Mucho se había anticipado. Dos de abril; el Trun revelaría no la naturaleza, nomás el calado de la dependencia de la suavena apátrida a los Estados Unidos. No económica ni política, total. Que la presidenta siga repitiendo jaculatorias sin sentido (“a México se le respeta”) da pena ajena. Por principio de cuentas, ¿qué puede querer decir?, para después, ¿en boca de ella? Una cosa es conocer y de vez en vez departir con banda acá “las cholas de Chalco”, otra querer hablar como ellas y sea creíble para alguien. De la misma manera que nadie admira la miseria de la ciudad de la mugre, tampoco la de la dependencia, sea en México o donde sea en el infracontinente sin armas nucleares ni posibilidad de imaginarlas. Al menos eso confesó el Cardoso ya como presidente del Brasil. Se trataba de mamar y dar de topes, pero ahora nomás parece les encanta escucharse en el registro pornográfico del asunto.
En esas estábamos, tratando de figurar cómo se encimaría la efeméride sobre la celebración de los avecindados en la Puebla del Malamor (por aquello del de 1867) cuando salió “la abuela” de Chalco (sin precisarse aún si es de esa demarcación, pero ciertamente al oriente de la Ciudad de México en el Establo). Si bien no se sabe aún suficiente, lo que se puede ver en el video viral es elocuente. Unos gandallas están alrededor de una planta de luz, supuestamente soldando pasadores a la puerta y correspondiente enrejado de protección de una vivienda. De un auto se bajan dos personas empistoladas. Un hombre relativamente joven con una escuadra cuyo calibre no es aparente (puede ser 38 Super, pero no sería tan raro una .380) y una mujer mayor con un revolver que debe ser 38 Special (pues los 32 son raros ya y conseguir tiros es más lío). Discuten con unos vecinos fuera de cuadro y sueltan un tiro de advertencia. Después el hombre va hacia la puerta, mientras que, en una conducta al inicio errática, la mujer se acerca al grupo de gandallas en que hay hombres y mujeres. De momento, así como si fuese posesión espiritual (Val Kilmer en su papel de “Chris” Shiherlis en la peli HEAT) quiero suponer, toma el control y sin errar un tiro ¡pum!, dispara contra los que, alegando, la estaban grabando. No contra ninguna mujer, apuntando después al segundo piso desde el cual los gritos de una confirman lo que podemos ver. La ñosca no sólo tiene buena puntería, parece que no se inmuta. Era algo que se tenía que hacer eficaz y desapasionadamente. Tal cual era y a lo que sigue. A partir de ahí todo serán mequerías. Que si el derecho a la vivienda, que “si debemos ser más empáticos” (reza la muletilla de chupapaletas, paleros y culicagados de abyecto limosneo de ONGs arrabaleras), que si la tía de las muchachas, que si todo en las redes se toma a coña, etcétera.
El hecho es que ante la ausencia selectiva de la autoridad y su asociación con organizaciones delincuenciales (algunas ya tallereadas para autodefinirse “con consciencia social”) no sólo permite, sino que estimula desenlaces así de grotescos. México no es especial en nada, cuantimenos en los procesos de retrogresión en marcha. Propiciados desde la alianza entre gobernantes y criminales, a todos los niveles, es claro que ciertos ciudadanos se van a armar. Y aquí no hago referencia a quienes tienen una retrocarga o central atrás de la puerta de entrada o al lado de la cama, sí a quienes hartos un día se hacen de una fusca. El mercado de armas nunca ha sido un problema ni tampoco es cosa de los gringos como dice el cretino que de tanto agacharse con el Trun muy ya todas las nalgas guangas se le ven. Si no llegasen por la frontera norte sería por la sur o cualquier puerto. Chetumal por muchos años gozó de prestigio, al entrar por ahí las del imperio británico y del bloque del este. Excelentes escopetas y rifles de caza, además de sofisticadas tronas se mercaban, que lo importante era nomás moverlas sin otro peligro que perderlas si la flota no se entendía con los soldados en improbables retenes. Para eso también se abastecían tiros por vía de la fayuca. Ahora sería más lógico Chiapas por el exceso de armamento en Centroamérica, derivado de sus guerras y un mercado pujante para las guardias comunitarias, rondas, autodefensas y demás paracos, al servicio de ojetes políticos surianos. El asunto es, principalmente cuando se ha llegado al límite de lo tolerable y ese varía dependiendo a qué se dedica cada quien. Los comerciantes, que deben pagar derecho de piso, están más expuestos que los burócratas y quienes viajan en chombi más que quienes van en su ranfla. Igualmente, quienes han de lidiar con qué escoria dónde y cuándo erosionan las consideraciones elementales de la posibilidad de una vida civil.
Ahora, el peligro no es que doña señora o cualquier hamponcete de la cuarta ande cargando cuete, es que, a la larga, en lógica reacción defensiva todo dios deba hacerlo (y entrenarse para su uso letal). Llegado el momento, no se podrá saber quién sí y quién no es un potencial tirador y pos, como decían las hermanas de mi bisabuela serrana, “de que lloren en su casa a que lloren en la mía…” secundado por el aún más perverso “del tambo te saco, del hoyo no.” Ninguno de esos dichos es invento ni es falso, tampoco se dan por generación espontánea, y mucho menos explicable por el lugar común del “deterioro del tejido social” de curas comunitaristas con sus serrallos de efebos intercambiables y ninfetas viejas. Podrá tratar de esquivarse el bulto, desde el gobierno de la coalición, argumentando que la violencia callejera no comenzó con este gobierno y es verdad, como que también es a éste al que le estalló la olla exprés con el mondongo. Cubiertos de mierda y sangre están pues. Toca se hagan otra selfie en el lugar de las ejecuciones, amén de que tiktokien su incapacidad, miseria y dolo, pues todos sabemos con quiénes han gobernado y ganado elecciones.
Foto: Captura de pantalla









