La industria automotriz es uno de los motores de la economía de México, el mayor productor de América Latina y el séptimo a nivel mundial.
Asimismo, representa cuatro de cada 100 pesos del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, y alrededor de 25 del manufacturero, de acuerdo con datos del INEGI.
El mismo instituto señala que en 2024, se exportaron 3.4 millones de unidades fabricadas en México, siendo Estados Unidos el principal destino de la producción de vehículos ligeros, con el 79.7 por ciento del total.
Se estima además que, por cada empleo directo de la industria automotriz, se generan entre cuatro y seis indirectos.
Ante estas cifras surge la pregunta sobre las acciones que emprenderá el Gobierno de México ante el anuncio de Donald Trump, de imponer aranceles a las importaciones del sector a partir del 3 de abril, ya que, para nuestro país significaría un duro golpe.
Entidades como Ciudad de México, Guanajuato, Estado de México, Puebla o Coahuila tienen en sus territorios un mayor número de unidades económicas dedicadas a la industria, por lo que el impacto sería mucho mayor que en el resto del territorio.
Ya se han hablado de los efectos de un posible impuesto como que los productos que se exportaran desde México serían mucho más caros, lo cual implica una reducción de la demanda. Otra de las consecuencias sería que las empresas decidieran mudarse a otra nación, situación que afectaría el empleo y con ello, la cadena de suministro se entorpecería.
Los especialistas también sugieren que otras secuelas podrían ser una mayor presión sobre el tipo de cambio y por consiguiente la devaluación de nuestra moneda frente al dólar, así como una recesión económica producto de la incertidumbre comercial existente.
Y mientras Estados Unidos toma decisiones unilaterales, la percepción es que México ha reaccionado tarde al huracán de amagos, y tampoco ha presentado un plan de acción para mitigar los posibles daños.
Las amenazas sobre nuestro país no sólo son internas, con una crisis de inseguridad que va revelando las consecuencias de la fallida estrategia de abrazos y no balazos para el crimen organizado, sino externa, con una evidente falta de capacidad para hacer frente a estos retos mayúsculos. Lamentable para México.








