“(Prevost) era el real candidato de Francisco, era el delfín del Papa, fue el último regalo que nos dejó a la Iglesia”. Así describió a León XIV un viejo lobo de la Curia Romana, donde presta servicio desde hace más de 40 años, el prelado argentino Marcelo Sánchez Sorondo, presidente emérito de la Pontificia Academia para las Ciencias.
Cuidado, no por eso el nuevo pontífice va a ser una “fotocopia” del anterior, ni en las formas ni en los modos. Pero esto sí puede explicar cómo se construyó la mayoría que lo condujo al trono de San Pedro.
Jorge Mario Bergoglio vio en Prevost lo que el mundo puede ver ahora: un misionero apasionado, un obispo prudente, un hombre ecuánime y de ideas claras. Aunque lejos estaba de ser su alter ego, encontró en él un colaborador en quien confiar y un pastor digno de ser considerado entre los perfiles para sucederle.
Francisco también apreciaba a otros cardenales, entre ellos al filipino Luis Tagle, como le confesó a su amigo, el activista argentino Gustavo Vera, el 11 de febrero de 2013 en el segundo piso del Arzobispado de Buenos Aires. Pero lo que hizo con Prevost no lo hizo con nadie más.
Mientras todavía era obispo de Chiclayo, padre Robert incrementó sus viajes a Roma. El Papa le encomendó misiones especiales, y él las resolvió con agudeza. Por eso, en 2019 lo integró como miembro a la Congregación para el Clero del Vaticano y en 2020 a la Congregación para los Obispos.
Para mayo de 2022 Bergoglio ya pensaba en su muerte, según reveló el cardenal lituano Rolandas Makrickas. Al mes siguiente redactó su testamento y dio vía libre a la publicación de dos de sus biografías autorizadas.
A partir de ahí todo se aceleró. Seis meses más tarde, el 30 de enero de 2023, Prevost asumió uno de los puestos clave de la Curia Vaticana: Prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Ni siquiera era prelado superior, por eso el Papa lo elevó a la dignidad de arzobispo ad personam.
En las semanas posteriores aumentó sensiblemente su presencia en los organismos de la Curia, por instancias de Francisco quien lo hizo miembro de los dicasterios para la Evangelización, para la Doctrina de la Fe, para las Iglesias Orientales, para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, para la Cultura y la Educación; y para los Textos Legislativos.
El 30 de septiembre de ese año lo creó cardenal, dándole el rango de diácono, el menor dentro de las órdenes del Colegio Cardenalicio. Pero de manera sorpresiva, apenas 16 meses después y 8 días antes de ser internado de urgencia en el Hospital Gemelli por neumonía (el 6 de febrero de 2025) el Papa, forzando el derecho canónico, integró a Prevost a la orden de los cardenales Obispo, el más alto nivel entre los purpurados.
“Así podía ser decano del Colegio Cardenalicio. Cuando hizo eso, todos dijeron: este es el candidato de Francisco”, señaló Sánchez Sorondo, en declaraciones al canal de TV C5N.
Con ello, el pontífice argentino no solo demostró que era su favorito, sino que puso sobre él la mirada de los demás cardenales, convirtiéndolo en un serio “papable”. Una señal que interpretaron claramente los cardenales del norte y del sur de América. Ellos lo votaron en bloque, y lo llevaron al papado. No solo porque lo indicó Bergoglio, sino porque vieron en él las cualidades del pastor cercano que hoy el mundo admira.
* Director General de Promoción y Comunicación Estratégica de UPAEP y ex corresponsal ante la Santa Sede










