La cerillera La Central con 141 años, que sumó hace 85 años a los palillos Pingüino y las Chaparritas del Naranjo, ahora suma otro “clásico” con la naranjada Bonafina, aunado a que prepara inversiones para una planta en Huejotzingo, Puebla.
El titular del Comité Comercial de Compañía Cerillera La Central, Enrique Barroso Ríos, destacó que el Grupo La Central, que data de las épocas de la segunda transformación, aglutina en la actualidad 2 mil empleos, además de que prepara una planta de productos de madera que radicará en el estado, que se sumará a su fábrica de cerillos.
La caja azul de Pingüino tiene una familia que suma abatelenguas, cubiertos de maderas y productos desechables, pues al provenir de bosques sustentables, se pueden reciclar por ser biodegradable.
La empresa suma plantaciones en México, tanto en zonas de Quintana Roo y Yucatán, como en el extranjero.
En Puebla hay una fábrica de cerillos, se producen aquí las Chaparritas y Sangría Señorial, Agua Oasis y recientemente la marca Bonafina, además de que se está haciendo una fábrica para los productos de madera de Pingüino en Huejotzingo, Puebla.
Todas esas marcas forman parte del mercado de la nostalgia, pero también son referente de generaciones, de recuerdos de las marcas y la presencia en el corazón de los mexicanos.
La empresa empezó en Veracruz y en Puebla, con una fábrica de cerillos Clásicos y Flama, con ediciones especiales anuales que ahora suma los “Clásicos de la Fe”, con diversos santos, como cada año se hacen con Día de Muertos, Navidad, arranque de año, pintores mexicanos, entre otros.
Los estudios de mercados muestran que todas las casas tienen al menos una caja de fósforos, es decir, 12 millones de hogares usan cerillos regularmente en México, además de que la empresa tiene presencia en otros cinco países como Estados Unidos y el Caribe, Chile y Panamá; asimismo, se buscan locaciones en otras regiones del mundo.
Foto de Mauricio García
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