Durante décadas, el corte de cola y el corte de orejas fueron prácticas aceptadas e incluso consideradas parte del estándar de algunas razas de perros, justificadas muchas veces por razones estéticas, tradiciones o la apariencia que se buscaba dar al animal.
Sin embargo, desde la ciencia del bienestar animal surge una pregunta fundamental: ¿qué beneficio real obtiene el animal con estos procedimientos?
Los cachorros poseen estructuras nerviosas funcionales capaces de percibir estímulos dolorosos desde etapas tempranas de su desarrollo. Por ello, cuando se realiza una amputación de la cola o una cirugía para modificar las orejas, se lesionan tejidos, vasos sanguíneos, músculos y terminaciones nerviosas. Se trata, en esencia, de una intervención quirúrgica innecesaria en un animal sano que, como cualquier cirugía, implica dolor y un proceso de recuperación.
Pensar que un animal no siente dolor porque no llora o no vocaliza es completamente erróneo.
La forma en que los animales expresan sus emociones y molestias es diferente a la humana. Pueden modificar su conducta, disminuir su actividad o inhibir señales visibles como mecanismo de adaptación y supervivencia. Es aquí donde la Etología, ciencia que estudia el comportamiento animal, aporta una perspectiva indispensable al analizar cómo las características físicas y las experiencias del individuo influyen en su conducta, su comunicación y, por supuesto, en su bienestar.
La cola y las orejas no son únicamente estructuras estéticas; forman parte de un complejo lenguaje corporal. Sus movimientos, posiciones y cambios transmiten información sobre estados emocionales, intenciones y relaciones sociales. A través de estas estructuras, un perro comunica seguridad, miedo, alerta o incomodidad mediante señales corporales que otros animales y las personas aprendemos a interpretar.
Por ello, modificar estas estructuras puede afectar su comunicación natural, generar dificultades en la interacción social y alterar la manera en que el animal expresa su estado emocional.
Actualmente, cada vez más profesionales de la Medicina Veterinaria consideramos que las cirugías estéticas sin una indicación médica deben ser reevaluadas bajo principios éticos y de bienestar animal.
Porque no todo lo que se ha hecho durante años significa que deba seguir haciéndose. El verdadero estándar no debería ser el de una raza, sino el bienestar del animal.










