Atender coyunturas o construir el futuro
Por Eduardo Vázquez Rossainz
La seguridad Nacional trasciende a las personas quienes conducen el destino del país, se concibe con objetivos de largo plazo y evita distracción por circunstancias internas inmediatas. Para incidir positivamente en el futuro de la Nación desde las instituciones del Estado, debe atenderse el problema correcto con las soluciones adecuadas en el momento exacto sin importar variables políticas, teniendo claro que el gobierno y su ideología son democráticamente temporales y las instituciones y lo que éstas representan es permanente.
En México el desarrollo teórico y conceptual de Inteligencia para la Seguridad Nacional, como hoy lo conocemos, se formalizó con el inicio del siglo XXI, momento de cambio que ante los puntos de inflexión globales nos obligó como Nación a sentar las bases de lo que debería ser un Estado capaz de enfrentar nuevos retos en momentos de cambio, derivando así en la promulgación de la ley de Seguridad Nacional del año 2005.
Hoy la humanidad padece antagonismos olvidados pero vigentes; pandemias y fenómenos climáticos, Estados-Nación que ven comprometida su permanencia y estabilidad ante potencias militares, surgimiento de nuevas tecnologías y la competencia espacial para colonizar el planeta Marte, o armas de destrucción masiva, y poderosas economías, que representan un reto para todo el mundo.
La inteligencia y contrainteligencia civiles no policiales, son herramientas de gran impacto para una Seguridad Nacional duradera y deben concebirse como poderosos instrumentos. Combatir fenómenos complejos como la delincuencia y sus efectos, es importante, pero identificar, anticipar, comprender y neutralizar, organizaciones terroristas, espionaje internacional, amenazas cibernéticas, inteligencia artificial o fenómenos económicos globales disruptivos, resulta de carácter estratégico para la estabilidad y prosperidad del país.
El enfoque prioritario debe ser la construcción sólida de un modelo que no se pierda en coyunturas de plazo inmediato, tomando en consideración los sectores político, social, económico, militar, de ciencia, tecnología y otros, para el logro de los objetivos Nacionales. Debe construirse una visión a largo plazo para entender y enfrentar escenarios inminentes en los próximos 50 años.
Podría citar un sin número de temas que deberían estar inscritos en la agenda Nacional de riesgos, pero sin duda el principal, es la captura del Estado por la infiltración política y criminal en todas las instituciones civiles, militares, del sector privado incluso de los tres Poderes de la Unión, aprovechando sus debilidades y destruyendo el corazón de la administración pública mexicana, por lo que éste es un asunto de alta prioridad. No solo es tema de estabilidad, se trata de la supervivencia de la democracia y lo que ésta representa.
Los intereses legítimos del Estado públicos y privados estarán siempre en lo doméstico y en el exterior. El arte está, en la capacidad de entendimiento y anticipación al conflicto, tarea constante para lo cual mujeres y hombres de inteligencia desbordan talento enfrentando paradigmas desconocidos.
Para México, proteger al país en pleno siglo XXI, significa enfrentar injerencia, influencia y presencia de actores individuales o colectivos internos o externos que, en su interés, tienen como meta interferir en la vida Nacional para alcanzar objetivos unilaterales utilizando el territorio, instituciones y población.
En consecuencia, una estrategia eficiente de Inteligencia para la Seguridad Nacional, evita limitarse a observar con visión de corto plazo trivial y negligente, coyunturas inmediatas internas. Debe observarse el horizonte esencial de largo plazo, identificando causas en lugar de síntomas y ver bosques en lugar de árboles, en otras palabras “ALTURA DE MIRAS”.
EDUARDO VAZQUEZ ROSSAINZ, ES DOCTOR EN ADMINISTRACIÓN PÚBLICA E IMPARTE LA MATERIA DE SEGURIDAD NACIONAL EN LA UDLAP, SE HA DESEMPEÑADO EN DIVERSAS RESPONSABILIDADES DIRECTIVAS EN LOS TRES NIVELES DE GOBIERNO EN MÉXICO.









