Sor María de Cristo Santos Morales comparte la historia y riqueza cultural de los chiles en Nogada en Puebla.
Entrevistada en el claustro de la orden de Santa Catalina de Siena y Señora Santa Ana, explica la riqueza culinaria de Puebla que se entiende por los huertos de una veintena de monasterios de Puebla.
Cronista de la Federación, coordinadora del Consejo de Formación permanente de la Federación e integrante del Instituto de Investigaciones Históricas de la Provincia de Santiago de México, recurre a bibliografía para entender la injerencia de Chiapas y Tehuacán en ingredientes tempranos.

Del convento carmelita de San Ángel, en la Ciudad de México salieron semillas y plantas para ser cultivadas en apartadas regiones de la Nueva España. Para obtener la aclimatación de las peras y perones de la alta California, fue necesario hacer más de setenta plantaciones.
Con 10 conventos, Puebla era la segunda capital del virreinato, sólo superada por la Ciudad de México, con 21.
Destacan monasterios femeninos de Santa Mónica recoletas, perteneciente a la Orden de San Agustín, fundado el 24 de mayo de 1688, creadoras del Chile en Nogada.
Fue toda una novedad -explica- el anuncio de la independencia de México y la publicación de los «tratados de Córdoba», diez años después del inicio de la guerra de independencia.


En toda la fiesta que esto envolvió y regocijó a la ciudad de Puebla, por la llegada del General Agustín de Iturbide a su paso hacia la ciudad de México y su séquito, para homenajearlo el 28 de agosto por la fiesta de San Agustín, hace su aparición un platillo que se vuelve un ícono nacional, hoy galardonado como Patrimonio Cultural intangible del Estado.
Como nuestros monasterios fueron fundados para mujeres españolas, criollas, mestizas, negras y muy tardíamente indígenas…. no podemos ignorar que en esta riqueza de etnias, culturas y costumbres, nace un mestizaje, especial para dar origen a nuestra patria.

Que al ser una convivencia pacífica y grata dio como resultado platillos especiales con transformaciones inesperadas, integrando: olores, sabores, frutos y sazones diferentes. Los monasterios fueron los grandes laboratorios culinarios, como las huertas de los frailes lugares donde se prepararon las adaptaciones para el cultivo.










