“Quién entra Papa, sale cardenal”. Esa premisa, repetida una y otra vez en los maratónicos programas de televisión internacional antes del más reciente Cónclave, se cumplió nuevamente. Es por ello que, para los observadores, la elección del pontífice León XIV deja las siguientes lecciones.
1) No se puede predecir un Cónclave. De los últimos cuatro, solo uno parecía tener un candidato seguro: aquel del 2005, cuando el decano del Colegio Cardenalicio y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, se convirtió en Benedicto XVI. Su nombre estaba cantado. En 1978, un desconocido y joven purpurado polaco, Karol Wojtyla, emergió ante el bloqueo mutuo de los cardenales Siri y Benelli, ambos italianos.
Para 2013, en la víspera de las votaciones en la Capilla Sixtina, el diario El País de España titulaba: “Las casas de apuestas ven al italiano Ángelo Scola como nuevo Papa. Scherer, Turkson y Bertone también tienen posibilidades”. De Jorge Mario Bergoglio nadie hablaba, pero salió vestido de blanco.
2) El Cónclave mediático italiano existe, y contamina. En este 2025, la prensa de ese país concentraba sus deseos en el favorito y secretario de Estado, Pietro Parolin. De hecho, el periódico Il Fatto Quotidiano publicó que él entraba a la Capilla Sixtina con un “paquete” de hasta 60 votos. Sufragios que no se materializaron.
Tanto creyeron en su propia idea, que incluso después del Cónclave, los periodistas italianos llegaron a escribir que Parolin habría obtenido 49 votos en el tercer escrutinio, mientras Robert Francis Prevost se había quedado en 38. Una versión desmentida por los hechos, como el que reveló el cardenal mexicano Francisco Robles Ortega que, sentado junto al purpurado agustino en el bus de camino a la cuarta votación le dijo: “Asumo que estoy viajando con usted en su último viaje como cardenal”. Es claro que, en el anterior escrutinio, la situación había decantado y Prevost se había quedado cerca de los 89 votos.
La narrativa italiana fue inexacta también con los “papables” Matteo Zuppi y Pierbattista Pizzaballa. Ellos tampoco despuntaron, y eso que la televisión de ese país logró entrar en la casa de la madre de Pizzaballa para grabar en vivo la reacción de sus familiares tras el Habemus Papam.
3) La nacionalidad de los candidatos no es relevante. Así lo afirmó el cardenal arzobispo de Nueva York, Thimoty Dolan. Pesó más el perfil del ex Prior General de los Agustinos, su pasado misionero y su talante moderado, sin importar que se trata del segundo pontífice venido del Continente Americano.
4) Cuando se aplican a la Iglesia católica los criterios de la política civil, se incurre en error. Los cardenales ingresan a la Capilla Sixtina con el mandato de elegir un pastor para toda la cristiandad, y los requisitos del pastor tienen preeminencia sobre los demás. Intereses existen, como también existen distintos acentos y perspectivas, pero entre los cardenales la disciplina es fundamental.
Por eso, Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo, no dudó en afirmar -en entrevista al diario La Stampa de Turín– que es absurdo pensar que un Papa sea elegido “como contrapeso de un líder político”. Esto, para quienes piensan que, por ser estadounidense, es un mensaje al presidente de ese país.
Y con claridad, apuntó: “Su pontificado tiene un alcance más profundo y universal. No pensamos en un dique para Trump. Al final, Trump permanecerá en el cargo cuatro años, León XVI, en teoría, mucho más”.
* Director General de Promoción y Comunicación Estratégica de UPAEP y ex corresponsal ante la Santa Sede










