Los baches en Puebla no son novedad. Se calcula que existen más de 230 mil agujeros, cráteres y cavernas en las calles, un problema que, con la llegada de las lluvias, se ha hecho aún más evidente. Hace un par de días, el Ayuntamiento informó que se han tapado 50 mil baches y que estos trabajos tendrán una garantía de 18 meses. Sin embargo, durante su evento de los primeros 100 días de gobierno, el presidente municipal, Pepe Chedraui, lanzó una promesa ambiciosa: en 2025 se taparían todos los baches de la ciudad.
Desde el punto de vista de comunicación, este tipo de anuncios deben manejarse con precisión. En campañas políticas o en la gestión pública, es común “poner las canicas” en proyectos creíbles, acotados, que permitan mostrar resultados tangibles. Al prometererradicar completamente un problema de esta magnitud —y de naturaleza recurrente— se construye un marco de expectativas que difícilmente podrá cumplirse.
Las calles de Puebla son antiguas, con capas de asfalto fatigadas, infraestructura subterránea en malas condiciones, y un ciclo de lluvias que agrava el deterioro. El mantenimiento de vialidades exige una estrategia mixta: bacheo, reencarpetamiento y construcción de nuevas calles con concreto hidráulico. Este enfoque podría haberse comunicado como un plan integral, mostrando realismo y liderazgo técnico. Sin embargo, al optar por un mensaje absoluto, la narrativa quedó expuesta, en un estado de fragilidad.
El problema no es sólo técnico, es de percepción. Hoy los ciudadanos —sin importar clase social— circulan en alerta máxima, temiendo daños a sus vehículos. Y cuando la percepción pública se vuelve emocional (enojo, frustración), la narrativa política se vuelve frágil. En este contexto, el reciente anuncio del Gobierno del Estado de que también intervendrá para atender los baches con el “Bachetón por Amor a Puebla”es un claro movimiento preventivo. ¿Se está adelantando el Gobernador Alejandro Armenta a un posible fracaso de la estrategia municipal?.
Por su parte, que el alcalde atribuya el 30% de los baches a daños causados por Agua de Puebla es un intento de acotar responsabilidades, pero también revela que el costo político del problema ya está en la mesa. Si el discurso inicial fue de control total, cada desviación o matiz se leerá como un retroceso. No solo el tiempo juega en contra de esta estrategia, el clima representa un problema más que hay que salvar.
El juego juego de los códigos de comunicación es una guerra, la narrativa importa tanto como el resultado. Vincular ambiciones políticas futuras a un proyecto con alta probabilidad de insatisfacción ciudadana es una jugada arriesgada. A veces, menos es más. Gestionar expectativas es, en sí mismo, una dificil y compleja gestión. Como dice Javier Sánchez Galicia, comunicar el gobierno es un arte.










