El torneo terminó para México, no me refiero a los goles de Jude Belligham y Harry Kane, sino que los trece partidos programados ya se jugaron. Quedan días para la final y ya es momento de comenzar a sacar los números reales. No las que se anunciaron antes del evento, sino las que efectivamente dejaron dinero en la economía. La diferencia entre unas y otras contiene varias lecciones importantes para quien hace negocios en el país, o sea, ustedes empresarios y gente trabajadora que ama México.
El contraste entre las tres sedes es revelador. En Guadalajara, el gobierno invirtió alrededor de 2 mil millones de pesos y la derrama real fue de entre 10.5 y 11.5 mil millones, aunque la proyección oficial era de 20 mil millones. La ocupación hotelera promedio se mantuvo entre 60 por ciento y 67 por ciento, por debajo de lo esperado. En Monterrey, la inversión fue significativa, pero tanto la derrama como la ocupación hotelera quedaron por debajo de las proyecciones más optimistas. En CDMX, la derrama real alcanzó 22.678 millones según Canaco, y aunque en zonas como Polanco y el Centro Histórico se alcanzaron picos del 90-100 por ciento en días de partido, el promedio general de la ciudad fue más moderado (70-80 por ciento), lejos de las expectativas cercanas al 100 por ciento que se manejaban antes del torneo. Gasto promedio por persona: 22.500 pesos.
Varios factores influyeron. Primero, el turismo internacional fue muy inferior a las proyecciones oficiales. El gobierno hablaba de hasta 5.5 millones de viajeros, estimaciones más conservadoras como las de Moody’s hablaban de menos de 800 mil visitantes en total para las tres sedes mexicanas, con un componente extranjero mucho más reducido. La afición internacional prefirió, en muchos casos, seguir el torneo desde Estados Unidos y Canadá. En segundo lugar, los altos costos jugaron en contra. Los boletos llegaron a ser hasta tres veces más caros que en ediciones anteriores, y los precios de hospedaje en las sedes también presionaron el gasto. Moody’s estimó que el impacto económico directo por turismo en México rondaría los mil millones de dólares, muy por debajo de algunas proyecciones iniciales.
Un tercer factor fue la percepción de inseguridad y el contexto social. Las protestas de la CNTE en la Ciudad de México durante el torneo afectaron la imagen de la capital para algunos visitantes, según reconoció la propia Concanaco. Además, las restricciones a vendedores informales en las zonas FIFA redujeron parte del consumo que históricamente se da en este tipo de eventos.
Es importante señalar que México organizó solo trece partidos y eso era conocido desde el principio. De igual forma, la mayoría de los pronósticos realistas ya contemplaban una eliminación de la selección en octavos o, en el mejor de los casos, en cuartos de final. Hacer proyecciones económicas basadas en escenarios más optimistas de desempeño deportivo habría sido un error de origen.
El sector gastronómico, que se esperaba como uno de los grandes beneficiados, tuvo un comportamiento mixto y en muchos casos decepcionante:
| Indicador (Canirac) | Resultado |
|---|---|
| Restaurantes que calificaron su desempeño como “menor o mucho menor” que el año anterior | 60% |
| Restaurantes que NO registraron incremento general en ventas | 70% |
| Bares, cantinas y sports bars con promociones activas | + 15 – 30% |
| Restaurantes que NO detectaron presencia de turistas extranjeros | 65% |
| Restaurantes que calificaron el impacto general del Mundial como negativo o muy negativo | 50% |
| Empleos temporales generados en el sector (vs expectativa inicial de ~39 mil) | ~15,000 |
Para el empresario, la lección más práctica es clara: las proyecciones infladas generan decisiones equivocadas. Quien compró inventario, contrató personal o amplió operaciones pensando en cifras mucho más altas probablemente terminó con costos que no pudo recuperar. Quien trabajó con escenarios más conservadores —cruzando datos de Canaco, Coparmex, Canirac y análisis independientes— tuvo mejor capacidad de reacción.
#GABOTIPS — Cinco recomendaciones prácticas
1. Cruza siempre las fuentes para hacer proyecciones. No bases tus proyecciones en un solo número oficial. Compara Canaco, Coparmex, Canirac y análisis como Moody’s, IMEF, etc. La horquilla entre la cifra más alta y la más conservadora suele ser tu margen de seguridad.
2. Separa lo que se puede controlar de lo que no. El número de partidos que toca a México o el desempeño de la selección son variables que no controlas. El gasto de tus clientes nacionales, la eficiencia de tu operación y la calidad de tu oferta sí están en tus manos.
3. Convierte el bono temporal en ventaja estructural. Si tu sector tuvo un repunte durante el Mundial (gastronomía, hotelería, logística, comercio), úsalo para cerrar relaciones de largo plazo, digitalizar procesos o mejorar tu propuesta de valor. El evento ya pasó; la ventaja competitiva puede quedarse.
4. El legado se construye después del evento. La infraestructura ya está construida. La pregunta es cómo se usa para generar actividad económica sostenida. Ese es el verdadero indicador de éxito de cualquier megaevento para las ciudades y para los negocios que operan en ellas. ¿Ya sabes cuál será el próximo evento en tu ciudad de interés?
El Mundial 2026 ya es historia en México. Queda la resaca de las cifras y, sobre todo, la lección de que los eventos masivos generan oportunidades reales, pero casi nunca tan grandes ni tan automáticas como se anuncian. El empresario que entiende esa diferencia —y que planea en consecuencia— es el que termina convirtiendo la resaca en aprendizaje y, eventualmente, en ventaja competitiva.
Gabo Guillermo®
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LinkedIn: Gabo Guillermo Rodríguez
Fuentes: Canaco CDMX, Coparmex CDMX, Concanaco Servytur, Canirac (Encuesta Desempeño de Restaurantes durante el Mundial 2026), Moody’s Local México, IMEF.
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