El año 2024, registró al menos 2´600 acciones violentas documentadas contra burócratas en el mundo destacando México, Myanmar, India, Nigeria y Filipinas como los países más peligrosos para funcionarios públicos con el 45% de incidentes a nivel global. Del total de eventos, 680 fueron en América Latina, ocupando México, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú los primeros lugares.
Con este contexto como antecedente, las lecciones aprendidas en los procesos electorales del año 2024 con más de 3.7 billones de personas votando en varios países, el mundo experimentó a un gran costo en billones de dólares y múltiples víctimas, la mayor contienda electoral en la que funcionarios de gobierno y candidatos por igual, estuvieron en riesgo extremo de sufrir acciones violentas fatales en su contra. Al menos 1´426 ataques sucedieron en 45 países; entre los 10 más violentos del mundo, seis tuvieron elecciones siendo México, Nigeria, India, Bangladesh y Brasil los más peligrosos por número de víctimas, cantidad de organizaciones criminales en disputa e influencia criminal.
En México, la violencia más común contra candidatos y funcionarios de gobierno es el ataque directo con el 44% de casos, seguido de lesiones en disturbios, ataques a la propiedad privada, secuestro, homicidio doloso y desaparición forzada. La delincuencia organizada ha encontrado en sus manifestaciones violentas, una estrategia eficaz para incidir en los resultados electorales ya sea por disuasión para la emisión del voto, o la coacción para el desistimiento de candidaturas, y en casos extremos la neutralización de proyectos políticos adversos a sus intereses confirmándose su intención de incidir en los resultados electorales para mantener control territorial de recursos, actividades ilícitas e influencia política.
La violencia dirigida contra quien ostenta cargos públicos es una amenaza para la democracia. Los ataques, amenazas y asesinatos de candidatos, funcionarios administrativos, policías, fiscales y militares, genera incertidumbre, temor y desconfianza, el impacto se traduce en inestabilidad social o ausencia de Estado de derecho que se convierte en un riesgo a la estabilidad del país.
En México, la infiltración delictiva en la vida política nacional se ha convertido en una constante y trasciende a los partidos políticos convirtiéndose en variable importante para los resultados electorales afectando las relaciones del país con la comunidad internacional por pérdida de credibilidad y confianza en las instituciones mexicanas.
Existen actores políticos con señalamientos por vínculos delictivos que habrían contendido en el proceso electoral presidencial del 2024 afortunadamente sin éxito. Como lo hemos analizado en esta columna, de ser real esta afirmación y al no corregirse esta convergencia delictivo-política, es cuestión de tiempo para que el crimen ocupe espacios en los más altos niveles de los tres órdenes de gobierno.
La pérdida de vidas por acciones violentas para cualquier sociedad es un asunto grave que desmoraliza y genera incertidumbre, pero la muerte de mujeres y hombres de seguridad e inteligencia o militares en servicio es una pérdida para el Estado Mexicano, en cada muerte de estos funcionarios públicos, el país pierde experiencia y talento irremplazable.
Las condiciones de trabajo de quienes construyen la seguridad del país, por naturaleza son adversas y de riesgo extremo, por eso ellas y ellos deben contar con un servicio de carrera que permita permanencia y desarrollo personal y profesional con las mejores prestaciones y sueldos de la administración pública.
El año electoral 2027 se aproxima, el crimen organizado estará manifestándose en forma de candidatos, operadores políticos o patrocinadores de campaña, estamos en el momento exacto para construir la estrategia que proteja este patrimonio común de los mexicanos; nuestra democracia.
EDUARDO VAZQUEZ ROSSAINZ, ES MÉDICO CIRUJANO Y DOCTOR EN ADMINISTRACIÓN PÚBLICA; ESPECIALIZADO EN INTELIGENCIA Y CONTRATERRORISMO, ES PROFESOR EN LA UDLAP DONDE IMPARTE LA MATERIA DE SEGURIDAD NACIONAL EN UN CONTEXTO GLOBAL.










