El lugar común que definió la década del 2015 al presente fue la polarización. Independientemente de su validez, se plateaban situaciones de todo o nada, conmigo o contra mí, juegos de suma cero y “¡a todo chingar!”. Eso supuso la entrada en escena de personajes arrolladoramente impresentables, que podían ser amados u odiados, pero no aceptaban ambivalencias, ambigüedades o tibiezas. En esa caterva entran por supuesto su bajeza autocrática, Vlad “the impaler”, El Trun, Tayyip Erdogan, Viktor Orbán, Rodrigo Duterte, Narendra Modi, Jair Bolsonaro y, ya viéndonos muy condescendientes, hasta el aberrante de Milei. Por supuesto, ninguno surge por generación espontánea, es un improvisado del marketing político y ventas, ni cuantimenos repetible. El desarrollo político de cada cual es tan complejo como sus biografías dentro de las contradictorias formaciones estatales, sociedades nacionales, horizontes civilizatorios e incultura en que los malparieron, malcriaron y malearon para poder hacerse del resentimiento popular en la política del odio. Todos gozan de amplia legitimidad porque, a falta de cualquier otro mérito o a pesar de ellos, la mayoría de quienes los apoyan considera que son “auténticos” (como era el Bacacho de La Galarza). Tienen en común el haber ido contra un sistema al que hoy denostamos como globalista, cosmopolita, desarraigado y enamorado por la credencialización y amaneramiento de sus gestores. Al afeminamiento, tolerancia y vacío acomodaticio con que saquearon las empresas públicas y atacaron de manera inclemente la idea de nación tendría que venir un componente saturado de grasa viril. El problema ahora es que no hay como mantenerlos recurriendo a esos duelos u oposiciones en que se juega el todo por el todo. No hay qué o a quiénes ponerles enfrente pues. Ni gallos jugados, ni cuantimenos la promesa de los movimientos de reconocimiento, visibilidad, o representación vía cuatas (de las dos) en cuotas. No dan pa’tanto y de hecho son casi nada fuera de universidades, medios y oenegés (ya desfondadas).
De ahí que una de las características que comienza a delinearse es la mediocridad de las falsas dicotomías. Trun va a evitar perder con Xi, en un asunto de bloques y estructuras productivas, por lo que necesita otro tipo de antagonistas con quienes lucirse. Así sea “besándole el culo” o haciéndoles “beso a Gigio”, pero evitando el desafío mayor. Lo mismo en México. López Obrador ya no es presidente, pero a quien encargó el despacho tampoco convence. De ahí que siga manteniéndose vigente el cadáver político de FeCal y se escenifiquen otra vez las pantomimas y cantaletas del 2006. Poco importa que los bebolines de aquel entonces sean a quienes quieren obligar a votar en la farsa de la elección por el Poder Judicial. No hay cómo persuadirlos, salvo por la mentira que aquella derrota fue fraude electoral, y deban por ende vengar al abuelito cabeza de pañal. A quienes la vivimos, no puede sino darnos asco que ese sea el referente para el presente, pero simplemente no es un asunto nacional. No sólo no hay oposición, el mundo tampoco está dando espacio para ningún refrito de lo acontecido tras “la caída de 2008”. Sí, sabemos que el costo por detener la confrontación de Estados Unidos y Rusia (con o sin OTAN que los europeos valen menos que nada) fueron Siria y Palestina, como que una escaramuza con Irán lo será para poder deslactosar a la entidad sionista.
Ahora, abunda en regodeo por la falsa dicotomía. A través de los canales de información vemos cómo se replica el intento de mantener la polarización sin éxito. La farsa de tour entre Bernie y AOC contra “la oligarquía” es quizás la más abominable. Nadie les puede creer nada a ninguno por su historial de voto en senado y cámara de representantes correspondientemente. No hubo asquerosidad con Biden que no respaldasen votando y sus discursos son la mejor prueba de su condición. Una y todas facilitando a esa oligarquía con la que se han enriquecido como las prostitutas que son. Ir contra MAGA los enfrenta a sectores de clase trabajadora hastiada de tanta mentira y taradez, por eso parecen más una versión parodia de la pornografía en “Old Farts and Young Tarts” (viejos pedorros con guarras jóvenes). No es posible pues separar “dems” (libtards) de MAGA-GOP, sino como dicen en para pirata “partiendo cabellos” (y pelitos) y para eso, ciertamente hay mejores opciones. Idénticamente, la coalición española “de izquierdas” hundida en la corrupción del PSOE, el cretinismo de Podemos y la subnormalidad de SUMAR tiene que asirse del PP y el espantajo del “caudillo” para poder parecer algo ante el avance de Vox. Los españoles no se volvieron fachos al votar por un atavismo escondido que Morante de la Puebla activó con sus pases mágicos. Antes bien se hartaron de las opciones marcadas por el abuso patrimonialista del presupuesto en la más retrograda de las posiciones: “¡trago y putas!” Ante eso y el descojón de la migración mora y bozal, ¿qué se espera hagan?
El mundo se está reordenando. No en el nacionalismo aislacionista antes de la primera guerra mundial de la administración Wilson en los Estados Unidos, ni en el cuidadoso manejo de las excolonias del tercer mundo durante la posguerra y descolonización. Sí por bloques regionales. Así, China es no sólo el dínamo de Asia del este que ya ha subordinado a Corea del Sur y al Japón sin temor al comunismo productivista. Taiwán les será entregado en bandeja de plata. El sur de Asia tiene en Modi al fascismo hindú capaz de encamarse con quién sea con tal que le dejen aplastar a todo lo que se le oponga internamente, mientras ejecuta la fantasía de venganza sin genocidio contra los musulmanes. Veremos qué tan mal les sale por cómo reaccionen sus vecinos. Europa es irrelevante sin los Estados Unidos y es dable otra partición por áreas de influencia. Usando a la migración como proxy, los ex-Pacto de Varsovia ciertamente repudian el experimento “multiculti” y la “inclusión” atacándola como “depravación”, mientras que los regenteados por la OTAN seguirán en la esquizofrenia de Netflix. Retratando el peligro de “sus incels” mientras las pandillas invasoras tienen un día de campo tras otro con sus hijas. África no se vacía, sino que se reacomoda también bajo áreas delimitadas por el avance chino y gujarati, pateándole el culo a Francia y afrikáans. Levante se ahoga en sangre, pero sólo hay un desenlace posible. En el “nuevo mundo” por su parte se actualizan los mapas beisboleros. Ministerio de colonias (OEA) fuerte ahí donde la marina de guerra estadounidense ha estado bien anclada, con la adición de “los monos”, y su isla “emblemática”, mientras que se consolida un Brasil subordinado al capital chino. Argentina no puede competir ya contra nadie fuera del fucho y Milei es botana tipo Musk o Rowling: otro personaje para que distintas porras canturreen “I love to hate you!”
De ahí que el atroz espectáculo de la presidentA, no emocione ni cale ni en sus audiencias cautivas, maiceadas y ataradadas. Cada jaculatoria nacionalistoide va al anecdotario de falsedades. Sí, se puede vestir con las imágenes guadalupanas que sea, pero sabemos que nunca se rebajaría como sus trabajadoras domésticas o staff a pedir “un milagrito” en manda. Fue a ver al papa como jefe del Estado Vaticano, sabiendo que el difunto la veía cómo la impostura que es. Ante el avance del protestantismo neopentecostal de las sectas estadounidenses, con el descojón ya hecho en Brasil y las republiquetas centroamericanas, es preferible a otro predicador barriobajero. No hay porque poner a prueba nada, los mismos mexicanos ya se están matando por despoblar las regiones para la minería (sin tanto ruido como en la India) como para sumarles el fanatismo. Ya es cosa del papa que viene saber si por ahí comienza el Apocalipshit que será, necesariamente, ¡mediocre!
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