Por Por Eduardo Vázquez Rossainz
Entre heridos y mutilados invisibles
La violencia tiene tres elementos convergentes; víctima, victimario y sociedad expectante. En regiones violentas de México suceden decenas de acciones que provocan lesiones catastróficas en civiles, criminales, militares y policías. La capacidad médico-quirúrgica para atender heridos graves es mínima; faltan insumos de laboratorios clínicos, auxiliares diagnósticos, bancos de sangre, personal certificado y equipamiento médico quirúrgico para salvar la vida del herido en combate o la rehabilitación del convaleciente; sin importar que sea criminal, civil o autoridad.
Alrededor del mundo, es común caer en el error metodológico de utilizar la disminución de homicidios como parámetro de efectividad en una política de seguridad pública; útil en ambientes controlados donde el Estado hace valer la ley, pero cuando se evalúa un conflicto híbrido interno con grupos criminales que dominan territorio empleando tácticas paramilitares y terroristas, los parámetros cambian; la cifra descendente respecto a homicidios es una trampa estadística que genera falsa percepción de mejora respecto del fenómeno violento.
El Sistema Nacional de Seguridad Pública utiliza registros ministeriales estatales y se limita a fallecidos confirmados por necropsia con acta de defunción certificada, no cuantifica con metodología epidemiológica, personas desaparecidas ni civiles lesionados o incapacitados con secuelas provocadas por artificios de guerra.
Cuando se identifica disminución estadística de fallecidos en escenarios de conflicto armado interno como en ciudades y comunidades de Sinaloa, Michoacán, Guanajuato, Tamaulipas o Jalisco; debe considerarse hasta demostrar lo contrario, que ésta se debe a la supremacía de una organización criminal sobre otras, lo que temporalmente genera menos “necesidad de matar”. Si un grupo criminal domina un territorio, la “pax narca” es un espejismo temporal, pero la violencia volverá.
Bajo estándares internacionales, la medicina táctica se realiza en condiciones extremas con pocos recursos materiales y humanos, su enfoque primario es la estabilización del lesionado y su tratamiento médico-quirúrgico avanzado para control de daños por lesiones en tórax y abdomen, hemorragias masivas, amputaciones o fracturas y deterioro neurológico traumático; requiriéndose también capacidad para rehabilitar al herido mutilado.
Existen al menos cuatro capacidades para que el Sector Salud pueda enfrentar la violencia armada actual; primero, el paramédico de campo controla colapso respiratorio o hemorragias masivas y clasifica pacientes por prioridad de atención en eventos con múltiples lesionados; además es responsable de estabilizar y trasladar al herido para su atención hospitalaria especializada; segundo, salas de urgencias con médicos y enfermeras entrenados y equipados para identificar y controlar lesiones que pongan en riesgo inmediato la vida, en tercer lugar, quirófanos con cirujanos y anestesiólogos capaces de realizar procedimientos avanzados para resolver lesiones fatales, dolorosas e infectadas, por último, unidades de internamiento y cuidados intensivos.
La estrategia de Seguridad Pública en México, requiere de una vinculación transversal con el sector salud, simbiosis necesaria en territorios dominados por grupos delictivos de alto impacto, debe considerarse la protección a hospitales, médicos, paramédicos y enfermeras, además de custodiar vías de comunicación para traslado terrestre de pacientes, aseguramiento de una cadena logística para abastecer hospitales, centros de salud o ambulancias, y facilitar la evacuación aeromédica con helicópteros.
El fenómeno violento actual escala exponencialmente a niveles críticos, su duración es indeterminada y superará los tiempos políticos vigentes. El entrenamiento de personal médico, paramédico, policial o militar bajo estándares internacionales, es factor clave para la sobrevida de lesionados por armamento de guerra.
Para responder a la demanda de servicios médico-quirúrgicos en zonas de confrontación armada del país; la descentralización y autonomía administrativa del Sector Salud en el orden estatal no es cuestión política, es un asunto de supervivencia.
EDUARDO VAZQUEZ ROSSAINZ, ES MÉDICO CIRUJANO Y DOCTOR EN ADMINISTRACIÓN PÚBLICA; ESPECIALIZADO EN INTELIGENCIA Y CONTRATERRORISO, ES PROFESOR EN LA UDLAP DONDE IMPARTE LA MATERIA DE SEGURIDAD NACIONAL EN UN CONTEXTO GLOBAL.









