Hay lugares en Puebla que no necesitan campaña publicitaria, influencer ni estrategia de redes sociales. Son sitios que convocan por sí mismos, de generación en generación, porque llevan décadas ganándose un lugar en la memoria colectiva de esta ciudad.
San Francisco Totimehuacán es uno de esos lugares. Y la Feria de las Carnitas es uno de esos momentos.
Cada año, esta junta auxiliar al sur de la capital se convierte en punto de encuentro de miles de poblanos que llegan por un mismo motivo: comer bien, convivir en familia y reconocer en un plato de carnitas algo que va mucho más allá de la comida. Van por el sabor, sí, pero también por algo que cada vez resulta más difícil encontrar en la vida cotidiana de una ciudad grande: el sentido de comunidad.
Eso es lo que distingue a San Francisco Totimehuacán: una identidad propia construida durante décadas por sus habitantes, por sus cocineras y por sus familias, que aprendieron el oficio de sus madres y abuelas y que hoy lo ejercen con el mismo orgullo con el que se hereda un apellido. La Feria de las Carnitas no es un evento creado desde afuera; es una expresión auténtica de lo que esa comunidad es y de lo que desea compartir con el resto de Puebla.
Y ahí está la palabra clave: compartir.
Ser turista local es un acto de compromiso y amor por nuestra tierra. Cuando decidimos conocer nuestra propia ciudad, cuando elegimos consumir en una feria de una junta auxiliar en lugar de una cadena comercial, cuando nos trasladamos para descubrir lo que tenemos cerca, hacemos algo que importa: elegimos a los nuestros.
Fortalecemos economías locales, reconocemos oficios que merecen ser valorados y les decimos a las comunidades productoras que lo que hacen tiene importancia, tiene público y tiene futuro.
Puebla es una ciudad extraordinaria. Sin embargo, muchas veces la observamos únicamente desde los lugares que nos resultan familiares. Mientras tanto, hay juntas auxiliares, inspectorías y comunidades que conservan tradiciones, sabores y oficios que no tienen nada que envidiarle a ninguna atracción turística formal. Solo necesitan que las conozcamos. Solo necesitan que lleguemos.
La Feria de las Carnitas en Totimehuacán es una invitación a hacer justamente eso.
Al llegar, encontramos también el resultado de algo que se construye con genuino amor por esta tierra. El gobernador Alejandro Armenta y el presidente municipal Pepe Chedraui han demostrado, cada uno desde su ámbito de responsabilidad, que comunidades como Totimehuacán no son periferia, sino parte fundamental del proyecto de ciudad y de estado que se impulsa.
Las obras comunitarias, la atención a las juntas auxiliares y la inversión en los espacios donde las personas desarrollan su vida cotidiana hablan de gobiernos que entienden que Puebla no es únicamente su Centro Histórico, sino la suma de todas sus comunidades.
Eso se percibe. Y la gente lo sabe.
Pero más allá de los gobiernos, lo que esta feria me recuerda cada año es algo más profundo: que la única manera en que una comunidad avanza es unida. Que los proyectos que permanecen, los oficios que se preservan y las tradiciones que sobreviven al paso del tiempo no lo hacen por decreto ni por presupuesto; lo hacen porque hay personas que decidieron cuidarlos colectivamente.
Eso es comunidad. Y la comunidad no tiene color político.
Aquí no se trata de quién gobierna qué. Se trata de que todos compartimos el mismo espacio, de que todos queremos que Puebla sea mejor, que sus comunidades prosperen, que sus tradiciones permanezcan y que sus familias tengan oportunidades para salir adelante.
Cuando los gobiernos trabajan en equipo y las comunidades responden con organización y orgullo, los resultados llegan. Estoy segura de que así será. Estoy segura de que, caminando juntos, llegaremos a buen puerto.
Desde esta representación, acompañamos con genuino gusto la Feria de las Carnitas de San Francisco Totimehuacán. No como un acto protocolario, sino como lo que realmente es: una celebración de lo que Puebla tiene cuando sus comunidades se organizan, se sienten orgullosas de lo suyo y abren sus puertas para que otros lleguen a conocerlas.
Nos vemos en Totimehuacán.
Foto: Enfoque











