Las nuevas substancias psicoactivas comercializadas en los mercados cibernético y urbano se han convertido en un fenómeno global con severos impactos a la salud pública. Existe gran diversidad de fórmulas y compuestos químicos y orgánicos que no se someten al control establecido en las convenciones internacionales para su fiscalización, situación que desde México y otros países, impacta en todo el mundo.
La accesibilidad por medio del uso de plataformas digitales ha generado hábitos de consumo y comercialización tan ágiles y eficientes que ninguna agencia u organismo de seguridad ha dimensionado y en consecuencia actuado con la rapidez necesaria para identificar y neutralizar operaciones delictivas internacionales vinculadas con este fenómeno.
Las nuevas substancias psicoactivas, están fuera del sistema internacional de regulación y no están catalogadas en la Convención Única sobre Estupefacientes 1961-1972 de la ONU no obstante que podrían suponer riesgos y amenazas similares a las inscritas en dicho instrumento. Para la comunidad internacional, el término “nuevas”, no hace referencia a nuevas fórmulas, se refiere a substancias que recientemente han estado disponibles para consumo descontrolado.
La delincuencia organizada en México, ha identificado en el mercado de estas substancias un negocio viable para su producción y venta doméstica e internacional; existe un incremento constante en el número de fórmulas químicas comercializándose en territorio nacional y extranjero por grupos delictivos mexicanos, vinculados con crimen trasnacional que exportan recetas y técnicas para síntesis, producción o comercialización de producto.
El Informe Mundial de Drogas 2025, describe que la inestabilidad global ha empoderado a organizaciones criminales provocando mayor capacidad para tener acceso a nuevos precursores químicos. Actualmente se superan los registros históricos más altos de toxicomanías en personas jóvenes, teniendo como consecuencia el aumento del consumo sin distinción de sexo o estrato social.
La venta en línea aprovechando plataformas de redes sociales, se ha convertido en el medio principal para la distribución con menor riesgo operativo y mayor potencial de venta, esta modalidad de narcomenudeo digital permite clandestinidad, poca trazabilidad y alta disponibilidad de un catálogo diverso de substancias con varias vías de administración para su consumo, tal es el caso de vapeadores, inhaladores, tabletas de absorción sublingual, parches cutáneos, etc.
El reto en México es la identificación de todas las substancias que se comercializan; existe una limitada capacidad técnica para identificar con claridad el tipo de consumo en la población adicta, los laboratorios portátiles empleados por cuerpos policiales y militares, no detectan todas las fórmulas químicas disponibles en el mercado debido a la obsolescencia de las bibliotecas digitales en los aparatos tácticos empleados con este fin (espectrómetros), además la búsqueda intencional por pruebas en laboratorio forense en casos de fallecimiento es prácticamente nula y de realizarse, la posibilidad de obtener resultados falsos negativos es casi del 100%.
La producción de nuevas substancias y su comercialización prácticamente sin control, además de la convergencia narcótica con Fentanilos y drogas duras como cocaína, metanfetaminas y cannabinoides sintéticos, plantea un riesgo crítico de salud pública además de ser un ejemplo más de la diversificación delictiva de grupos criminales que han capturado al Estado Mexicano.
EDUARDO VAZQUEZ ROSSAINZ, ES MÉDICO CIRUJANO Y DOCTOR EN ADMINISTRACIÓN PÚBLICA; ESPECIALIZADO EN INTELIGENCIA Y CONTRATERRORISMO, ES PROFESOR EN LA UDLAP DONDE IMPARTE LA MATERIA DE SEGURIDAD NACIONAL EN UN CONTEXTO GLOBAL.










