La rectora de la BUAP, doctora Lilia Cedillo Ramírez, quizá motivada por su formación profesional, pero sin duda también por su responsabilidad de impulsar políticas educativas de avanzada, enarbola en la casa de estudios algo que pareciera moda, pero no lo es.
Me refiero al “animalismo”, esta corriente humana que reconoce el valor de la vida animal y que propicia la protección hacia los seres vivos que no hablan pero que sin duda demuestran inteligencia. Para muestra un botón: en cierta biblioteca universitaria se introdujo un perro, por demás manso, afectuoso incluso. Cuando alguien intentó sacarlo, de inmediato hubo objeciones, una tajante: es orden de la doctora Cedillo no lastimar a los animales que se introduzcan en instalaciones universitarias, sino dejarlos y que ellos solos se alejen.
Los estudiantes contribuyeron a este acto, pues incluso le tomaron fotos y se tomaron fotos. Esto quizá sea clave para que el animalito halle un hogar, es decir, que alguien lo adopte, o lo reconozca como suyo por haberse extraviado, pues muchos perros callejeros se salen de sus casas y se pierden, o bien son echados por dueños inhumanos. Algo similar he observado en varias escuelas a las que he acudido a impartir alguna conferencia a los alumnos, padres o maestros. Hay al menos un perro que se coló y dijo “De aquí soy” y se quedó.
Los alumnos los han adoptado como mascotas, además de que, sin duda, cuidan la escuela de los verdaderos depredadores: los ladrones humanos. Parafraseando con sarcasmo a Hamlet, no todo está podrido en Dinamarca. Gracias, y hasta el próximo jueves.
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* Lic. en Letras españolas. Escritor, autor de cerca de 40 libros. Conferencista.









