El principal efecto adverso de haber logrado carro completo en la elección del 2024, tanto en el voto directo para las alcaldías, gubernaturas, y presidencia, como el agandalle en la interpretación de la representación proporcional de las coaliciones por los serviles INE y tribunal electoral (así con minúsculas e incompleto) en el legislativo, es la ausencia de límites para morena. Ello es elocuente en la destrucción del poder judicial aún en curso. Nadie toma en serio tal elección, porque desde su inicio ha seguido la máxima de “todo al ganador”. Y el ganador ha decidido ir de desfiguro tras desfiguro, montando una farsa que—siendo demasiado—está por debajo del nivel de producción para las malogradas audiencias de Televisa, la fanaticada guadalumpenesca y el mismo fenómeno del “partidazo” (sea aplanadora del PRI o barredora morena).
“La oposición está moralmente derrotada” sentenció su bajeza autocrática y en su momento no parecía sino otra de sus bravatas. La oposición eran no sólo el predecible PAN con su base de provincianos en torno al changarro de dios, sino también los lastres del PRI y PRD, como restos del pasado. A futuro podría pensarse en MC como la forma de imaginar el oxímoron “derecha decente” con su comparsa de “izquierda universitaria”. Jugando con ambas, el partido se desfondó. Nunca ha tenido una posición ideológica que defender fuera del espantajo de “clases medias de ciudades grandes tierra adentro” y justamente por ser tan aberrante ha caído en descrédito. Nadie duda que sus cuadros son de escuelas privadas (de la razón), incapaces de ver más allá de los pagos de hipoteca, colegiatura y créditos de consumo conspicuo. Así, morena puede hacer y deshacer a su antojo. El problema es que mientras en el sexenio “originario” de 2018-24, no había duda quién tiraba línea, cantaba los tiros, y se la restiraba, al supuesto “segundo piso” de la tetranstornación le sobran espontáneos, diletantes e inspirados apuntados. De tantos envalentonados que hay, se duda que quién porta el bastón sepa sea un símbolo fálico, que demanda se blanda para con él den consejos, so pena de consecuencias.
Así, mientras que en la escala nacional se carece de una oposición política capaz, robusta, con claridad de miras y plan de acción, en lo internacional no se tiene con qué hacer frente a una integración, siempre ya abusiva, agraviante y gandalla frente a los Estados Unidos. Lo primero complica el mando, lo segundo la definición del rumbo. Al no tener adversarios político-ideológicos con lo cuáles pugnar, la coalición los genera entre los suyos. Así, desde los gobernadores, pero también funcionarios del gabinete federal y legisladores hacen lo que les sale de los hígados. Sea en plan caciquil o francamente criminal, pero no hay nada que los inhiba de probar los límites a su voluntad. Los ejemplos sobran, pero si antes había una obligación de “cerrar filas” para que la oposición no capitalizase ningún error o exceso, ahora queda ver con qué se puede salir quién para superarlo en bajezas. La caquistocracia dejó de ser burla onomatopéyica por uno de los apodos para el expresidente y se despliega con descaro. Ninguna ley ni principio los detiene, aupados por la crónica escasez presupuestal y ausencia de una figura por encima del partido y coalición, de un soberano decidiendo sobre todos los estados de excepción dentro del que él delimitó. Sin esa figura “providencial” y puestos a buscar cómo presionar, exprimir y usar “recursos extraordinarios”, hay un desborde que será necesariamente punto de quiebre. ¿Cuándo y cómo contra quiénes?, será también por entripado berrinche, capricho vengativo o coyuntura intolerable, antes que por plan o estructuralmente. Sin su líder morena no puede siquiera jugar a la farsa de ser partido.
Reiterar la dependencia respecto a los Estados Unidos no es sadomasoquismo. Es la condición de viabilidad para la formación estatal tras la derrota militar en 1848. Desde entonces el neocolonialismo inauguraría la vocación imperial de los vencedores, así como la condición de botín a la que fue reducida la otrora colonia de explotación virreinal que jamás pudo afianzarse como país fuera de episodios aislados. Convencer de lo contrario vendiendo baratijas ideológicas (de latón) es el trabajo de todos los políticos, condicionados por la convergencia de intereses (o su ausencia con los enemigos de siempre). Si bien hay periodos de relativo hartazgo del gobierno estadounidense por México, seguidos por involucramientos intensos, en sí la agenda es la misma en sus claroscuros. No es posible saber aún que tan (des)afortunada es la coincidencia de periodos presidenciales, tras las elecciones del 24. A primera vista el desenfrenado protagonismo del presidente Trump es una amenaza a la estabilidad en México. Al mismo tiempo, aunque para apreciarlo se deba dar un paso atrás, marca los linderos de lo posible contra lo deseable. Independientemente de lo agraviantes que puedan ser las caracterizaciones históricas y contemporáneas de la relación de dependencia neocolonial, pero en la impredecible confrontación por recuperar parte de lo perdido contra China, México jugará como reserva. No sólo de mano de obra y recursos naturales, también diplomática y políticamente.
Tales consideraciones dejan de ser ociosas al contemplar el desinterés por la elección judicial. Desde 1988 a la fecha, todas las elecciones presidenciales en México han generado morbo y emociones. Funden lo político con lo personal y tanto familias como amistades se tensan en derredor de la misma idea de participar. Las “intermedias” del legislativo movilizan al voto duro, pero tenían el chantaje moral de no dejar se diese ninguna “de calle”. Ahora, sabiendo que la de junio del 25 será la primera en su tipo y concediendo que, consecuentemente no hay contra qué medirla, lo que priva es el silencio conteniendo la burla. Quizás algún familiar o conocido, amix o colega piense ir a votar, pero la tónica dominante es que se reserven ese derecho. Aún entre los más duros pejezombies es de pena ajena se confirme carecen de voluntad. Sólo los impúdicos que usan las redes para intentar venderse, si y sólo si han recibido dinero o presiones se han declarado por tal o cual payaso de Twitter-X o bailarina de TikTok. De esta experiencia saldrán muchas lecciones, pero una parece inevitable. La coalición se va a partir para poder generar una oposición (trol) a modo que permita montar espectáculos mínimamente creíbles en sus odios y discrepancias, vendettas y marrullerías, para que los votantes no cautivos tomen bandos.
Así, uno supone que con la elocuencia y profundidad que Televisa arma “teams” (Vgr. Trejo Vs Adame, actualizados por “la casa de los babosos”) las audiencias y electorado respondan condicionados. Los contornos y líneas de fractura deben tener bases objetivas (chilangos Vs provincianos, uñamitas, Vs quiénes sí estudiaron, expriístas Vs carentes de esa mácula, aunque les sobren otras, militantes Vs tecnócratas, activistas Vs profesionales…) así como debrayes escandalosa y hediondamente peregrinos (Gen X. Vs Mileños, fresas Vs nacos, mórbidos Vs crudiveganos, desarraigados cosmopolitas “yentrificagados” Vs parroquiales originarios agropecuarios, suburbanitas Vs barriobajeros, etc…). No es ninguna paradoja sea desde el exterior que se aplique la presión para que se vayan ordenando en formaciones y deslindando de tal o cual tema/agravio, pues todo lo que pida la administración Trump será concedido. Desde los datos biométricos en la base de datos del INE vía la nueva CURP o sin ella, hasta el permiso para portar armas y se pueda que todos andemos cargando cuete. Para ello tienen un abanico muy grande de recursos. Desde la vulgar amenaza de atacar con drones y personal armado, hasta el soltar a los organismos de derechos humanos para hacer investigaciones puntuales. Para ninguno hay que buscar pretexto. Por un lado, los criminales están en la coalición, por el otro el rastro de sangre es indeleble para quién sabe cómo y qué hacer para seguirlo hasta donde tope.
Es muy temprano para ir haciendo quinielas como han intentado múltiples medios. Por distintas razones se barajan ya “posibles candidatos”. Se entiende las casas encuestadoras deben facturar, como que han de ensayarse los probables escenarios a todos los niveles, pero es aún prematuro. Será la articulación de ausencia de mesura interna con las demandas externas las que definan el terreno, aglutinen a las facciones y precipiten las escisiones dentro de la coalición. Esto no es sólo un imperativo para el 27 o 30. Antes bien, se precisa de una trol-oposición para que se encauce la política del rencor, haciendo viable la vida cotidiana.
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