Siempre he tenido mis reservas con el tema del Nearshoring, me parecía que México presentaba varias red flags para los inversionistas y empresas que estaban decidiendo donde aterrizar a partir del cambio de paradigma que representó la pandemia para el mundo.
Aun al principio de todo esto, cuando el factor Donald Trump sólo era una nube de tormenta en el horizonte. Siempre pensé que países como la India, Vietnam, Brasil, Polonia, Hungría, por citar algunos, tenían oportunidades semejantes, pero que sus propios contextos les permitirían aprovechar mejor la oportunidad que esta estrategia global de reubicación de la producción presentaba.
Afortunadamente, como en tantas ocasiones, estaba yo muy equivocado. Y es que a pesar de las red flags, los mexicanos siempre podemos contar con la vieja confiable: nuestra ubicación geográfica.
México, sin duda, se sacó la lotería geográfica, nuestra ubicación en el mapa no sólo nos permite cultivar excelente café y producir vinos riquísimos; es una herramienta estratégica que ha modelado nuestra economía e historia. Desde el centro del comercio de la plata en el mundo colonial hasta el motor de la industria manufacturera de Norteamérica, su ubicación ha sido una constante que ha ofrecido oportunidades y ha impulsado su desarrollo.
Y para el Nearshoring la ubicación geográfica es el cimiento sobre el cual se construyen las ventajas económicas. La cercanía a EE. UU., combinada con una logística eficiente, la sincronización horaria y un marco de libre comercio, crea una oportunidad única para que México se posicione como el principal socio comercial de Estados Unidos y un centro de producción global.
Así que, a pesar de todo, México fue el país que más se benefició con el Nearshoring. Es cierto que es una afirmación optimista y tiene asegunes, ya que el Nearshoring está reconfigurando cadenas de suministro globales y beneficiando de manera diferenciada a varios países. Pero qué caray, para una vez que México sale hasta arriba de la lista en algo positivo, no seré yo el que le escatime medallas.
Una vez más, se confirma lo dicho por mi querido Gerardo Aranda Orozco, “México es tan grande que por más que le hacemos no nos lo acabamos”, así que a pesar de todo lo que hicimos mal, volvimos a quedar bien. Pero no echemos las campanas al vuelo, a final de cuentas las red flags se convirtieron en factores que frenaron el aprovechamiento, básicamente por 3 temas específicos: Inseguridad y crimen organizado, déficit en infraestructura y energía y la creciente debilidad institucional.
Si bien es cierto que México no perdió del todo la oportunidad — de hecho, somos el país que más inversión ha recibido por Nearshoring en América —, pero hemos captado mucho menos de lo que nuestra posición privilegiada nos permitiría. En otras palabras, sí ganamos, pero pudimos haber ganado mucho más si los factores internos no hubieran limitado el atractivo.
¿Cuánto más? Pues según cálculos conservadores; con unas cuantas mejoras institucionales y energéticas factibles (no utópicas), México pudo haber elevado la Inversión Extranjera Directa anual 2024 entre 10mil y 30mil millones de dólares, y creado entre 9mil y 26mil empleos manufactureros adicionales ese mismo año, más lo que se hubiera acumulado en los próximos 2 a 3 años. Una lanotota que no vimos llegar y que nos está haciendo hartísima falta.
Pero este no es el fin de la historia, aunque personalmente pienso que el tren del Nearshoring ya salió de la estación, muy probablemente pueda volver a equivocarme, ojalá y en grande. Porque de acuerdo con varios amigos que le entienden mucho mejor que yo, aún estamos a tiempo. Ya que el fenómeno no es de corto plazo, el proceso de relocalización de cadenas globales de suministro puede durar de 10 a 15 años, y ellos mismos consideran que la tensión política y social si bien le resta velocidad, no elimina por completo la oportunidad.
Y no olvidemos que el Nearshoring no depende solo de políticas públicas, sino también de la iniciativa privada y la capacidad regional para organizar ecosistemas productivos. Empresas globales ya se están instalando en Nuevo León, Coahuila, Jalisco, Querétaro, Guanajuato… y Puebla tiene todo para alcanzar a subirse a ese tren si genera articulación local. Propongo ir trabajando en estos 5 puntos:
- Infraestructura y logística local: aprovechar la ubicación de Puebla (cercanía a CDMX, Veracruz y corredor del Bajío). Facilitar transporte, almacenaje y servicios aduanales.
- Ecosistemas de proveeduría: grandes empresas buscarán proveedores nacionales. Hay que articular clústeres (automotriz, textil, agroindustrial, TICs) con cadenas globales.
- Educación y capacitación: alinear universidades y centros tecnológicos con las necesidades del Nearshoring (inglés, certificaciones, habilidades técnicas).
- Simplificación y formalización: mientras más ágiles sean las MiPyMEs para cumplir estándares de calidad, fiscales y laborales, más atractivo será incorporarlas.
- Apuesta verde y digital: muchos compradores globales exigen sustentabilidad, trazabilidad digital y reducción de huella de carbono. Quien se adapte, entra.
Y no olvidemos que las MiPyMEs, también podrían tener asignado un vagón, siempre y cuando:
- Entiendan que nadie puede solo, pero las alianzas deben ser estratégicas: con cámaras empresariales, universidades y gobiernos locales que les permitan acceder a programas de capacitación, financiamiento e internacionalización
- Sin olvidar agruparse en redes o clústeres, ya que solas difícilmente alcanzarán estándares de escala o certificación.
- Busquen encadenamiento productivo, integrándose como proveedores de segundo o tercer nivel de grandes empresas instaladas en México.
- Y no olviden, especializarse. Enfóquense en nichos donde puedan destacar (componentes textiles técnicos, agroindustria de valor agregado, plásticos, autopartes específicas, servicios digitales).
México ya se benefició del Nearshoring, pero el verdadero reto es no conformarse. Tenemos la geografía, el talento y la industria, pero si no fortalecemos instituciones, seguridad e infraestructura, el tren terminará por dejarnos, no olvidemos que este tipo de cambios no suceden de un día para otro, requieren de años. Aún estamos a tiempo, depende de si elegimos ser los que saludan desde el andén o nos subimos para convertirnos en los conductores del futuro.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM










