El debate sobre el tipo de cambio en México ha dado un giro radical. Lo que antes se celebraba como un símbolo de estabilidad, hoy enciende las alarmas en el sector productivo. El llamado superpeso mexicano se encuentra en una encrucijada: ¿refleja una economía sólida o es una bomba de tiempo para la competitividad industrial?
Para entender la apreciación cambiaria, es crucial mirar más allá del entusiasmo superficial. La moneda nacional ha alcanzado niveles históricos frente al dólar estadounidense, pero los motores detrás de este fenómeno no provienen de un aumento en la productividad interna, sino de factores coyunturales y financieros:
- Diferencial de tasas de interés: La política monetaria del Banco de México (Banxico) ha mantenido tasas significativamente altas en comparación con la Reserva Federal de Estados Unidos, atrayendo capitales de corto plazo mediante estrategias de carry trade.
- Flujo histórico de remesas: El ingreso de divisas que roza el 4 por ciento del PIB nacional actúa como un soporte estructural para la moneda.
- Inyección de capital especulativo: Gran parte de la fortaleza depende de inversionistas extranjeros en el mercado de deuda gubernamental, un capital que puede revertirse ante cualquier cambio en la percepción de riesgo global.
Los costos estructurales de una moneda sobrevaluada
Mantener un peso «demasiado fuerte» de manera artificial y prolongada genera distorsiones graves. El impacto más severo lo sufre la manufactura mexicana, un motor clave que representa más del 90 por ciento de las exportaciones del país. Al encarecerse los costos de producción locales medidos en dólares, sectores estratégicos como el automotriz, textil, calzado y agroindustrial pierden terreno frente a competidores de bajo costo como China y Vietnam.
Este fenómeno amenaza con desencadenar una desindustrialización gradual —un efecto similar a la enfermedad holandesa— donde resulta más atractivo importar productos terminados de Asia que producirlos en territorio nacional. Como consecuencia, los estrechos márgenes de las maquiladoras se comprimen, desacelerando la inversión extranjera directa (IED) productiva y empujando el empleo hacia la informalidad.
La paradoja del capital global frente a Banxico
La vulnerabilidad del peso se dimensiona al comparar el contexto financiero global. Las reservas internacionales de Banxico (estimadas en 252 mil millones de dólares) se ven minúsculas frente al poder de los cuatro gestores de activos más grandes del mundo (BlackRock, Vanguard, Fidelity y State Street), quienes administran en conjunto cerca de 39 billones de dólares.
Los Big Four manejan aproximadamente 150 veces las reservas de México. Una mínima reasignación de sus portafolios en Nueva York o Londres tiene el poder de mover el tipo de cambio real efectivo (TCRE) de México con mayor fuerza que cualquier factor interno.
Hacia una política monetaria con visión industrial
La estabilidad de precios es fundamental, pero no debe lograrse a costa del desmantelamiento productivo. Es momento de debatir si el mandato de Banxico debería evolucionar —al igual que el de la Reserva Federal— para incorporar objetivos de crecimiento económico y empleo. El tipo de cambio ya no es solo una variable financiera; es el eje de la estrategia económica e industrial de largo plazo. Para que el nearshoring sea un éxito rotundo, México no necesita un peso artificialmente fuerte, sino una moneda competitiva y consistente con su realidad productiva.
En mi experiencia como empresario y como representante de la Industria Textil me he llegado a cuestionar si los beneficios de un peso fuerte para frenar la inflación compensan el daño actual a nuestras industrias exportadoras. Tú, ¿ qué opinas?
Foto de Nu México
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