Un texto tan reconocido e históricamente relevante como La Odisea no necesita una presentación: usado como base para la creación de la poesía en forma épica y presente en miles de textos literarios a través de géneros y siglos, el poema homérico es considerado el inicio del canon literario en la antigüedad. Compuesto aproximadamente en el siglo VII, La Odisea narra la travesía del héroe, Ulises, y sus intentos de regresar a su tierra natal, Ítaca tras la guerra de Troya. Compuesta en verso en pentámetro yámbico, la obra se lee como un poema narrativo: con abundantes pausas y respiraciones que han hecho concluir a historiadores que este poema fue transmitido oralmente antes de ser transcrito.
Siendo una obra tan esencial para el estudio de la literatura, La Odisea ha sido traducida en miles de maneras: en adaptaciones en prosa, de un idioma a otro, de un estilo extremadamente ornato a versiones para niños ilustradas, y más. Sin embargo, en esta ocasión quiero hablar particularmente de la traducción compuesta por la Doctora en estudios clásicos, Emily Wilson. Durante su carrera, Wilson ha traducido múltiples figuras esenciales para el canon literario, como Seneca y Sófocles. Su traducción de La Odisea, publicada en 2018, atrajo la atención internacional por parte del mundo angloparlante, en especial por su simplificación del lenguaje empleado en traducciones previas del poema.
La traducción de Wilson utiliza lenguaje vernáculo, que busca acercarse a la original simpleza del texto, deshaciéndose de las influencias cristianas, la misoginia y los eufemismos añadidos en ediciones del texto traducidas después de la época victoriana. Un ejemplo de esto es cómo en la traducción de Wilson los “esclavos” son llamados esclavos en lugar de ser “sirvientes” o “ayudantes”. Cuando hay encuentros sexuales entre personajes, estos son descritos como tales. De esta misma manera, uno de los pasajes que más llamó mi atención, fue una descripción de Helena de Troya: en una traducción que leí hace un par de años, un pasaje describe el rostro de Helena como “parecido a un sabueso”, lo cuál, de acuerdo con el análisis histórico presentado por Wilson, es una imprecisión de la traducción del griego antiguo. Por lo tanto, en su versión, Wilson describe el rostro de Helena como “un rostro perseguidor”: manteniendo la connotación de un sabueso, pero sin la alusión misógina.
La importancia de la traducción de Wilson no debe ser subestimada, ya que el poema es presentado como una narrativa continua, con ritmo poético y lenguaje que es comprensible sin tener que ser sencillo, y perder la belleza de uno de los textos más importantes en la historia de la literatura. Esta traducción trae atención a uno de los conflictos más relevantes dentro del mundo de la traducción literaria, el intentar mantener la esencia artística de una pieza, al mismo tiempo que se intenta re-imaginarla con una audiencia contemporánea.










