A primera vista, lo que ha ocupado a la presidenta el último par de semanas es lo que, queridos amigos contraintuitivos, dedicados al marketing político, llamarían “un mal manejo de crisis”. Justificado, sea por la ausencia de reflejos o falta de un buen equipo con la experticia y “know-how” mínimos, pero no responder adecuadamente al “hallazgo” de Teuchitlán, ha tenido costos negativos en el “posicionamiento” de imagen de “la primera mujer en llegar a la presidencia de México”.
Peor aún, tras el mitote que se organizó el 9 de marzo, compitiendo por el fin de los carnavales contra “las que no llegaron con ella”, permite se le enjareten desdén, indolencia o displicencia como rasgos. De tal que llamarlo “narcofest” dejó de ser otra burrada de derechosos y malquerientes: hizo del “negativo” apodo. No han sido pocos los jefes de despachos y ejecutivos de cuenta que han alertado de todo ello, dejando sus datos vía la degradación que ofrecen las redes. Otros, a la “izquierda” liberal y de onanista delirio como “oposición leal,” han subrayado que no se debe maquillar la situación, ni ignorar se dejó entrar a las colectivas al rancho con toda la intención de golpear, y que muy probablemente sea un trabajo interno. Consecuentes con su posición política, advocan por la “reducción del daño”. Si el primero supone tratar “lo político” como mercadeo y los segundos a las personas como adictos, no agotan el espectro. Ambas posiciones están en lo aparente y si ello fuese “reflejo” de lo real, “los analistas críticos de la realidad social” (desde los mairos de la sección XXIII de la CNTE, hasta los que estamos pasmados a causa del parito, y una serie más larga de malcontentos) seriamos absoluta en vez de relativamente irrelevantes.
Simplemente son demasiados días sin cambiar el rumbo que pasó de ignorarlo a minimizarlo, para después irse con la acusación de conspiración, mientras se traba pleito con las colectivas de mamachas buscadoras. Eso permite suponer que sí se discutió dentro del grupo o grupos de asesores y consultores. Independientemente de lo que pueda pensarse de sus capacidades, motivos y alcances (y sólo el mArmando Bartra tuvo alguna vez medio cerebro funcional, cierta agilidad mental, además de generosa disposición), el hecho es que mientras más pasan los días más parece que, emulando a su “pelador supremo,” decidieron que “les cayó como anillo al dedo”. ¿Para qué o cómo? es lo pachón. En primer lugar, a diferencia de la presión gandalla que aplica Trump, esto es de una escala que pueden manejar bien, pasándose de chorizos. Es un escenario “a calzón quitado”, en el que “está el lodo como pa el marrano” y que no dejarían pasar. Permite, en una perversa lógica, aprovecharse para distraer al irrespetable y embrutecidas audiencias, no sólo las suyas, contra un enemigo insignificante. No es que les sean incómodas las madres buscadoras, es que las consideran enemigas “del movimiento”. Esta es la oportunidad de desenmascararlas, que si querían saber quién es más “conchuda” pos “a ver de qué cueros salen más gonorreas.” Concha y conchudas lo estoy usando en el sentido mexicano y no sudamericano. Porque, ha de decirse que se necesita mucha pa andar denunciando cuando no uno o dos, ni siquiera una minoría reducida sino parte significativa de los desaparecidos andaban en la maña. Así se lanzaron conta la lideresa “sonsorense” cuyo par de bodoques por los que pena como “la llorona” eran criminales a sueldo. No sicarios, que eso es mucho para tales matarifes, viles asesinos nomás. Este es un juego arriesgado, pero no del todo errado. Por un lado, la simpatía por las madres buscadoras está en el marianismo tan caro a los católicos, pero no por eso dejan de ser lo que han sido y serán. Sí, toda madre debe poder enterrar a sus hijos, no sólo en tal tradición sino en todas las prácticas religiosas y seculares del mundo. Eso ni los redime ni reivindica, cuantimenos absuelve, acaso muestra la superioridad de la sociedad y régimen que lo permite, subrayando la “condición” de esas familias. La presidentA puede usar “virgencitas” como accesorios en tanto artesanías que son, pero no está atada a la confesión de la mayoría que votó por ella. De ahí que tampoco tenga que reconocerles más. En sí, hace mucho con dejarlas andar jodiendo la marrana, pues la ley es atea, no laica, y los cadáveres—independientemente del barbarismo que implica—carecen de sacralidad. Pueden, en la última instancia, considerarse desechos. Así pasó con “Pozolero” y por eso en menos de cinco años regresó tan campante a su papel de instructor de matarifes. Si este albur lo pararon bien el resultado es aún incierto.
Son los medios, que tienen en las madres buscadoras a una caja de resonancia amarillista, quiénes las defienden. En las redes menos, por parte de civiles, mientras que se van sumando los chistes obscenos al respecto. Uno de ellos, es banalizar al matadero en su relación con otros como “cholocausto”. La primera mención que leí en la red social X-Twiter fue en la cuenta de un pocho escribiendo en inglés. Prendió en un nicho sociodemográfico no sé si predecible pero reconocible: “onvres con cierta actitud”. Es, a las claras, respuesta al despropósito de llamar a ese matadero “el Auschwitz mexicano” y asociadas ridiculeces. No sé si aplique explicar por qué no lo es, pero pensemos nomás en “escala”. Podríamos añadir otros criterios como la intimidad de los “procedimientos”, pero si a algo se parece es a Ruanda (1994), no a Alemania-Polonia de los 1940s. Sin embargo, lo importante acá es la chaquetera banalización. En ella incurrieron y siguen de asquerosos, ad nausea, una sarta de comentócratas, pandits y agoreros retrasados, que tomaron a las exhibiciones que han visto en museos no como muestras sino como el todo de “el campo”. Qué decir, parroquiales, aldeanos, provincianos y cretinos, buscaron “imponer” su “narrativa” (sic[k]) a cuanto chupapaletas subnormal y oligofrénico la repitiese. Aquí, en el abuso del término “cholocausto” como burla, desmadre y también desborde se exhibe el lazo que hace a ese pocho más mexi que mexa y es a través del goce excesivo (Jouissance) que se “sintoniza” con los que no se tragan ninguna paparruchada, con aquellos a quienes no se les pueden contar cuentos, ni se asumen como tarados “políticamente correctos”. Derivado de un realismo atroz, saben oler lo podrido y cuando se ha malogrado otra manfirulada. No sólo desde quiénes “anónimamente” dieron el pitazo, permitiendo el acceso, así como si nada a un matadero resguardado por el establo jalisquillo tras haberse asegurado por la guardia nacional. Al reportarlo importa poco la cadena de custodia sobre la evidencia, que la es sólo si el poder quiere (si se duda pos ahí ta el impresentable líder del senado explicándolo a sus bases). Lo que tenemos hoy, en la lógica de “a río revuelto ganancia de pepenadores”, son guiones baratos y borbotones de inmundicia. Nada de esto es necesariamente un efecto indeseado sino el ambiente dónde se siente mejor la coalición gobernante. Lo suyo es ir a lavar ropa ajena al río hecho drenaje, para zambullirse y chapalear, “hacer bucitos” y retozar con sus clientelas.
Con toda la perversión que da asumirnos como una “formación estatal” no país, clases enfrentadas a muerte, que jamás sociedad, sabiendo no ha cuajado ni se espera cuaje—en ningún lugar—la idea de “igualdad ante la ley”, es que es no sólo indeseable, probable y posible se esté dejando arder el infiernillo, suponiendo se va a apagar y olvidará hasta el que sigue. Como tal es una apuesta arriesgada pero no descabellada. Total, peores cosas han ocurrido en los quinientos y cacho años de “indigencia, originaria afrodescendiente y piojular” siendo las matanzas la lengua común de toda colonia de explotación. Lo que es más, puede servir para exhibir la debilidad de “la derecha” como “oposición” reducida al papel de plañideras. Ahí no se equivocan, pero suponer que tienen el control suficiente para que no prenda el arrabal es “muy mucho”. Si algo caracteriza a la formación estatal en su ubicua crueldad es el valemadrismo, “hacerle a la mamada”, así como que a la gente corriente le encanta y se entrega al drama. Peor, que no se sabe nadie deje de robarse el varo para los cortafuegos.
Foto de EFE
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