Por Andrés Beltramo Álvarez*
“Quién entra Papa… sale cardenal”. Esa máxima, recordada por todo vaticanista en tiempos de Cónclave, expresa cuán difícil resulta predecir la elección de un Romano Pontífice. Este 2025 no es la excepción. Como no existe un candidato indiscutido para las votaciones de los purpurados que iniciarán este 7 de mayo, la lista de papables es amplia. ¿Qué figura será capaz de obtener el consenso para lograr los 89 votos y convertirse en Papa?
En 2013, el gran favorito para suceder a Benedicto XVI era el arzobispo de Milán, Angelo Scola. Buena parte de los medios italianos lo daban a la cabeza, seguido del arzobispo de Sao Paulo, Odilo Pedro Scherer. La historia terminó con Jorge Mario Bergoglio vestido de blanco.
Esta vez, el más señalado es el italiano Pietro Parolin (70), secretario de Estado durante el pontificado de Francisco. La prensa le ha llegado a asignar un “paquete” de 45 votos. Resulta lógico, no solo por su trayectoria diplomática sino, sobre todo, porque este Cónclave obligará a establecer un consenso entre los espacios en que se divide el Colegio Cardenalicio, según acentos y prioridades.
Así, se pueden identificar tres grandes polos: los “bergoglianos”, aperturistas de diversa índole, con figuras representativas como los cardenales Michael Czerny (78, Canadá), Blase Cupich (76, EU), Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio (75, Perú) y Víctor Manuel Fernández (62, Argentina).
En las antípodas se ubican los cardenales “conservadores”, varios de ellos públicamente críticos al papado de Francisco como Raymond Leo Burke (76, EU), Rober Sarah (79, Guinea) y Gerhard Ludwig Müller (77, Alemania).
El tercero de los espacios está compuesto por una gran variedad de cardenales: desde los moderados hasta los que representan una verdadera incógnita, por provenir de países tanto periféricos cuanto peculiares, de Mongolia a Bangladesh, de Tonga a Papúa Nueva Guinea.
En la fiebre de pre-Cónclave, la mayoría de los medios mezcló en sus listas de papables a “grandes electores” (o kingmakers) con verdaderos papables. En el ámbito de los conservadores fue muy vistoso, casi todos mencionaban a Burke y Sarah cuando sus chances son escasas. Ante la pesada herencia de Francisco, difícilmente los purpurados darían el paso de elegir a un cardenal que criticó de manera abierta al Papa anterior.
De todas maneras, los conservadores parecen decididos a influir en la elección, desde la prensa y físicamente en Roma. Podrían impulsar al arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan (75); y aunque no logre obtener suficientes votos, podría bloquear una figura fuertemente bergogliana y empujar el surgimiento de un moderado.
En esa vereda también destaca Peter Erdö (72, Hungría), arzobispo de Esztergom-Budapest y figura muy reconocida entre los obispos europeos.
Entre los bergoglianos, en gran papable es Matteo Maria Zuppi (69), arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Integrante del movimiento Comunidad de San Egidio cuyo fundador, Andrea Riccardi, días atrás pareció tomar distancia de Francisco pidiendo “recuperar una centralidad de Roma que sea dulce, cómo no ha sido en los últimos tiempos”.
Esto podría ser un guiño para la Iglesia italiana, que llega al Cónclave dividida. Como si Zuppi pudiera convertirse en un Bergoglio, pero sin caos en la Curia Romana.
En ese polo son papables además Jean-Marc Aveline (66, Francia), arzobispo de Marsella unido a Francisco por su preocupación en temas migratorios y Mario Grech (68, Malta), secretario general del Sínodo de los Obispos, propuesto a sus compañeros por el cardenal Jean-Claude Hollerich.
Más allá de los nombres propios, la dinámica de las dos terceras partes de los votos para ser elegido obligará a los grupos a alcanzar consensos. Bergoglianos y conservadores pueden contar con núcleos que van de los 15 a los 30 cardenales, ninguno puede aportar los 89 sufragios necesarios.
Por ello, los analistas incluyen figuras de unidad como el mencionado Parolin; Pierbattista Pizzaballa (60, Italia), franciscano y audaz Patriarca Latino de Jerusalén; Robert Francis Prevost (69, EU), ex superior de los Agustinos, ex obispo de Chiclayo en Perú y actual Prefecto del Dicasterio para los Obispos del Vaticano; o el hispano paraguayo Cristóbal López (72), arzobispo de Rabat.
Como dijo el cardenal Jean-Paul Vesco al Corriere della Sera, los purpurados entrarán con “cinco o seis perfiles” a la Sixtina. Para ellos será fundamental la primera votación, la tarde del miércoles 7. Ahí se conocerá quiénes cosechan más consensos, y si aparece algún “tapado”. Todo con la intervención del Espíritu Santo, y la voluntad de los cardenales de elegir lo mejor para la Iglesia.
Un capítulo final para uno de los papables más mencionados: Luis Antonio Tagle (67, Filipinas), pro prefecto del Dicasterio de la Nueva Evangelización. Con el testimonio de un gran amigo de Jorge Mario Bergoglio: Gustavo Vera, activista argentino contra la trata de personas.
En las últimas horas, su cuenta de Instagram publicó: “Dato, no opinión: 11 de febrero del 2013, segundo piso del Arzobispado (de Buenos Aires), Bergoglio reunido con Gustavo Vera antes de partir al Cónclave y diciendo una y otra vez que no sería elegido Papa, pese a la insistencia de su amigo que decía que sí”.
Casi al final de la reunión, Vera le preguntó: “Y si no fueras vos, ¿quién te gustaría que fuera Papa? Bergoglio respondió sin dudar: Luis Tagle, el obispo de Filipinas”.
* Director General de Promoción y Comunicación Estratégica de UPAEP y ex corresponsal ante la Santa Sede.









