El cine contemporáneo de ciencia ficción se ha vuelto, con el paso de los años, cada vez más crudo y cínico; obsesionado con distopías grises y desoladoras. Sin embargo, durante décadas, las películas de Steven Spielberg me enseñaron que mirar al cielo era un acto de esperanza.
Desde “Encuentros cercanos del tercer tipo” hasta “E.T.”, Spielberg convirtió (para muchos de nosotros) la posibilidad de no estar solos en el universo en una metáfora sobre la curiosidad, el miedo y la capacidad humana para maravillarse. Ahora, con la llegada a cartelera de “El día de la revelación” (Disclosure Day), nuestro mítico directo regresa a ese territorio buscando algo mucho más inquietante: ya no pregunta qué hay allá afuera, sino qué haríamos si la verdad hubiera estado siempre frente a nosotros, aunque el resultado en pantalla quizá no sea el que muchos esperábamos.
La trama de esta cinta —que pueden ver en cines— sigue a Daniel, un especialista en ciberseguridad interpretado por Josh O’Connor y Margaret (Emily Blunt), la chica del clima en la televisión local de Kansas, quienes se ven envueltos en una conspiración gubernamental tras descubrir pruebas irrefutables de vida extraterrestre. Ante un llamado que parece casi por destino, juntos emprenderán una carrera contrarreloj para revelar la verdad al mundo antes de que los secretos desaten un conflicto global a gran escala.
La película parte de una premisa muy poderosa: la posibilidad de que el mayor secreto de la humanidad esté a punto de hacerse público. Sin embargo, el verdadero motor del relato no son los extraterrestres ni la ciencia ficción, sino la desconfianza. En una época marcada por teorías de conspiración, desinformación y una creciente crisis de credibilidad hacia las instituciones, Spielberg encuentra un punto de partida sorprendentemente actual. Por supuesto, la revelación resulta menos un espectáculo visual y más un experimento social, dentro y fuera de la pantalla.
A primera vista, la historia se disfraza de un thriller de conspiración corporativa; eso explica por qué, quienes esperaban invasiones espectaculares, podrían salir algo desconcertados —y me incluyo entre ellos—. Visualmente, la cinta conserva el sello inconfundible de Steven Spielberg —para bien y para mal—. Cada encuadre parece sugerir que algo extraordinario se esconde en los paisajes cotidianos que nos muestran, una de las marcas más reconocibles del director. Pero, a pesar de todo ese despliegue que no teníamos en las salas desde clásicos como “Señales”, la trama —para mi gusto— se queda a medio gas de todo lo que su promoción prometía.
Si, “El día de la revelación” apuesta por el suspenso, la investigación y el dilema moral antes que por la acción constante. Esta es una decisión arriesgada en una industria cada vez más acostumbrada a resolver cualquier misterio con explosiones y efectos digitales. Aquí, la tensión pretende nacer de tener las respuestas antes de pensar en las preguntas.
La película ha dividido a la crítica entre los que consideran que su ritmo es pausado y su desarrollo poco innovador; los que celebran una ciencia ficción más reflexiva; y algunos más —como yo—, la vemos como una recalibración óptica de sus trabajos más conocidos, vistos ahora con el lente del humanismo que —aunque encantador— se percibe como una idea incompleta.
El proyecto tuvo un gran fin de semana de apertura en el mes de junio, recaudando más de 92 millones de dólares a nivel mundial y que la convirtió en el mejor debut para una cinta original de su director; pero la recepción ha ido decayendo, especialmente frente a blockbusters veraniegos como “Toy Story 5” (del que les escribí la semana pasada) o “Supergirl”. Aun así, la polarización generada por el filme, es la prueba de que Spielberg sigue dispuesto a asumir riesgos creativos a pesar de su consagrada trayectoria.
Aun que los tropiezos y vicios narrativos, en tiempos donde cada día parece traer una nueva «revelación» —política, científica o tecnológica—, la película recuerda que el conocimiento no siempre libera; a veces también obliga a replantear nuestras certezas. “El día de la revelación” confirma que la sensibilidad humana lucha duro por un importante papel dentro de la conciencia colectiva. Y Steven Spielberg firma una obra humanista que nos recuerda que la empatía es la única herramienta capaz de salvarnos del colapso social.
Angel Sarmiento
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