclusivo y justo. Hacen propuestas de políticas públicas y estrategias empresariales que generen entornos seguros para las mujeres en el sector empresarial. Impulsan iniciativas que reconozcan y apoyen su talento, facilitando su acceso a la formación y a redes de contacto que potencien su liderazgo, acciones concretas dirigidas a incrementar la visibilidad y la incidencia de las mujeres en las áreas estratégicas de nuestra economía y sociedad.
Empezando por casa, la COPARMEX Nacional está a la vanguardia, hoy la Secretaría General de COPARMEX está a cargo de una mujer y el 75% de los Centros Empresariales tienen a una directora. Además, el 23% de las presidencias de los Centros Empresariales están ocupadas por mujeres, Puebla es una de ellas, y el 38.4% de las vicepresidentas nacionales son mujeres.
Cifras muy por arriba de lo que se vive en el país, y en un mundo como el actual esto estaría como para presumirles, pero hay que ser claros, pienso que aunque en mi COPARMEX hemos venido escuchando y aprendido desde hace muchos años, diseñando políticas para provocar espacios seguros y de participación equitativa, impulsando políticas de equidad e igualdad de oportunidades en nuestras empresas socias, el resultado que ahora se viene dando tiene que ver también con una premisa sencilla, privilegiar el perfil profesional y humano, sin pensar en cuotas buscamos a la mejor persona para la posición.
Y para ejemplo voy a poner a mi querida COPARMEX Puebla, en números redondos somos una organización que representa alrededor de 750 empresas, el 22% de éstas es dirigida por una mujer. Tenemos claro que los tiempos que corren son muy complejos para las organizaciones de la sociedad civil, en particular las empresariales. En ese difícil contexto, los socios de COPARMEX estuvieron de acuerdo, por unanimidad, en que la mejor persona para presidirla era una mujer, y nadie, absolutamente nadie dentro de la organización se sorprendió de ello. Una declaración de igualdad, simple, directa y ejemplar.
Aunque hay avances, todavía queda muchísimo por hacer si queremos que algún día el 8M sea considerado como una celebración. Por lo que toca al sector empresarial, refrendamos nuestro compromiso con la equidad de género y la convicción de que la diversidad en la toma de decisiones es clave para construir un sector empresarial innovador, competitivo e incluyente.
A través de nuestro trabajo, apostamos por acompañar y promover iniciativas que impulsen la participación activa de la mujer en espacios de toma de decisiones. Creemos firmemente que potenciar el liderazgo de las mujeres es fundamental para alcanzar un México con Desarrollo Inclusivo y una mayor competitividad, consolidando un futuro en el que cada decisión se tome desde la equidad y el reconocimiento del valor transformador de la mujer en México.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










