La contrainteligencia es una función clave para proteger la seguridad nacional frente a amenazas como espionaje, subversión, sabotaje o terrorismo. Se enfoca en detectar y neutralizar esfuerzos de actores externos o internos que comprometen la seguridad del Estado y de sus socios estratégicos.
La reciente declaración del presidente de Colombia aceptando la exportación de militares contratados como mercenarios para incorporarse a las filas de grupos delictivos en México, o la existencia de agentes rusos, chinos y cubanos utilizando identidades mexicanas para infiltración de instancias públicas y privadas de todo el mundo, son ejemplos que muestran la necesidad de construir capacidades en la materia.
Por años, el servicio de inteligencia cubano ha diseñado y ejecutado complejas y exitosas operaciones infiltrando gobiernos con agentes bajo la cobertura de personal de salud, promotores culturales o asesores políticos para brindar servicios por supuesta experiencia técnica en diferentes rubros, esto le ha permitido operaciones clandestinas seguras ya que para los organismos de inteligencia de los países resulta casi imposible validar identidades e identificar a los espías desplegados en su territorio.
Con estas acciones, utilizan diversas técnicas incluyendo la “nostalgia revolucionaria” como estrategia para reclutamiento de fuentes de información, acceso e influencia en personas de interés de los sectores gobierno, social, militar o político, proporcionando a la dictadura información privilegiada para cabildeo que garantice financiamiento e influencia con beneficios de largo plazo, como ha sido en países del Medio Oriente, África y el hemisferio occidental.
Respecto de los servicios de inteligencia rusos y chinos, éstos tienen capacidad e intención para infiltrar países, utilizan las diásporas y abusan de su relación con otros gobiernos para vincularse socialmente y tener influencia política, también simulan familias con agentes ilegales que construyen identidades falsas con el objetivo de obtener pasaportes que les permitan movilizarse alrededor del mundo. Entre otras actividades, persiguen y neutralizan disidentes o buscan tener acceso a información y tecnología restringida.
El espionaje, ha evolucionado en todos los sentidos, es una guerra silenciosa que vulnera instancias de seguridad nacional, los sistemas financieros, la infraestructura estratégica e instituciones militares y civiles, también el espacio cibernético y la inteligencia artificial con algoritmos maliciosos son utilizados contra gobiernos y personas, nadie se salva.
Las agencias de inteligencia conducen operaciones para incidir en decisiones estratégicas, vulnerar telecomunicaciones, robar secretos del gobierno e industria o investigaciones académicas, también realizan operaciones de influencia en líderes de opinión para la construcción de narrativas y propaganda. La cooptación para reclutamiento de informantes y la inserción de agentes, se dan aprovechando debilidades institucionales y personales.
Las operaciones de espionaje internacional son clandestinas e implacables, las realizan en secreto espías convertidos en ciudadanos comunes. México no ha sido inmune a ello.
EDUARDO VAZQUEZ ROSSAINZ, ES MÉDICO CIRUJANO Y DOCTOR EN ADMINISTRACIÓN PÚBLICA; ESPECIALIZADO EN INTELIGENCIA Y CONTRATERRORISMO, ES PROFESOR EN LA UDLAP DONDE IMPARTE LA MATERIA DE SEGURIDAD NACIONAL EN UN CONTEXTO GLOBAL.










