En la edición más reciente del Times Literary Supplement (TLS 6388, 19 de septiembre de 2025), el historiador británico Julián Jackson reseña el libro de Richard Vinen, The Last Titans: Churchill and de Gaulle. El ensayo propone una historia paralela de ambos líderes que nos lleva a pensar en las tensiones internacionales que siguen marcando a nuestro mundo.
Churchill y De Gaulle no fueron solo estrategas militares; fueron arquitectos de narrativas jurídicas y políticas. Con la redacción de sus memorias, construyeron legitimidad y moldearon el derecho internacional de posguerra: Churchill en Yalta y Potsdam; De Gaulle en la refundación constitucional de la V República. Jackson subraya que Vinen muestra cómo la pluma —el discurso, la narrativa— fue tan decisiva como las armas.
Pero ambos personajes también vivieron una vida pública de sombras. Churchill, celebrado por la defensa de la democracia, aparece también como figura aferrada a nostalgias imperiales. De Gaulle, padre de una Francia moderna, cargó con silencios sobre Vichy y la memoria colonial. Estas zonas de sombra tienen hoy relevancia: la ambición de territorio y el colonialismo no son un tema cerrado. Flotan pendientes sobre restitución cultural, crímenes de lesa humanidad, reparación histórica y respeto global.
Churchill y De Gaulle fueron aliados indispensables contra el nazismo, pero también se enfrentaron por el mando y la soberanía francesa. Esa tensión refleja dilemas aún vigentes: ¿cómo compatibilizar alianzas militares con la soberanía estatal?, ¿qué límites tienen las grandes potencias para imponer decisiones en coaliciones internacionales? La comparación es útil para entender los debates actuales sobre la OTAN, la UE, y el equilibrio global de poder en pleno siglo XXI.
El análisis de Jackson no es mero ejercicio académico. Nos guía en el análisis de las actuales tensiones geopolíticas globales, para mirar a Churchill y De Gaulle desde una óptica que nos ofrece lecciones:
1) La narrativa política influye en la construcción del andamiaje internacional;
2) El control de la retórica determina legitimidad;
3) La cooperación internacional requiere de memoria crítica y tolerante.
Jackson concluye que Vinen ofrece una obra de “historia aplicada”: no para admirar estatuas de bronce, sino para pensar en cómo las naciones pueden enfrentar sus crisis con lucidez ética y jurídica. En un mundo donde el control de la narrativa sigue siendo herramientas de poder, la lectura comparada de Churchill y De Gaulle invita a la comunidad internacional a no temerle a la memoria incómoda: al contrario, a verla como base de una geopolítica más honesta, democrática y apegada al derecho internacional.
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