Esta semana, el Juez de Distrito en los Estados Unidos, Amit P. Mehta emitió su veredicto sobre las medidas correctivas, o «remedios,» en el histórico caso antimonopolio del Departamento de Justicia (DOJ) de ese país en contra de Google LLC. Este fallo se produce tras la sentencia de agosto de 2024, en la que el tribunal concluyó que Google había mantenido ilegalmente un monopolio en los mercados de servicios de búsqueda general y publicidad de texto de búsqueda, en violación de la Sección 2 de la Ley Sherman.
La sentencia de esta semana prioriza la proporcionalidad y se adhiere a la arraigada tradición jurídica estadounidense de preferir los remedios de conducta sobre la ruptura estructural.
Los remedios conductuales alteran la forma en que una empresa dominante opera, imponiendo obligaciones de hacer o no hacer, como prohibir cláusulas de exclusividad o compartir datos con competidores. Por el contrario, los remedios estructurales buscan reconfigurar la estructura misma de la empresa, a menudo a través de la desinversión, venta o escisión de activos.
En este caso, el remedio conductual más notable es la prohibición de los acuerdos de exclusividad. Google tiene prohibido entrar o mantener contratos exclusivos relacionados con la distribución de Google Search, Chrome, Google Assistant y la aplicación Gemini. Además, el juez ordenó a Google compartir parte de su índice de búsqueda y datos de interacción del usuario con sus competidores, y ofrecerles servicios de sindicación de anuncios de búsqueda.
La sentencia del Juez Mehta resulta de una evaluación pragmática que subraya la dificultad de aplicar la ley antimonopolio a gigantes tecnológicos con ecosistemas interconectados, y de un intento por restaurar la competencia efectiva, pues ahora Google deberá compartir parte de su índice de búsqueda y datos de interacción del usuario con sus competidores, con el fin de ayudarlos a mejorar sus propios resultados y competir de manera más efectiva.
El fallo traza una nueva pauta para el futuro del derecho antimonopolio en EE. UU. en la era de la IA: el enfoque será el de una regulación ex post cautelosa, que corrija la conducta y evite la reestructuración radical, dejando a las fuerzas del mercado —ahora teóricamente más libres— a determinar el resultado final.
Para nosotros, los usuarios, la inmediatez del impacto aparentemente será casi nula. No se vislumbra un cambio drástico en la forma en que interactuamos con el navegador. La verdadera prueba de fuego será entonces la implementación. ¿Serán los datos compartidos realmente útiles? ¿Abrirán los fabricantes y operadores un espacio real a las alternativas?










