Antes de convertirse en uno de los artistas más influyentes del mundo, alcanzar cifras millonarias en subastas y transformarse en un ícono cultural, Jean-Michel Basquiat (1960-1988) era simplemente «Jean»: un joven que pintaba, hacía grafitis, escribía y recorría el Nueva York transgresor de finales de los años setenta.
Ese Basquiat anterior a la fama es el que recupera Our Friend, Jean, exposición que se inaugura este sábado en The Bishop Gallery, en Brooklyn, el barrio donde nació, y que reúne dibujos, collages y fotografías realizadas entre 1979 y 1980, antes de convertirse en una estrella del arte.
La muestra gira en torno a la colección de Alexis Adler, fotógrafa y científica que compartió apartamento con Basquiat en el East Village de Manhattan, cuando el joven sobrevivía vendiendo postales y chaquetas intervenidas por él mismo. Algunas de esas postales fueron enviadas a Andy Warhol, quien más tarde se convertiría en su mentor.
Muchas de las piezas exhibidas fueron creadas en aquel apartamento de la calle 12, un espacio que terminó convirtiéndose, casi por accidente, en el primer estudio del artista.
«Ahí fue donde empezó todo», explicó Erwin John, cofundador y director asociado de The Bishop Gallery. Según relató, también fue en ese lugar donde el galerista Diego Cortez descubrió por primera vez el trabajo de Basquiat, un encuentro que impulsaría su carrera.
Las obras de esta etapa muestran a un Basquiat aún distante de los grandes lienzos por los que sería reconocido mundialmente, aunque ya aparecen temas que marcarían su trayectoria, como el racismo, la desigualdad y la identidad negra.
«Se puede ver que tenía algo que decir desde el principio», señaló John, quien destacó que, aunque algunos lo consideraban impulsivo y desordenado, el artista era «extremadamente inteligente» y tenía plena claridad sobre cómo transmitir sus mensajes.
La exposición también muestra un lado más íntimo del artista a través de fotografías tomadas por Adler: imágenes dentro del apartamento, improvisando performances, posando con objetos encontrados en la calle o creando obras sobre papeles adheridos a las paredes.
Según John, desde entonces Basquiat ya proyectaba la ambición y el carisma que terminarían convirtiéndolo en una figura «rebelde y fascinante», además de tener claro su deseo de triunfar.
Estrella de las subastas
Hijo de padre haitiano y madre puertorriqueña, Basquiat falleció por una sobredosis en 1988, a los 27 años. Su legado, afirma John, continúa creciendo entre nuevas generaciones que encuentran en su obra una mezcla única de crítica social, cultura urbana y libertad creativa.
La exposición coincide además con un momento en que el mercado del arte mantiene vivo el interés por el artista. Esta semana, Museum Security (Broadway Meltdown) (1983) se vendió por 52.7 millones de dólares en una subasta de Sotheby’s en Nueva York.
Su obra Untitled (1982) alcanzó 110.5 millones de dólares en 2017, una de las cifras más altas pagadas por una pieza contemporánea.
Sin embargo, la exposición busca alejarse del enfoque comercial para mostrar «la dimensión humana de quien todavía no sabía que terminaría convertido en leyenda».
Según John, se trata de una muestra «sobre sus amigos, sus historias y el ser humano detrás del mito».
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