El espacio es un dominio estratégico, su uso está regulado por el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 que prohíbe la apropiación nacional de cuerpos celestes y la instalación espacial de armas de destrucción masiva, México firmó este tratado el 29 de marzo de 1972. La órbita terrestre cercana, media y geosincrónica alberga miles de satélites que sostienen funciones críticas: telecomunicaciones, navegación, observación terrestre, meteorología, gestión de desastres o coordinación de operaciones militares y civiles; proteger estos activos constituye un pilar de la seguridad nacional del Estado mexicano frente a diversos riesgos.
La infraestructura satelital es invisible, pero crítica. Su degradación afectaría directamente sectores clave como energía, transporte, telecomunicaciones, servicios financieros y sistemas de emergencia. La basura espacial, los fragmentos orbitales, los objetos cercanos a la Tierra (asteroides, cometas, meteoroides) y fenómenos de clima solar representan amenazas concretas que exigen vigilancia, mitigación y protocolos de alertamiento temprano. Cada colisión orbital puede generar cientos de fragmentos, aumentando la probabilidad de impactos con sistemas estratégicos que orbitan alrededor del planeta.
El espacio se ha convertido en un dominio militar. Estados Unidos, ha desarrollado capacidades para desarrollar y proteger satélites críticos, y mantener superioridad tecnológica con sistemas de inteligencia geoespacial. China tiene programas antisatélite y constelaciones de observación terrestre, Rusia, cuenta con sistemas de interferencia electrónica y vigilancia orbital avanzada, demostrándose que el control del espacio exterior es un factor de poder geopolítico indispensable para la defensa e inteligencia estratégica.
México ha avanzado mediante el Sistema Satelital Mexsat, satélites Bicentenario y Morelos, pero de no mantener un programa de inversión constante se corre el riesgo de caer en obsolescencia tecnológica pronto; también existen programas de observación terrestre y nanosatélites universitarios tipo Aztech Sat como el de la Universidad Popular Autónoma del estado de Puebla (UPAEP) y otros. Estos sistemas permiten generar inteligencia geoespacial, supervisar fronteras, evaluar riesgos, coordinar operaciones de seguridad y protección civil o realizar divulgación científica. Las constelaciones privadas, como Starlink, mejoran la conectividad y resiliencia durante emergencias, pero también se advierten riesgos de soberanía digital y ciberseguridad. La caída de objetos espaciales y fragmentos de otros satélites en desuso representa un riesgo directo para el territorio nacional, lo que requiere de sistemas para monitoreo orbital, protocolos de alerta temprana y cooperación internacional.
México participa activamente en la UNCOPUOS —Comisión de las Naciones Unidas para el Uso Pacífico del Espacio Ultraterrestre—, promueve cooperación internacional, gobernanza responsable, mitigación de basura espacial y sostenibilidad de los recursos orbitales. Esta participación consolida la posición de México como actor responsable promoviendo normas de transparencia y medidas de seguridad espacial.
La carrera internacional a Marte introduce un nuevo componente: “las naciones o empresas que logren presencia sostenible en el planeta rojo obtendrán dominio tecnológico y estratégico sin precedentes”. El desarrollo de sistemas de propulsión, infraestructura de soporte vital, robótica y comunicaciones interplanetarias tendrá implicaciones sobre capacidad de disuasión, inteligencia y exploración, consolidando ventaja tecnológica frente a competidores globales. México debe monitorear estas tendencias para anticipar escenarios futuros y evaluar cómo la expansión del dominio humano más allá de la órbita terrestre influirá en la seguridad nacional y global. Integrar el espacio ultraterrestre en la agenda de seguridad nacional implica fomentar capacidades de inteligencia geoespacial, modernización y protección física o cibernética de satélites activos, consolidar sistemas de observación y alerta temprana, además de diplomacia espacial activa.
La participación de personal adscrito a SEDENA, SEMAR, CNI y Guardia Nacional en proyectos espaciales es necesaria, no solo fortalecería la seguridad nacional mexicana, sino que garantizaría que la información obtenida desde el espacio exterior se traduzca en inteligencia estratégica permitiendo a México anticipar amenazas, comprender capacidades extranjeras y proteger su soberanía en un mundo cada vez más competitivo y tecnológico.










